Madrid se viste de gala una vez más para recibir su cita literaria por excelencia, un evento que ya es parte del ADN de la capital. Desde aquel lejano 1933, la Feria del Libro ha ido creciendo de forma imparable hasta convertirse en un puzle gigante de papel y tinta que, cada primavera, transforma el Paseo de Coches del Retiro en el lugar donde todo el mundo quiere estar. No es solo cuestión de comprar ejemplares, que también, sino de ese ambiente único de charla y paseo bajo los árboles que mola un montón disfrutar cuando el tiempo acompaña.
En esta ocasión, la edición número 85 viene con una propuesta que nos hace falta a todos: el humor. Bajo el lema de la risa como herramienta crítica y refugio, la programación se ha volcado en traer a figuras que nos hacen pensar mientras soltamos una carcajada. Entre el 29 de mayo y el 14 de junio, los madrileños y visitantes tienen una oportunidad de oro para encontrarse cara a cara con sus escritores favoritos en un entorno inmejorable que ya ha dejado atrás la ubicación original del Paseo de Recoletos para asentarse definitivamente en el pulmón verde de la ciudad.
El humor como motor de la lectura crítica
Este año, la feria no solo vende libros, sino que invita a reflexionar a través de la ironía y la sátira. La FLMadrid26 cuenta con un cartel que quita el hipo, incluyendo a Jonathan Coe y David Safier como grandes representantes internacionales de la literatura cómica. La idea es reivindicar la risa no solo como entretenimiento, sino como una forma de entender el mundo actual. Por eso, no faltan nombres como Maitena o Liniers, que traen el humor gráfico a primera línea, ni tampoco figuras patrias de la talla de Ignatius Farray, Marta Sanz o el polifacético Joaquín Reyes.
El cartel oficial de este año es obra de Miguel Pang y refleja precisamente esa alegría. Con una composición coral donde aparecen lectores en posturas imposibles alrededor de un pino, el ilustrador ha querido captar la esencia del slapstick y el movimiento. Es una imagen que busca despertar sonrisas antes incluso de abrir la primera página de un libro. Además, se rinde homenaje a clásicos que nos han hecho reír durante décadas, como la mítica novela La conjura de los necios o el legado de los geniales Les Luthiers.
La oferta cultural va mucho más allá de las paredes de las casetas. Se han organizado pódcasts en directo, charlas sobre el humor en la publicidad y mesas redondas donde se debate si hablamos el mismo idioma según nuestra generación o si el cuñadismo nos une a todos por igual. Espacios como el Pabellón CaixaBank o los encuentros organizados en locales cercanos como el quiosco de VIPS han ampliado el radio de acción de la feria, permitiendo que la conversación literaria salte a las calles con total naturalidad.
Un despliegue logístico de récord en El Retiro
Montar un evento de este calibre es un auténtico rompecabezas. Hablamos de 366 casetas que se alinean a lo largo del Paseo de Fernán Núñez, lo que supone mover kilómetros de estructuras metálicas, persianas y toldos. Unos mil editores están presentes de una forma u otra, ya sea con puesto propio o compartiendo espacio, lo que demuestra la vitalidad de un sector que sigue viendo en esta feria su gran escaparate comercial del año en España.
La logística no es moco de pavo, especialmente en un entorno protegido donde no se puede clavar ni un solo clavo en el suelo. El sistema de montaje se asemeja a un mecano gigante que debe estar listo en tiempo récord. Este año, el reto ha sido todavía mayor al coincidir con otros eventos multitudinarios en la ciudad, como la estancia del Papa León XIV, que llenó Madrid de visitantes antes de poner rumbo a Barcelona, o los conciertos que han puesto a prueba la movilidad de la capital durante estos días de junio.
Para los que planean acercarse en la recta final, lo mejor es tirar de transporte público para evitarse dolores de cabeza. Las paradas de Metro de Ibiza, Retiro o Estación del Arte dejan a un tiro de piedra de los accesos principales. Además, las líneas de Cercanías que llegan a Atocha y Recoletos son una opción estupenda para quienes vienen de fuera del centro. El horario se mantiene estable de 10:30 a 14:00 y de 17:00 a 21:00, con un poquito más de margen los fines de semana para los que prefieren remolonear por la mañana.
Firmas de autores y encuentros con el lector

Lo que realmente mueve a la masa son las firmas. Este año se han programado más de 7.000 sesiones repartidas durante las tres semanas de duración. Es el momento en el que el lector puede soltarle un «me encanta tu libro» a autores de la talla de María Dueñas o Juan Gómez-Jurado. Las colas pueden ser largas, sobre todo en fin de semana, pero el ambiente de camaradería entre los que esperan con su ejemplar bajo el brazo hace que la espera sea mucho más llevadera.
Editoriales como La Esfera de los Libros han traído a pesos pesados como Nieves Concostrina, Lucía Etxebarría o José Ángel Mañas, cubriendo géneros que van desde la historia hasta el thriller más puro. También hay espacio para los más jóvenes con la presencia de Alice Kellen o Gerónimo Stilton, asegurando que ninguna generación se quede sin su ración de literatura. Es, en esencia, una fiesta inclusiva donde conviven sellos independientes, grandes grupos editoriales y organismos oficiales en un mismo paseo.
A falta de pocos días para que las casetas cierren sus persianas hasta el año que viene, las sensaciones son muy positivas. La combinación de un clima agradable, una temática que conecta con el público y una organización que funciona como un reloj suizo ha permitido que más de un millón de personas se acerquen a curiosear, debatir y, por supuesto, comprar. No cabe duda de que la Feria del Libro sigue siendo ese lugar de encuentro necesario donde, a pesar de las diferencias, todos compartimos la misma pasión por una buena historia bien contada.


