La escritora argentina Ariana Harwicz, finalista del Booker Internacional y autora de obras como Matate, amor o TrilogÃa de la pasión, ha sido apartada de la programación del Festival Internacional de Arte, Literatura y Humanidades Cultur-Alh, que se celebra esta semana en Granada. La organización justificó la medida por las presiones de grupos propalestinos y la imposibilidad de garantizar su seguridad, pero la autora lo denuncia como una cesión al terror y una discriminación por su condición judÃa.
El caso ha generado un intenso debate en el mundo cultural español y europeo, con reacciones encontradas. Mientras la Universidad de Granada, organizadora del evento, se ha desmarcado públicamente de la decisión, la Embajada de Argentina en España ha pedido un desagravio para la escritora. El escritor irlandés John Banville anunció su retirada del festival en solidaridad, y más de 350 autores han firmado un manifiesto de apoyo a Harwicz, subrayando que oponerse a su exclusión no implica compartir sus opiniones.
Una decisión que sacude el mundo cultural

La escritora tenÃa previsto mantener una conversación con el escritor Jesús Ortega bajo el tÃtulo «Oponerse al mundo», una charla que iba a celebrarse en un espacio público de la ciudad andaluza. Según relató la propia Harwicz en sus redes sociales, la dirección del festival le comunicó que no podÃa garantizar su seguridad ante posibles protestas. «Me desprogramaron a último momento. Cedieron a la presión de militantes. Cedieron al terror», escribió, visiblemente afectada.
La autora, que reside en Francia, aseguró que estaba dispuesta a viajar a Granada incluso a pesar de las manifestaciones. «Yo querÃa ir igual aunque hicieran una manifestación, dijeron que serÃa peligroso», explicó. Esta actitud contrasta con la postura de las coordinadoras del certamen, Patricia Escalona y Ana Gallego, quienes alegaron que «el compromiso estudiantil con la causa palestina cuenta con un amplio respaldo» en la ciudad y que sus posicionamientos sobre Israel, Gaza y el boicot cultural eran «difÃcilmente conciliables» con los acuerdos institucionales de la universidad.
Harwicz ha rechazado de forma tajante la versión oficial. «No me desprogramaron por mis ideas, eso es el eufemismo actual y es falso. Me desprograman por judÃa para convertirme en paria», denunció. Además, ha insistido en que nunca hizo declaraciones de odio y que su participación era estrictamente literaria. «Yo iba a hablar de literatura», afirmó. Esta no es la primera vez que la autora sufre un episodio similar; en la pasada Feria del Libro de Madrid, la escritora británica Sheena Patel se negó a compartir mesa con ella, obligándola a buscar un acto alternativo.
La Universidad de Granada se desmarca

La Universidad de Granada, que figura como organizadora oficial del Cultur-Alh, emitió un comunicado este sábado en el que deja claro que la decisión «no fue adoptada, aprobada ni respaldada» por su equipo de gobierno. La institución pública defiende que «una universidad pública debe ser un espacio abierto al pensamiento crÃtico, al contraste de ideas y a la expresión de posiciones plurales», incluso cuando resultan controvertidas. Sin embargo, este pronunciamiento no ha servido para revertir la exclusión de la escritora.
El respaldo institucional ha llegado desde varios frentes. La Embajada de Argentina en España mostró su repudio a la «exclusión arbitraria» y solicitó a la Universidad de Granada que «arbitre los mecanismos necesarios que desagravien a la autora». También la Federación de Comunidades JudÃas de España (FCJE) expresó su «absoluta condena» y pidió explicaciones públicas. Mientras tanto, el Ayuntamiento de Granada, gobernado por el Partido Popular, se ha limitado a decir que «no tiene nada que decir sobre este asunto», un silencio que ha sido criticado por diversas voces.
En el plano literario, la reacción no se ha hecho esperar. El escritor John Banville anunció su retirada del festival, y un grupo de más de 350 autores, entre los que se cuentan numerosos nombres internacionales, ha firmado un manifiesto en apoyo a Harwicz. En el documento se subraya que «nadie debe ser apartado de la vida cultural por sostener una posición controvertida» y se insta a la dirección del festival a explicar de manera transparente su decisión y ofrecer una reparación pública.
El precedente del Festival de las Ideas de Madrid

La polémica de Granada no es un caso aislado. Esta misma semana, el Festival de las Ideas de Madrid vivió una situación similar cuando una treintena de participantes amenazaron con abandonar el evento si la aseguradora Allianz, acusada de financiar al Gobierno de Israel, seguÃa como patrocinadora. Finalmente, la empresa alemana retiró su apoyo y el festival perdió una aportación de 150.000 euros. Este precedente ha llevado a muchos a hablar de una «cultura de la cancelación» que se está extendiendo por España, donde la presión polÃtica condiciona la programación cultural.
La escritora ha comparado su situación con la de otros artistas judÃos y ha denunciado que existe un patrón global de acoso. «El acoso a determinados artistas, sobre todo judÃos, es global», afirmó en una entrevista. Según su diagnóstico, la cultura está siendo cooptada por «mecanismos de acoso y extorsión» que silencian las voces disidentes. En este sentido, ha criticado que algunos autores hayan pedido su exclusión, algo que considera especialmente doloroso: «Es muy doloroso ver cómo toda la cultura está cooptada, no me imaginé que las propias autoras pidieran que me fuera».
El festival Cultur-Alh, que se celebra del 21 al 27 de septiembre, reúne a más de sesenta figuras internacionales de la literatura, el arte y el pensamiento. Con la salida de Harwicz y la retirada de Banville, la organización ha evitado pronunciarse más allá de los comunicados oficiales. La escritora, por su parte, ha dejado claro que no piensa quedarse callada y que seguirá denunciando lo que considera una injusticia. «Será un Festival sin disidencia. Qué pena por los estudiantes», sentenció.
A medida que pasan los dÃas, el caso se ha convertido en un sÃmbolo de la tensión entre libertad de expresión y activismo polÃtico en el ámbito cultural. Las reacciones, tanto de apoyo como de rechazo, evidencian que la literatura y el pensamiento crÃtico no pueden desligarse de las corrientes sociales y polÃticas que atraviesan nuestra época. Lo ocurrido en Granada plantea un interrogante de calado: hasta qué punto las instituciones culturales deben ceder ante las presiones y en qué momento la defensa de los derechos humanos se convierte en censura encubierta. La respuesta, en cualquier caso, deberÃa pasar por el diálogo y el respeto a la pluralidad, valores que se invocan pero que en la práctica parecen quedar en segundo plano cuando hay causas de por medio.