
La Casa Borges-Estévanez, una de las casonas históricas más singulares de Tenerife, encara una nueva etapa tras la decisión del Cabildo insular de destinarla a un proyecto cultural con clara vocación literaria. El inmueble, de titularidad pública, se perfila como futura Casa Museo de Escritores y Centro de Creación Literaria, con espacio para otras disciplinas artísticas.
Este cambio de rumbo llega después de años de reivindicaciones del sector literario canario, que veía en la finca un lugar idóneo para albergar un centro estable dedicado a la palabra escrita. Instituciones, escritores y agentes culturales ven en la casona la oportunidad de cubrir un vacío histórico en la isla: contar con un gran referente para la literatura, al nivel de otros equipamientos culturales insulares.
Un acuerdo político para priorizar la literatura
En el Pleno del Cabildo de Tenerife se aprobó, mediante moción, que la Casa Borges-Estévanez se dedique prioritariamente a la literatura, configurándola como Casa Museo de Escritores y Centro de Creación de Literatura en la isla. El compromiso institucional pasa por situar la actividad literaria en el centro, sin renunciar a la relación con otras artes ni al pensamiento crítico.
El texto acordado, fruto de una enmienda a la totalidad impulsada por Coalición Canaria y Partido Popular y respaldada con 18 votos a favor y 9 abstenciones, amplía el enfoque inicial: reconoce un uso preferente literario, pero abre la puerta a un modelo multidisciplinar en el que puedan convivir la literatura, las artes visuales y, en particular, la fotografía vinculada al Centro de Fotografía Isla de Tenerife.
Desde el área de Cultura se subraya que la casa funcionará como espacio cultural íntegramente público, abierto a la ciudadanía y a los colectivos del entorno. La moción institucional de 2023 ya fijaba que el inmueble se destinara a usos culturales, con especial énfasis en las actividades literarias y artísticas y con la participación de asociaciones vecinales y agentes culturales de toda la isla.
La consejera socialista María Candelaria de León defendió en el debate que la literatura insular necesita por fin un espacio digno y estable que permita organizar programación continuada, preservar archivo y mostrar su legado, del mismo modo que la música y las artes plásticas cuentan con el Auditorio de Tenerife o el Tenerife Espacio de las Artes (TEA) como referentes.
Por su parte, el consejero de Cultura, José Carlos Acha, incidió en que la casa posee un valor que trasciende lo literario, al concentrar dimensiones históricas, políticas, periodísticas y artísticas. Acha defendió un planteamiento que refleje la diversidad cultural del Cabildo, con un edificio abierto a distintas disciplinas pero con reconocimiento explícito de su papel como futuro centro literario de referencia.
Plan estratégico y uso multidisciplinar del inmueble
El Cabildo ha anunciado la elaboración de un plan estratégico específico para la Casa Borges-Estévanez, en el que se definirán las normas de organización y funcionamiento del futuro centro. Este documento deberá concretar cómo se articula la preeminencia literaria con los usos expositivos, formativos y de creación ligados a otras artes.
Dicho plan prevé habilitar espacios expositivos permanentes y temporales, salas polivalentes para talleres, conferencias, presentaciones de libros, mesas redondas y actividades relacionadas con la imagen. El objetivo es que el inmueble se convierta en un polo cultural vivo, capaz de acoger desde encuentros literarios hasta proyectos vinculados a la fotografía contemporánea.
La hoja de ruta incluye la creación de bibliotecas y salas de lectura, ámbitos de investigación y consulta, y áreas de uso flexible para proyectos de creación literaria, jornadas profesionales o residencias de autores. Todo ello orientado a fomentar el pensamiento crítico y artístico y a situar la literatura de Tenerife y Canarias en diálogo con otras realidades.
Entre las propuestas debatidas figura también la puesta en marcha de una unidad artística dedicada a la literatura, análoga a las que funcionan para las artes plásticas en el TEA o para las escénicas en el Auditorio. Esta unidad se encargaría de diseñar líneas de programación, gestionar fondos documentales y coordinar acciones educativas y de mediación con centros escolares y universidades.
El plan estratégico deberá abordar igualmente la participación del Centro de Fotografía Isla de Tenerife, cuya actividad se integraría en la casa sin desplazar el protagonismo literario. Desde Cultura se plantea un uso «híbrido» donde puedan coexistir ciclos de fotografía y programación literaria estable, algo que mantiene abierto el debate con parte del sector.
Presión del sector literario y la iniciativa de Trasdemar
El impulso definitivo al proyecto no puede entenderse sin el papel de la revista Trasdemar de Literaturas Insulares, que ha aglutinado el descontento de escritores, críticos, editores y otros profesionales ante la falta de un gran centro específico para la literatura en Tenerife. A través de un manifiesto y una campaña de firmas, reclamaron que la casa se destinara de forma clara a casa museo de escritores y centro de creación literaria.
La iniciativa ha conseguido más de 200 adhesiones de figuras y entidades de peso en la cultura canaria: Premios Canarias de Literatura y de Bellas Artes, poetas, narradores, dramaturgos, ensayistas, artistas visuales, investigadores, gestores culturales y editores, entre otros. El mensaje central es que el inmueble debe estar alineado con su simbolismo literario e histórico, y no convertirse en un mero anexo fotográfico.
Desde Trasdemar se critica que, en un primer momento, se planteara principalmente la vinculación del espacio al Centro de Fotografía Isla de Tenerife, dejando en un segundo plano la literatura. A partir del diálogo con el Cabildo, se fue perfilando la posibilidad de incluir actividades literarias, pero el sector considera que el peso de la escritura debe quedar inequívocamente garantizado.
El escritor canario Samir Delgado, coordinador de la revista, ha destacado el carácter simbólico de la casona como corazón literario para la isla y ha advertido del riesgo de desaprovechar una oportunidad histórica para dotar a Tenerife de su primera casa museo de escritores, al estilo de lo que ya existe en otras islas como Gran Canaria con las casas de Tomás Morales o Benito Pérez Galdós.
Delgado también ha llamado la atención sobre la precariedad estructural del sector literario en la isla, con presupuestos muy limitados para revistas y libros dentro del conjunto de la inversión cultural, la desaparición de premios literarios del Cabildo y la ausencia de políticas sólidas de conservación de casas de escritores como Agustín Espinosa o Isaac de Vega. A su juicio, la Casa Borges-Estévanez podría ayudar a corregir parte de ese desequilibrio.
Un inmueble histórico de alto valor patrimonial
La Casa Borges-Estévanez, situada en el término municipal de La Laguna, en el pago de Santa María de Gracia, es una casona rural y hacienda acomodada que ocupa unos 500 metros cuadrados construidos y se acompaña de una finca de alrededor de 12.000 metros cuadrados. Su configuración arquitectónica responde al modelo tradicional de la isla, con una planta en forma de U y un patio empedrado abierto hacia el sur.
El edificio cuenta con una planta alta dotada de galerías cerradas con pequeñas ventanas acristaladas, mientras que en la fachada este se conserva un balcón cerrado en la planta superior. Uno de los elementos más singulares es el gran aljibe abovedado con brocal cuadrado, testimonio de los sistemas tradicionales de recogida de agua. La finca se completa con dependencias anexas como las antiguas cuadras y el estudio del artista Francisco Borges Salas.
La casa fue construida entre 1733 y 1735 por la familia Meade, de ascendencia irlandesa. Entre sus miembros destaca José Murphy y Meade, figura política clave en el proceso que llevó a que Santa Cruz de Tenerife asumiera la capitalidad de la provincia de Canarias en 1822, tras la creación de la provincia en 1821. El inmueble, por tanto, está estrechamente ligado también a la historia política del Archipiélago.
Ya en época contemporánea, el inmueble se asocia al artista tinerfeño Francisco Borges Salas, que vivió y trabajó en la casona. Su obra está presente en espacios emblemáticos como el Parque García Sanabria, donde su escultura de La Fecundidad preside la fuente central como símbolo de vínculo entre arte y naturaleza. Borges Salas publicó dibujos en revistas culturales como La Esfera y Blanco y Negro, participó en la Bienal de Venecia de 1935 y fue reconocido como Medalla de Oro de Canarias en 1993 e Hijo Predilecto de Santa Cruz de Tenerife.
Además de su dimensión artística y política, la casona ha sido identificada como uno de los epicentros históricos de la poesía romántica lagunera, lugar de escritura y encuentro para los hermanos Estévanez Murphy: Nicolás, Patricio y Diego. Esta confluencia de biografías y trayectorias literarias refuerza la idoneidad del inmueble como sede de un museo de escritores y centro de creación literaria.
Los Estévanez y el peso literario de la casona
La familia Estévanez ocupa un lugar destacado en la historia cultural y política de Canarias. En la Casa Borges-Estévanez vivieron y escribieron Nicolás Estévanez (1838-1914), ministro de la Primera República; Patricio Estévanez (1850-1926), intelectual y periodista; y Diego Estévanez (1842-1866), todos ellos vinculados a la llamada Escuela de La Laguna y a la eclosión del Romanticismo literario en la ciudad.
La figura más conocida es quizá Nicolás Estévanez, autor del poema Canarias, en el que la evocación de un almendro de la finca inspiró el primer verso del actual Himno de Canarias. Este vínculo entre el paisaje de la casona y símbolos identitarios del Archipiélago ha sido uno de los argumentos más repetidos por quienes reivindican un uso plenamente literario del inmueble.
El legado de Patricio Estévanez también resulta fundamental: fue un impulsor del periodismo moderno en Tenerife y figura clave en la configuración de la opinión pública en su época. Documentos y manuscritos relacionados con su obra se conservan hoy en el Centro de Documentación de Canarias y América, lo que refuerza la conexión entre la casona y los fondos documentales de la isla.
Este peso histórico ha llevado a considerar la Casona Estévanez-Borges como un símbolo de la modernidad cultural tinerfeña. De ahí que buena parte de la comunidad literaria defienda que el proyecto museístico y de creación que se ponga en marcha debe girar en torno a esa tradición, sin rebajarla a un simple apartado en un centro dedicado a otras disciplinas.
Según los impulsores de la iniciativa, el futuro museo de escritores podría articular recorridos dedicados tanto a los Estévanez como a otras figuras de la literatura insular, con exposiciones sobre revistas, corrientes literarias y movimientos culturales que han marcado la historia de Tenerife y de Canarias en su conjunto.
De casa abandonada a Bien de Interés Cultural y centro de futuro
El actual proceso de redefinición de la Casa Borges-Estévanez tiene su origen en 2007, cuando el Cabildo de Tenerife adquirió la propiedad a los herederos de Francisco Borges Salas por unos 900.000 euros. Desde entonces, la corporación insular ha ido encadenando intervenciones y proyectos para rescatar el inmueble y ponerlo en valor.
En 2010 se firmó un convenio de rehabilitación entre el Ministerio de Fomento y el Cabildo, que supuso una inversión conjunta para la restauración de cubiertas y consolidación de muros: el Estado aportó 562.500 euros y la corporación tinerfeña 187.500 euros. A partir de ahí se puso en marcha un proceso de restauración en varias fases, con una inversión acumulada que ronda los 1,7 millones de euros.
El edificio fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC) el 22 de mayo de 2014, con la categoría de Monumento y, en otras formulaciones, como Sitio Histórico unido a la finca donde se levanta. Pese a este reconocimiento y al esfuerzo económico realizado, la casa permaneció durante años sin uso efectivo por parte del Cabildo, cerrada y expuesta a actos vandálicos y deterioro.
En el actual mandato, la corporación insular ha reactivado el proyecto, apostando por un destino cultural en el que la preeminencia literaria sea clara. Se ha adjudicado ya un contrato de redacción de proyecto y dirección facultativa a la empresa Oficina de Proyectos de Arquitectura Álvarez Muñoz, SLPU, por algo más de 46.000 euros, y se trabaja en la elaboración de los pliegos administrativos y técnicos para la ejecución de las obras.
El presupuesto previsto para esta fase de rehabilitación asciende a algo más de 1,2 millones de euros, lo que debe permitir culminar la adecuación integral del inmueble para su apertura al público. La intención manifestada por el Cabildo es que, una vez concluida la obra, la casa se incorpore plenamente a la red insular de equipamientos culturales, con un calendario de actividades propio y coordinación con otras instituciones.
Participación del sector y retos de gestión
Paralelamente a las decisiones técnicas y presupuestarias, se ha abierto un debate sobre el modelo de gestión y participación del futuro centro. El Grupo Socialista propuso, entre otros puntos, la creación de una comisión de seguimiento con representación del sector literario para elaborar el plan estratégico y garantizar que la literatura ocupe el lugar central previsto.
El consejero de Cultura, sin embargo, ha mostrado reservas ante la idea de una comisión externa que «vigile» la gestión, defendiendo que los expertos en literatura y en cultura deben integrarse en la propia estructura de trabajo del Cabildo y colaborar en el diseño del plan, pero sin órganos adicionales que puedan solaparse con las competencias institucionales.
Entre las propuestas del sector figuran líneas de actuación orientadas a la difusión de la tradición literaria de Tenerife, el impulso de publicaciones y ediciones, la organización de encuentros y congresos especializados y la creación de exposiciones temáticas sobre escritores, revistas y movimientos literarios. Muchas de estas ideas apuntan también a reforzar el acceso educativo al patrimonio literario, desde la educación obligatoria hasta la universidad.
La reivindicación de una mayor inversión en literatura atraviesa todo el debate. Voces como la de Samir Delgado recuerdan que la partida destinada a revistas y libros es mínima en comparación con el presupuesto global de cultura del Cabildo, y que han desaparecido premios, becas y programas de apoyo que eran claves para dinamizar el sector y dar visibilidad a nuevas voces.
Con este contexto, la Casa Borges-Estévanez se percibe no solo como un futuro edificio emblemático, sino como la oportunidad de poner en marcha un cambio de rumbo en las políticas literarias de la isla, otorgando a la palabra escrita un espacio físico y simbólico equiparable al que ya tienen la música, las artes escénicas o las plásticas.
La transformación de la Casa Borges-Estévanez en Casa Museo de Escritores y Centro de Creación Literaria representa, para Tenerife y para el conjunto de Canarias, un punto de inflexión en la forma de entender la literatura como parte esencial de la vida cultural. Un inmueble de gran valor histórico y patrimonial, vinculado a figuras clave como los Estévanez y Borges Salas, se prepara para abrir sus puertas como espacio de memoria, creación y encuentro, en un proyecto que combina la protección del legado con la aspiración de situar la literatura canaria en el centro de la escena cultural contemporánea.