La Antártica empieza aquí, de Benjamín Labatut: origen de un escritor radical

  • "La Antártica empieza aquí" recupera los primeros cuentos de Benjamín Labatut, publicados originalmente en 2010.
  • El libro reúne seis relatos donde la realidad se deforma, la cronología se quiebra y la narración abraza la contradicción.
  • Los personajes viven en el delirio y al margen de la norma, desde un futbolista que se hace prostituto hasta enfermos sitiados por la propia mente.
  • La nueva edición de Anagrama consolida el lugar de Labatut en las librerías españolas y se recomienda como lectura para fechas señaladas como Sant Jordi.

Portada del libro La Antártica empieza aquí

El libro de cuentos La Antártica empieza aquí, de Benjamín Labatut, ha vuelto a colocarse en primer plano gracias a su recuperación por parte de Anagrama. No se trata de una novedad absoluta, sino de una obra que permite asomarse a los inicios literarios de un autor que, con el tiempo, se ha convertido en uno de los nombres más comentados del panorama internacional.

Esta recopilación se presenta ahora como una especie de pieza fundacional dentro del universo Labatut, un volumen que permite reconocer, ya en estado embrionario, las obsesiones, la radicalidad y el gusto por el desconcierto que después estallarían en títulos tan celebrados como Un verdor terrible o MANIAC. Para lectores españoles y europeos, supone además la oportunidad de completar el mapa de lectura de un escritor que ha roto fronteras.

Un regreso a los orígenes de Benjamín Labatut

Antes de que su nombre se asociara de forma casi automática con la mezcla de ciencia, historia y ficción extrema de sus libros más conocidos, Labatut ya había experimentado con la forma del relato en estos cuentos publicados originalmente en 2010. La nueva edición de Anagrama devuelve a circulación ese primer gesto creativo con el que el autor empezó a construir su propio laberinto narrativo.

En La Antártica empieza aquí se intuye ya a un escritor «poseído» por sus personajes, empeñado en llevarlos hasta los márgenes de la cordura. No se limita a contar vidas raras o excéntricas: las sitúa en un territorio donde las certezas se desmoronan y donde lo único estable parece ser la tensión constante entre realidad y delirio.

La recuperación de este libro sirve también para confirmar que la trayectoria de Labatut tiene un pasado coherente: sus apuestas formales actuales no son un giro caprichoso, sino la continuación de una búsqueda iniciada hace más de una década, cuando todavía escribía relatos y ya se negaba a acomodarse en fórmulas previsibles.

Leído hoy, el volumen adquiere un interés particular para quienes han descubierto al autor chileno a través de sus libros más recientes. Volver a estos cuentos es, en cierto modo, leer hacia atrás, encontrar las semillas de los temas y gestos que después darían forma a su obra más celebrada.

En el contexto español y europeo, donde Labatut se ha consolidado como una voz de referencia, la reedición de estos textos completa la oferta disponible en librerías y festivales literarios, y facilita que tanto lectores veteranos como nuevos puedan acercarse a su producción con una mirada más amplia.

Los seis cuentos y su laberinto narrativo

El libro está compuesto por seis relatos que funcionan como variaciones sobre un mismo impulso: llevar la narración hasta un punto en el que la lógica cotidiana deja de ser útil. A partir de ahí, empiezan los atajos, las repeticiones, los espejos rotos y las versiones incompatibles de los hechos.

Ya el cuento que da título al volumen, «La Antártica empieza aquí», establece las reglas del juego. Se presenta como la historia de un poeta, Karol Vasek, pero en realidad se despliega como una triple biografía, donde se cruzan también la figura del coronel Pablo Riquelme y la del propio narrador, confuso entre identidades que se solapan. Lo que debería ser una línea argumental clara se convierte en un entramado en el que cada pista abre una duda nueva.

El propio texto enuncia ese programa narrativo: el relato se vuelve voluntariamente impreciso, abunda en lagunas, y no tiene reparos en incurrir en contradicciones abiertas. El tiempo avanza y retrocede de manera caprichosa, dos hechos pueden ocurrir al mismo tiempo sin explicación, un personaje aparece en dos lugares distintos de forma simultánea y, en general, el orden tradicional de causa y efecto se resquebraja.

En ese sentido, la forma del laberinto parece el modelo que guía la construcción del libro. No se trata de facilitar un camino al lector, sino de poner obstáculos en cada giro, de modo que la lectura exija aceptar lo incomprensible como parte esencial del viaje. No hay mapas claros, solo huellas que se cruzan y se borran unas a otras.

Esta actitud entronca con la idea, atribuida al espíritu de autores como Mallarmé, de que en literatura solo importa aquello que no entendemos del todo. Labatut asume esa consigna y la aplica con rigor: no hay complacencia explicativa, ni voluntad de cerrar todos los sentidos posibles de cada relato.

Mutación de lo conocido: enfermedad, cuerpo y mente

Otro de los relatos clave del libro, «La cura de Ana», se inscribe en una tradición de historias de enfermos, pero le da la vuelta al molde clásico. Si en obras como La montaña mágica la enfermedad remitía a dolencias como la tuberculosis, aquí el foco se desplaza hacia una dermatitis de raíz psicosomática que convierte la piel en campo de batalla entre cuerpo y mente.

En este cuento, el cuerpo de Ana refleja de forma literal su estado mental. Las escamas que la cubren parecen brotar de una mente reptiliana, de un cerebro que ya no distingue entre lo fisiológico y lo psicológico. La enfermedad, más que un diagnóstico clínico, se convierte en una metáfora de la dificultad para habitar el propio organismo sin dolor.

El relato avanza hasta que lo conocido empieza a mutar: Ana decide resignificar el uso de su cuerpo de la manera más radical posible, empleando labios, rodillas o párpados con funciones impropias, invirtiendo posiciones y forzando los límites de lo que se entiende como vida normal. Es una manera de rebelarse contra una naturaleza que la ha encerrado en una materia sangrante.

A través de este personaje, Labatut propone una exploración extrema de la identidad física y mental, en la que no hay consuelo fácil ni final tranquilizador. La transformación no se presenta como un proceso armonioso, sino como una lucha continua con un cuerpo que, al tiempo que sostiene la vida, también la sabotea.

El resultado es un cuento que, aun bebiendo de tradiciones literarias europeas, funciona como un artefacto contemporáneo sobre la fragilidad, el sufrimiento y la necesidad de reinterpretar lo que damos por sentado en relación con la salud y la normalidad.

Personajes al borde del abismo

Más allá de Ana o del trío formado por Vasek, Riquelme y el narrador, los otros relatos del libro refuerzan una idea común: los protagonistas de Labatut habitan siempre la zona de frontera. No se sienten cómodos en la medianía ni en la cordura convencional, y sus decisiones los empujan a territorios incómodos.

Uno de los casos más llamativos es el de Constantino Cooper, futbolista golpeado por la violencia de los aficionados que decide dar un giro drástico a su vida y dedicarse a la prostitución. El deporte de masas, con su épica y sus expectativas, se enfrenta aquí a un cambio de rumbo que desmonta cualquier lectura heroica clásica.

También aparecen vidas entrecruzadas como las de Marcos, Paula y Julietta, que permiten a Labatut jugar con distintos puntos de vista y tensar las relaciones entre deseo, culpa y fantasmas personales. El cruce de trayectorias funciona como un espejo roto donde cada personaje ve solo una parte de la imagen.

En otro de los relatos, dos escritores noveles se enfrentan al desafío de escribir, cada uno por su cuenta, la misma historia: la vida de un travesti llamado Deseo Guadalupe Flores, nacido como Juan Manuel Molina. El experimento evidencia hasta qué punto la narración nunca es neutra: incluso partiendo de un mismo material, el resultado son versiones irreconciliables, atravesadas por prejuicios, empatías y cegueras distintas.

Por último, destaca el soliloquio desquiciado de Alfredo, un personaje que, tumbado en la cama, despliega una perorata delirante al estilo de ciertos monólogos de Onetti. Entre sus afirmaciones más extravagantes, sostiene que los griegos nunca existieron y que son un invento colectivo de los romanos, un ejemplo perfecto del tipo de ideas que pueblan el imaginario del libro.

Escribir contra la norma: resistencia y delirio

Conjunto, estos cuentos dibujan una idea muy concreta de lo que significa, para Labatut, dedicarse a escribir. No hay aquí rastros de complacencia ni de voluntad de encajar en moldes de mercado; lo que encontramos es, más bien, una apuesta por violentar las normas narrativas y temáticas, por negarse a pactar con nada ni con nadie.

El libro parece afirmar que ser escritor implica una forma de resistencia: sostener la mirada allí donde otros la apartan, caminar a lo largo del abismo sin garantías y aceptar que el camino pueda resultar infranqueable para cierto tipo de lector. Es una literatura que asume el riesgo de perder a quien busca historias lineales y ordenadas.

Esa resistencia se expresa también en la manera en que Labatut narra el silencio, las lagunas y los huecos. En vez de rellenarlos con explicaciones, los enfatiza y los convierte en el núcleo de la experiencia de lectura. Lo que no se cuenta, lo que se omite o se contradice, acaba pesando tanto como lo explícito.

De fondo late siempre la idea de que hay que entregarse al delirio de la imaginación para alcanzar algo significativo. No se trata de perder el control de forma gratuita, sino de aceptar que la mente, cuando se suelta de los amarres de la lógica cotidiana, puede descubrir formas nuevas de contar y entender el mundo.

Así, La Antártica empieza aquí se vuelve una declaración de principios: el recordatorio de que la literatura puede ser un espacio donde las reglas se discuten, los géneros se mezclan y la cordura se relativiza, sin necesidad de buscar el aplauso fácil ni el confort inmediato del lector.

Presencia en librerías y recomendaciones en España

La reedición de estos cuentos por parte de Anagrama no se produce en el vacío, sino en un momento en el que Benjamín Labatut ya cuenta con una base sólida de lectores en España y en buena parte de Europa. Sus libros más recientes han despertado un interés creciente y han entrado en listas de lo mejor del año en distintos medios.

Dentro de ese contexto, La Antártica empieza aquí empieza a asomar también en listados de recomendaciones, especialmente en fechas señaladas para el mundo del libro, como la diada de Sant Jordi en Cataluña. Algunas selecciones lo incluyen junto a novelas románticas, fantasía, ciencia ficción o ensayo, lo que habla de la diversidad de propuestas que comparte espacio en las mesas de novedades.

En esos listados conviven títulos como El club del olvido de Alice Kellen, Vera, una historia de amor de Juan del Val, Hamnet de Maggie O’Farrell o La chica más lista que conozco de Sara Barquinero con el volumen de cuentos de Labatut. La presencia de este libro entre opciones tan distintas sugiere que se le percibe como una apuesta interesante para lectores que buscan algo menos previsible.

Para quien en España esté pensando en regalar un libro durante Sant Jordi u otras celebraciones, esta recopilación puede funcionar como alternativa a los habituales superventas: no es una lectura cómoda ni pensada para desconectar sin más, pero sí una propuesta distinta que invita a conversar, discutir y releer.

Mirado en conjunto, este volumen de cuentos se consolida como una pieza fundamental para entender el itinerario creativo de Benjamín Labatut, un libro que dialoga con su producción posterior y que, al mismo tiempo, tiene entidad propia como colección de relatos que desafían las normas y juegan con los límites de la realidad, el cuerpo y la mente.

Los libros de la semana
Artículo relacionado:
Los libros de la semana: novedades, rankings y lecturas destacadas

Añadir como fuente preferida en Google