Julián y Miguel Casanova llevan ‘España partida en dos’ al cómic

  • Adaptación al cómic del ensayo sobre la Guerra Civil ‘España partida en dos’ de Julián Casanova, con guion de su hijo Miguel.
  • La novela gráfica busca acercar la historia reciente a públicos jóvenes y al ámbito educativo, manteniendo el rigor académico.
  • El cómic pretende combatir bulos sobre la Guerra Civil y conectar pasado y presente a través de una narrativa accesible.
  • Proyecto impulsado por Planeta Cómic y Crítica, con ilustraciones en blanco y negro de Carles Esquembre.

Julián y Miguel Casanova

La colaboración entre el historiador aragonés Julián Casanova y su hijo Miguel ha dado lugar a un proyecto singular que combina divulgación histórica y narrativa gráfica. A partir del ensayo original sobre la Guerra Civil, ambos han impulsado una nueva obra que reinterpreta aquel libro para que llegue a un público más amplio, especialmente entre los lectores jóvenes.

El punto de partida es el conocido ensayo ‘España partida en dos’, publicado por Crítica, en el que Julián Casanova condensó en apenas unas pocas centenas de páginas los tres años de la contienda. Ahora, esa mirada histórica se transforma en cómic gracias al guion de su hijo Miguel y a la participación activa del propio historiador, con la intención de que la obra se lea tanto en casas como en aulas y centros educativos.

De un ensayo de referencia a una novela gráfica para todos los públicos

El proyecto surge del reto de convertir un ensayo sintético sobre la Guerra Civil en una novela gráfica de 160 páginas, editada por Planeta Cómic junto con la editorial Crítica. Miguel Casanova, guionista zaragozano, ha sido el encargado de adaptar los contenidos, siempre en diálogo con su padre, que ha seguido muy de cerca el desarrollo del cómic para que el resultado conserve el tono y el rigor del libro original.

Julián Casanova ya había afrontado un enorme esfuerzo al resumir tres años de guerra en un texto relativamente breve. La adaptación al cómic ha supuesto, en palabras de Miguel, una “síntesis de la síntesis”: cada línea del ensayo podía convertirse, al pasarlo a viñetas, en varias páginas de historieta. De ahí que una de las grandes dificultades fuera decidir qué episodios y reflexiones debían quedar fuera para que la historia fluyera visualmente sin perder profundidad.

El resultado es un tebeo extenso pero manejable, que combina escenas históricas con momentos más íntimos y reflexivos. La estructura permite seguir la evolución del conflicto mientras se ponen en contexto debates actuales sobre memoria, violencia y democracia, elementos que ya estaban presentes en el enfoque de Julián Casanova pero que aquí se traducen en imágenes y diálogos directos.

La presentación oficial de la obra se ha organizado en el Paraninfo universitario, en el Aula Magna, con un acto abierto al público hasta completar aforo. En ese encuentro, moderado por la cineasta Paula Ortiz, participan Julián y Miguel Casanova junto al ilustrador valenciano Carles Esquembre, lo que subraya el carácter coral y colaborativo del proyecto.

Un cómic para combatir bulos y hablar de memoria histórica

Uno de los propósitos centrales de la adaptación es luchar contra los bulos y la desinformación que circulan sobre la Guerra Civil española, especialmente en redes sociales. Miguel Casanova insiste en que la obra recoge esa vocación aclaratoria que caracteriza desde hace años a los artículos, libros y conferencias de su padre, y que ahora se traslada a un formato visualmente más directo.

La novela gráfica busca recordar episodios y hechos que, según sus autores, parecen desdibujarse en el debate público. Frente a lecturas simplistas que reducen el conflicto a una especie de enfrentamiento entre abuelos o a un suceso en el que “todos perdieron por igual”, el cómic plantea un relato matizado, apoyado en la investigación histórica, pero al mismo tiempo accesible para quienes no se acercan habitualmente a los ensayos académicos.

En este contexto, los Casanova se hacen eco de debates recientes en España, como las discusiones sobre memoria democrática, exhumaciones o el papel de las víctimas de la dictadura. La obra pone de manifiesto que todavía hoy hay controversias sobre cómo narrar el pasado, y que esas discrepancias tienen consecuencias en la forma en que las nuevas generaciones entienden el origen de la democracia actual.

La intención no es solo explicar la Guerra Civil, sino mostrar de qué manera la ausencia de un aprendizaje sólido sobre aquel periodo influye en opiniones y percepciones contemporáneas. Los autores subrayan que la falta de formación rigurosa en colegios e institutos deja un vacío que a menudo se llena con desinformación, tópicos y mensajes extremistas compartidos en redes.

El cómic, por tanto, se plantea como una herramienta de divulgación pero también como una forma de invitar a la reflexión crítica. Quienes lo lean no solo conocerán hechos y cronologías, sino que también se verán interpelados sobre la forma en que nuestra sociedad afronta el pasado traumático y construye su relato colectivo.

Jóvenes, encuestas y la brecha en el conocimiento histórico

En la gestación del proyecto ha pesado el impacto de estudios recientes, como la encuesta del CIS que apuntaba a que alrededor de un 20% de jóvenes entre 18 y 24 años considera que durante la dictadura de Franco se vivía mejor. Para Miguel Casanova, estos datos tienen menos que ver con un auge masivo del fascismo que con una gran dosis de desconocimiento acumulado.

El guionista considera que el verdadero problema es que durante años se ha minusvalorado el estudio de la Guerra Civil y de la dictadura en las aulas, lo que ha generado lagunas difíciles de llenar en la población más joven. En su opinión, cuando no se explica bien qué supuso el golpe de Estado, la represión o la falta de libertades, es más sencillo que prosperen mensajes simplistas o nostálgicos.

Aun así, Miguel destaca que existe un número considerable de jóvenes interesados en saber de dónde viene la España actual y qué acontecimientos marcaron la segunda mitad del siglo XX. Esa curiosidad es, justamente, la que la novela gráfica pretende canalizar, ofreciendo una puerta de entrada más atractiva a la historia reciente que un manual tradicional.

El cómic no pretende sustituir al ensayo original, sino funcionar como un complemento que despierte ganas de seguir leyendo y profundizando. La esperanza de sus creadores es que, tras pasar por sus páginas, muchos lectores den el salto a otros libros de historia, documentales o cursos donde se aborden con más detalle los procesos políticos y sociales de la época.

En paralelo, la obra se concibe también como una herramienta útil para el profesorado de instituto y bachillerato, que a menudo busca materiales más visuales para acompañar las clases. El formato gráfico puede facilitar debates en el aula y ayudar a que estudiantes que no se sienten atraídos por los textos densos se acerquen a estos contenidos con menos prejuicios.

Narrativa en viñetas: del Congreso de los Diputados al 23-F

La novela gráfica opta por una estructura narrativa que conecta pasado y presente a través de un espacio simbólico: el Congreso de los Diputados. La historia arranca en la Cámara Baja, con las trabajadoras de limpieza recogiendo el hemiciclo tras la votación que autorizó la exhumación de Franco del Valle de los Caídos, y concluye también allí, en los instantes del intento de golpe de Estado del 23-F.

En el prólogo, las limpiadoras se mueven entre escaños y papeles mientras se percibe todavía el eco del debate político en torno a la exhumación. Esa escena cotidiana sirve de punto de partida para retroceder en el tiempo y mostrar cómo se llegó a aquel momento, mediante un recorrido histórico que pasa por la República, la guerra, la dictadura y la transición.

El epílogo, por su parte, se sitúa en otra jornada clave: el 23 de febrero de 1981. Desde la mirada de una bedel del Congreso se observan los disparos y el caos generado por los golpistas, mientras se escucha un discurso que reivindica la necesidad de reconocer a las víctimas, abrir fosas comunes y restaurar la dignidad de quienes sufrieron la represión franquista.

Ambos marcos narrativos ponen en primer plano a mujeres que trabajan en el Congreso y que, sin ocupar portadas ni liderar debates, son testigos directas de decisiones históricas. De este modo, la obra incorpora una perspectiva que visibiliza la experiencia femenina en los márgenes de la política institucional, en línea con tendencias recientes de la historiografía y el cómic histórico.

Este juego de tiempos y voces permite que los lectores establezcan puentes entre los acontecimientos de hace décadas y las discusiones actuales sobre memoria democrática, resignificación de espacios y reconocimiento de las víctimas, mostrando que las decisiones de hoy están profundamente enraizadas en aquel conflicto.

El dibujo de Carles Esquembre y la tradición del cómic de memoria histórica

La parte gráfica corre a cargo de Carles Esquembre, ilustrador valenciano que se ha especializado en obras relacionadas con la memoria histórica y la literatura comprometida. Su estilo ya se había podido ver en títulos como la trilogía dedicada a poetas republicanos, en la que abordó las figuras de Miguel Hernández, Federico García Lorca y los hermanos Machado, también dentro del catálogo de Planeta Cómic.

Para esta adaptación de ‘España partida en dos’, Esquembre apuesta por un tratamiento en blanco y negro que refuerza el tono sobrio y reflexivo de la historia. Las luces y sombras contribuyen a recrear la atmósfera de un periodo marcado por la polarización, la violencia y la represión, pero sin caer en el efectismo gratuito o el exceso de dramatismo visual.

La elección del blanco y negro, además, dialoga con otros cómics de memoria histórica que se han consolidado en el mercado europeo, donde el uso limitado del color suele subrayar la distancia temporal y la gravedad de los hechos narrados. En este caso, la paleta restringida ayuda a centrar la atención en la composición de viñetas, gestos y escenarios, evitando distracciones y manteniendo el foco en la narrativa.

El trabajo de Esquembre no se limita a ilustrar hechos, sino que incorpora recursos visuales para marcar cambios de tono, transiciones temporales o momentos de reflexión interior. La alternancia entre planos generales, escenas multitudinarias y primeros planos de personajes anónimos permite que la historia se perciba tanto en su dimensión colectiva como en el impacto sobre vidas concretas.

Con este nuevo título, el dibujante amplía una trayectoria en la que se ha dedicado a reinterpretar, desde la novela gráfica, tanto episodios históricos como la obra de autores fundamentales de la cultura española, consolidando un vínculo entre cómic, memoria y literatura que conecta con las inquietudes de lectores en España y en otros países europeos interesados en estos formatos.

La trayectoria de Miguel y Julián Casanova más allá del cómic

La participación de Miguel Casanova en este proyecto se apoya en su experiencia como guionista y profesor de guion, con trabajos previos en cortometrajes, largometrajes y series de televisión. Ha intervenido en el desarrollo de películas como ‘Mientras dure la guerra’, de Alejandro Amenábar, y ‘La hija’, de Manuel Martín Cuenca, así como en series como ‘El día de mañana’, de Mariano Barroso, o ‘La Fortuna’, también dirigida por Amenábar.

Este bagaje audiovisual influye en la manera en que está concebido el cómic, con una clara sensibilidad cinematográfica en la puesta en escena, el ritmo de las secuencias y la construcción de diálogos. No es casual que Miguel haya confesado su deseo de ver algún día el ensayo de su padre convertido en película, aunque reconoce que una producción de ese tipo sería mucho más costosa que una novela gráfica.

Por su parte, Julián Casanova, originario de Valdealgorfa (Teruel), se ha consolidado como uno de los historiadores más reconocidos en el estudio de la Guerra Civil, la Segunda República y la dictadura franquista. Además de su labor académica, ha destacado por su voluntad de divulgación en prensa, radio, televisión y redes sociales, con intervenciones frecuentes en medios españoles y europeos.

Su presencia pública constante, sumada a una amplia producción bibliográfica, explica que a menudo se hable de él como un autor “siempre de actualidad”. Entre otros reconocimientos, este año está previsto que reciba uno de los premios Búho, que valoran la contribución a la cultura y la difusión del conocimiento. Este tipo de galardones refuerza su papel como puente entre la investigación histórica y la sociedad.

La conjunción de ambas trayectorias, la del historiador y la del guionista con experiencia audiovisual, convierte a esta adaptación en un punto de encuentro entre precisión académica y lenguaje narrativo contemporáneo, uniendo generaciones y disciplinas para acercar la Guerra Civil a lectores que quizá nunca habrían abierto un ensayo especializado.

En conjunto, el cómic inspirado en ‘España partida en dos’ se presenta como una propuesta que combina rigor histórico, intención pedagógica y un formato atractivo, con la implicación directa de Julián y Miguel Casanova y el trazo de Carles Esquembre, para ofrecer a lectores de España y Europa una mirada clara, crítica y accesible sobre un pasado que sigue marcando la vida política y social del presente.

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