José Agustín Blanco Redondo gana el Premio de Cuentos Gabriel Miró con ‘El velo de un presagio’

  • El escritor José Agustín Blanco Redondo, natural de Valdepeñas (Ciudad Real), ha ganado la 64ª edición del Premio de Cuentos Gabriel Miró con su relato 'El velo de un presagio'.
  • El certamen, convocado por la Fundación Mediterráneo, ha batido un récord de participación con 3.378 obras procedentes de 46 países.
  • El jurado ha valorado la calidad literaria y la profundidad de la propuesta rural y social del texto ganador.
  • El accésit ha recaído en el valenciano Jesús Tornés Mota por 'Línea de fuga', un relato de gran densidad narrativa en apenas cuatro páginas.

José Agustín Blanco Redondo, ganador del Premio de Cuentos Gabriel Miró

José Agustín Blanco Redondo, escritor afincado en Valdepeñas (Ciudad Real), ha sido anunciado como ganador de la 64ª edición del Premio de Cuentos Gabriel Miró, uno de los certámenes literarios más veteranos de cuantos se convocan en España. El galardón, otorgado por la Fundación Mediterráneo, reconoce su relato ‘El velo de un presagio’, un texto que ha conquistado al jurado por su hondura narrativa y por la manera en que retrata las contradicciones del mundo rural. El fallo se dio a conocer en Alicante, en un acto celebrado en el Aula de Cultura de la propia fundación.

La obra premiada, dotada con 3.000 euros, se impuso entre un total de 3.378 relatos presentados, una cifra que supone un récord absoluto para este premio, que convoca la Fundación Mediterráneo desde hace más de seis décadas. La participación creció en más de un millar de originales respecto a la edición anterior, lo que confirma el tirón de un certamen que ha logrado atraer a escritores de 46 países y que ha multiplicado su proyección fuera de nuestras fronteras.

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El cuento ganador: una inmersión en el conflicto rural y social

Bajo el título ‘El velo de un presagio’, Blanco Redondo teje una historia de carácter marcadamente rural y social, ambientada en un pueblo donde la vida de los personajes se ve sacudida por dos muertes, la aparición de un camino lleno de misterio, una caída fortuita a un barranco y la intromisión del automóvil de un hombre acaudalado. Sobre ese armazón argumental, el autor despliega un relato que enfrenta dos mundos que nacen de un mismo paisaje: el del propietario y el del labriego.

El jurado, presidido por Antonio Redero Bellido y con vocales como Francisco Javier Díez de Revenga, Mariano Sánchez Soler, José Ferrándiz Lozano y Cristina Llorens Estarelles, destacó la calidad literaria del cuento, su construcción narrativa y la profundidad de una propuesta que entronca directamente con la mejor tradición del relato español de finales del siglo XIX y comienzos del XX. La valoración se hizo pública en el propio acto de lectura del fallo, donde se subrayó que ‘El velo de un presagio’ mantiene viva esa estirpe de narradores que hicieron del terruño un escenario de conflicto y de verdad.

Díez de Revenga, que ejerció de portavoz del jurado en sus valoraciones, señaló que el cuento ganador está muy bien manejado y estructurado, y contiene un mensaje profundo, intenso y comprometido. Esos elementos permiten emparentar el texto con la narrativa social y rural, y establecen un vínculo evidente con la figura de Gabriel Miró, el escritor alicantino que da nombre a este premio y que fue uno de los grandes maestros del género.

Récord de participación y proyección internacional

La edición de este año ha supuesto un hito en la historia reciente del Premio de Cuentos Gabriel Miró. Nunca antes se habían recibido tantos originales: 3.378 cuentos, según los datos aportados por la organización, que también ha especificado que corresponden a 2.516 autores de 46 países distintos. Esto se traduce en un incremento de 1.088 obras con respecto a la edición anterior, todo un termómetro del excelente momento que vive el cuento en español.

La participación internacional ha vuelto a ser uno de los rasgos más llamativos de la convocatoria. Argentina repitió como país con mayor número de originales, con 701; le siguieron Colombia, con 221, y México, con 180. También se registró una notable presencia de autores procedentes de Chile, Uruguay, Perú, Cuba, Ecuador y Venezuela, lo que subraya el peso que la narrativa breve iberoamericana ejerce en este certamen y la diversidad de voces que convoca año tras año.

El presidente de la Fundación Mediterráneo, Luis Boyer, no ocultó su satisfacción por estos resultados y calificó el crecimiento del premio como ‘extraordinario’. Durante su intervención en el acto de lectura del fallo, Boyer destacó que estas cifras convierten al Gabriel Miró en un certamen verdaderamente internacional y en un punto de encuentro para escritores en lengua española de muy distintas generaciones y procedencias. Además, enmarcó este galardón en la política de la institución para mantener vivos los legados de figuras clave de la cultura alicantina y murciana, y vincularlos con la actividad cultural contemporánea.

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El accésit para Jesús Tornés Mota por ‘Línea de fuga’

El jurado también quiso distinguir el trabajo de otros autores, y concedió el accésit de esta 64ª edición al valenciano Jesús Tornés Mota, residente en La Font d’En Carròs, por su relato ‘Línea de fuga’. Este texto, dotado con 1.000 euros, fue definido por los miembros del jurado como ‘directo y fresco’, y sobre todo como un ejemplo de condensación narrativa, pues el autor desarrolla una historia de gran densidad en apenas cuatro páginas, justo la mitad de la extensión máxima permitida por las bases del certamen.

El relato cuenta la historia de un investigador que trabaja en un atlas de la Confederación Hidrográfica del Segura. Durante su tarea, descubre una anomalía: una corriente de agua que se interrumpe y desaparece del mapa sin que conste ninguna explicación. Ese hallazgo se acaba convirtiendo en una obsesión que lo lleva a rastrear diarios, testimonios orales y fotografías hasta descubrir la realidad que se esconde tras esa ausencia. José Ferrándiz Lozano fue el encargado de explicar los pormenores de esta obra en el acto de presentación de los premiados.

El jurado valoró de forma particular la capacidad de Tornés Mota para convertir esa búsqueda en una metáfora sobre la necesidad de investigar aquello que puede quedar interesadamente oculto en la historia, y sobre el valor de la investigación rigurosa para recuperar esa realidad. La obra establece así un juego de espejos entre la labor del protagonista y el propio oficio de escribir cuentos: hurgar en lo que no se ve, tirar del hilo y sostener la atención del lector con pocos recursos.

Una trayectoria histórica que mira al futuro

El Premio de Cuentos Gabriel Miró fue instituido en 1955, lo que lo convierte en uno de los certámenes literarios con más solera de cuantos se celebran en el ámbito hispanohablante. A lo largo de sus más de sesenta años de historia, su palmarés ha acogido a autores que más tarde llegarían a ocupar un lugar destacado en las letras españolas. Entre ellos sobresalen nombres como Francisco Umbral, ganador en 1964, o Félix Grande, premiado en 1966, a los que se suman otros autores de la talla de Julián Ríos o Blanca Andreu.

Con la 64ª edición, el certamen confirma su buena salud y su capacidad para renovarse. La notable participación internacional, la calidad de los textos finalistas y la solidez del palmarés son signos de que el premio sigue siendo, a día de hoy, un referente ineludible para los cultivadores del cuento en español. El éxito de José Agustín Blanco Redondo con ‘El velo de un presagio’ añade un nuevo nombre a esa lista, y refuerza la presencia de los escritores manchegos en la nómina de galardonados.

Durante el acto también se pusieron sobre la mesa algunos de los criterios que el jurado tiene en cuenta a la hora de decantarse por una obra. El presidente del jurado, Antonio Redero, reflexionó sobre la importancia de la escritura como fase fundamental para la lectura del relato, y señaló que la clave está en enganchar al lector desde las primeras líneas, generando un punto de interés que sostenga toda la narración. Por su parte, Díez de Revenga habló de la necesidad de que el cuento sea ante todo una historia original, entretenida y bien construida de principio a fin, algo que, como ha demostrado el texto premiado, sigue siendo posible en tiempos de vértigo digital.


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