Jo Nesbø cumple los 60. Reseñas de sus nuevos libros para este año

Fotografía: (c)Mariola Díaz-Cano. 23/10/2019. Madrid.

Jo Nesbø cumple hoy 60 marzos. El escritor noruego de novela negra e infantil, creador del comisario Harry Hole, estrena nueva década en su dilatada y exitosa carrera y vida. Este año, siempre si las presentes e inciertas circunstancias lo permiten, habrá dos títulos nuevos que llegarán por aquí después de un lustro de retraso para Sangre en la nieve (previsto para mayo) y algo menos para Sol de medianoche (en otoño). Yo me los leí ya. Así que, ahí van trazos de las reseñas que les escribí. Para dar una idea de lo que van y se puede esperar. Aunque no esté el incombustible (de momento) y machacado Harry. Pero dejémoslo un poco, que tiene que descansar. Usted no, señor Nesbø, que le quedan otros 60 años y los que hagan falta para seguir escribiendo.

Sangre en la nieve — Octubre de 2015

Me la hubiera leído en dos días, porque es corta y no se tarda más. Pero como me suele pasar con Nesbø, quieres alargar la lectura hasta el infinito y más allá para saborearla. Como ha sido en inglés he tenido más excusa todavía. Y, bueno, ya había leído alguna crítica, de unos que se quejaban de que era muy corta, y de otros que decían que Nesbø se había vuelto un blando y que hiciera el favor de dedicarse a Harry Hole y punto. Parece mentira que el lector habitual de este escritor (de toda su obra, no solo de Harry) se queje de esa supuesta blandura cuando si hay algo que es el señor Nesbø es un ROMÁNTICO de pies a cabeza, por mucho que vaya de duro y psicópata.

Y es que aquí se marca una gran historia de amor con otro de esos personajes marca de la casa: un asesino a sueldo, Olav Johanssen, aparentemente un desalmado, que lo sabe, que nos va contando su muy negro pasado y fatalista futuro y que lee Los miserables. Su jefe, un pez gordo de la mafia en Oslo de finales de los 70, poco antes de Navidad, le encarga que quite del medio a su mujer. El problema es que Olav se enamora de ella, o eso parece, porque realmente es otro antihéroe señalado por el destino.

Emoción

O sea, que tenemos una historia clásica del género, escrita en primera persona, donde todos los personajes son oscuros (o no), no faltan esos giros a lo Nesbø y se remata con un final que, aunque lo imagines, no deja ni puedes evitar emocionarte. La conocida capacidad de este señor para que empatices con lo mejor y lo peor del ser humano. De modo que me ha vuelto a enganchar con su prosa, sus historias tan negras y retorcidas, pero con ese romanticismo tan auténtico que destilan.

Tenía todo el tiempo del mundo. Me gustaba esperar. Me gustaba el tiempo entre tomar la decisión y llevarla a cabo. Eran los únicos minutos, horas, días de mi asumida corta vida en que era alguien. Yo era el destino de alguien.

Sol de medianoche — Julio de 2016

Fuego, aire, fe, ateísmo, fanatismo, crimen, miedo, soledad, oscuridad con la claridad perpetua de ese sol de medianoche en pleno agosto, cobardía, rendición, redención, amor en todas sus formas, paternidad, pérdida, dolor, desesperanza, esperanza, perder, ganar, engañar, convencer… Jon Hansen —o Ulf, como dice llamarse bajo su apariencia poco conseguida de inocente y despistado cazador— lo siente y pasa por todo eso cuando llega a un pueblo diminuto perdido al norte más al norte de todos los nortes. Además, la comunidad que lo habita es tan cerrada como ultraconservadora. Hansen va a dar con Knut, un niño de diez años, y su madre Lea, una mujer con una historia personal llena de drama y sorpresas.

A partir de ahí la huida hacia ningún sitio que ha emprendido Hansen llega también a su fin. La historia vuelve a desarrollarse en los 70 y Hansen le ha hecho una jugada al Pescador, el jefe de la mafia de Oslo (que ya salía en Sangre en la nieve), y ahora van a por él. Todo por su incompetencia —o más bien incapacidad— para matar. Hansen se considera un cobarde, un perdedor patético que ha cometido muchos errores, y al llegar a ese páramo ya casi en el Ártico, presiente que va a ser su última escapada. Sus relaciones con la hermética población, pero sobre todo con el pequeño y preguntón Knut y su reservada pero intuitiva madre, lo van a obligar a tomar una decisión de una vez por todas. O a rendirse del todo.

Último romántico

Y de nuevo tenemos que Nesbø se ha convertido definitivamente en el último romántico. ¿Que escribe novela negra? Sí, eso parece, pero tal vez no. Quizás le ocurre que, con la edad, necesita contar historias más íntimas y personales para sí mismo más que para el lector (otra vez en primera persona), o reflexionar sobre creencias y sentimientos. A veces necesitamos eso y simplemente cogemos una historia eternamente conocida pero para contarla a nuestra manera, con nuestro estilo, y los lectores del señor Nesbø ya sabemos cómo es el suyo.

Por una parte me temía lo peor, pero me extrañaba que pudiera ocurrir después de haber leído la anterior. Por otra parte, me ha vuelto a sorprender esa capacidad para estar leyendo una cosa que luego es otra, el suspense hasta el último minuto, y ese toque grotesco (al estilo de esa tremenda y escatológica escena en otro de sus títulos, Headhunters) que aquí va más a lo gore en otra escena muy gráfica. Una pista por lo bajito: hay una parecida en la película Rob Roy.

Las críticas han sido de nuevo que se está aficionando a la primera persona de protagonistas criminales pero con buen fondo, que sus historias son demasiado cortas o previsibles… Da igual. Es Nesbø. Y yo lo he leído con cuentagotas, saboreándolo como siempre. Qué le voy a hacer. Me gusta. En todo.

—Solamente estoy diciendo que todo podría existir —dijo ella—, incluso el amor eterno.


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