
El escritor malagueño Javier Castillo vive uno de los momentos más duros de su vida personal. En un corto espacio de tiempo ha tenido que despedirse de sus dos progenitores, una doble pérdida que le ha dejado en un estado de profunda conmoción y que ha impactado de lleno en su actividad pública como autor de éxito.
Pese a ese golpe emocional, el creador de algunas de las novelas más leídas de los últimos años en España ha decidido retomar poco a poco la normalidad con su gira de presentaciones. Tras cancelar varios actos, Castillo ha elegido la ciudad de Oviedo para volver a encontrarse con sus lectores y cerrar un ciclo muy doloroso en su trayectoria vital.
Un doble duelo que lo cambia todo
En apenas unas semanas, Javier Castillo ha perdido a su padre y a su madre, un encadenamiento de acontecimientos que él mismo define como “una pesadilla” y una experiencia para la que nadie está preparado. El escritor ha explicado que, aunque llevaba tiempo asumiendo que la salud de su madre era frágil, la realidad del fallecimiento ha sido mucho más devastadora de lo que imaginaba.
La muerte de su padre llegó de forma especialmente repentina. Castillo estaba en Bilbao, en plena gira de firmas, cuando recibió la llamada de su hermano comunicándole la noticia. Tenía previsto cerrar en Oviedo aquella tournée de presentaciones, pero la tragedia familiar hizo inevitable la suspensión de la cita programada.
Poco después, cuando la familia aún no había terminado de asimilar el primer golpe, llegó el segundo. A finales de enero falleció su madre, pocos días antes de la nueva fecha que se había marcado para reencontrarse con el público asturiano. Ese segundo revés obligó de nuevo a cancelar la firma, alimentando la sensación del autor de estar viviendo una racha tan dolorosa como difícil de aceptar.
Castillo habla de una profunda sensación de injusticia y de orfandad que se ha instalado en su día a día. Para él, mientras los padres viven, uno siente que todavía pertenece a un núcleo familiar que lo sostiene; al desaparecer ambos casi al mismo tiempo, el vacío es mucho más evidente y complicado de gestionar.
En este contexto, el escritor se esfuerza en centrarse en el presente y en su propia familia. Es padre de tres hijos y suele recordar que, en su imaginario, los abuelos deberían ser “eternos”, acompañando y disfrutando de los más pequeños. La realidad lo ha obligado a enfrentarse a una ausencia que se cuela en los gestos cotidianos, desde las llamadas que ya no llegan hasta los pequeños reproches diarios que hoy echa de menos.
«El susurro del fuego»: una novela marcada por la pérdida
La situación personal de Javier Castillo ha terminado por entrelazarse con su último libro, «El susurro del fuego». La novela, que ya estaba dedicada a su madre antes de que esta muriera, ha adquirido ahora un significado mucho más íntimo y doloroso para el autor malagueño.
El propio Castillo explica que el eje de la obra es precisamente esa idea de que la vida puede cambiar por completo en un solo instante: de tenerlo todo a quedarte sin nada en cuestión de segundos. Esta reflexión, que en un principio formaba parte del planteamiento literario, se ha convertido de golpe en una experiencia real que atraviesa su propia biografía.
La madre del escritor llegó a leer la novela antes de fallecer y, según cuenta su hijo, disfrutó enormemente de la historia. Para él, ese recuerdo se ha vuelto especialmente valioso, porque coincide con lo que describe como “la mejor versión” de su madre, después de años en los que las dolencias y los problemas de salud habían marcado el día a día familiar.
Esa etapa de relativa calma “duró poco”, lamenta. Sin embargo, el hecho de saber que su madre pudo ver, leer y apreciar el libro que lleva su dedicatoria reconforta de alguna manera al autor. La obra se ha convertido en un vínculo muy directo con ella, un territorio común donde se mezclan la ficción y los recuerdos personales.
Este proceso también ha cambiado la forma en que Castillo mira a sus lectores. Durante años, muchas personas se le han acercado en las firmas para contarle cómo sus novelas les habían ayudado a sobrellevar momentos complicados, duelos y golpes de la vida y a encontrar títulos en una guía de librerías y bibliotecas. Él escuchaba esos testimonios con empatía, pero ahora se reconoce a sí mismo en ellos: entiende mejor esa necesidad de agarrarse a una historia cuando todo lo demás se tambalea.
Oviedo, punto de inflexión en su gira
Con todo este bagaje emocional, el autor ha decidido que ha llegado el momento de cumplir la cita que quedó pendiente en Asturias. Este jueves retomará su agenda de presentaciones en Oviedo, ciudad que se ha convertido simbólicamente en el lugar donde cerrar un ciclo especialmente duro.
Javier Castillo insiste en que necesita viajar a Oviedo y reencontrarse con sus lectores, no solo como parte de su trabajo, sino también como un paso necesario en su propio proceso de duelo. Aunque desde la editorial le transmitieron que podían posponer el acto todas las veces que hiciera falta, el escritor tenía claro que volver a esa ciudad y cumplir el compromiso era algo muy importante para él.
Su intención es que esa firma no sea solo un acto promocional sino una especie de celebración compartida. A pesar de la tristeza, quiere transformar el encuentro en una pequeña fiesta con los lectores que en su momento se quedaron sin poder verle y que, según reconoce, han mostrado mucha comprensión y cariño durante estos meses tan complicados.
La firma de Oviedo será, además, una suerte de cierre para la gira de «El susurro del fuego», marcada por interrupciones inevitables. A lo largo de su carrera, Castillo apenas ha tenido que cancelar actos públicos: hasta ahora solo había suspendido una firma por una gastroenteritis, lo que da una idea de lo excepcional de la situación que ha vivido al tener que anular, por dos veces, la misma cita asturiana.
Dar por finalizada esta etapa de presentaciones tiene para él un valor simbólico especial. Es una forma de poner fin a un periodo de pérdidas encadenadas y, al mismo tiempo, de agradecer el apoyo de quienes siguen sus historias desde hace años y se han mantenido pendientes de su regreso a la agenda literaria.
La escritura como refugio y la mirada puesta en Asturias
En medio de este contexto tan complejo, Javier Castillo sigue viendo en la escritura su principal refugio. Para él, contar historias ha sido siempre una vía para ordenar emociones y recuerdos, pero ahora esa función catártica se ha vuelto aún más evidente. Lo que antes era un ejercicio creativo se mezcla de forma inevitable con la necesidad de dar salida al dolor y a la nostalgia.
El autor ha confesado que, igual que sus lectores encuentran consuelo en sus páginas, él mismo empieza a percibir sus textos con otros ojos. Aquello que escribió en otro momento de su vida, sin prever lo que estaba por llegar, ha cobrado un nuevo sentido a la luz de los acontecimientos recientes. De algún modo, siente que sus propias palabras vuelven hacia él con significados que no había anticipado.
Más allá de la literatura, Castillo alimenta desde hace tiempo un proyecto que ahora ve más cercano: comprar una casa en Asturias. Cada año, cuenta, se dedica a mirar opciones de vivienda rural en la zona, enamorado de sus paisajes, de la tranquilidad y del ambiente que encuentra allí.
La idea es disponer de un lugar sereno, apartado del bullicio, donde pueda escribir contemplando un entorno tranquilo desde la ventana. Para un autor que combina el éxito comercial con una vida personal muy intensa, esa casa asturiana se presenta como un refugio posible, un espacio para detenerse y respirar después de un periodo especialmente exigente en lo emocional.
La conexión de Javier Castillo con Asturias no se limita a las firmas de libros o a las giras promocionales. En sus propias palabras, se siente genuinamente “enamorado de la zona” y valora la idea de asentarse allí, al menos durante temporadas, para encontrar un ritmo más pausado que le permita seguir trabajando y, al mismo tiempo, cuidar de su equilibrio personal y familiar.
Mientras vuelve poco a poco a su agenda y se asienta la idea de esa futura casa en el norte, la figura de Javier Castillo se muestra más humana y cercana a quienes lo leen: un escritor de éxito que, como muchos de sus personajes, atraviesa una fase de dolor y transformación, se apoya en la escritura y en el cariño de sus lectores y mira hacia el futuro con cautela, intentando recomponer su vida en medio de la ausencia de sus padres.