La Universidad Internacional Menéndez Pelayo ha investido a la filóloga y escritora Irene Vallejo como doctora honoris causa en un acto celebrado en Santander, una distinción que reconoce su contribución a las humanidades y su labor como divulgadora de la lectura.
Durante la ceremonia en el Palacio de La Magdalena, la autora reivindicó el poder de los libros y de la palabra, subrayando que leer nos ayuda a tomar mejores decisiones y a construir una vida más consciente, serena y curiosa.
Un reconocimiento en la UIMP

El acto de investidura, en el Hall Real, estuvo presidido por el rector Carlos Andradas y contó con la participación del secretario general Pablo González y la vicerrectora Matilde Carlón, además de autoridades locales. Andradas calificó al libro como uno de los instrumentos más revolucionarios de la historia, una suerte de “máquina del tiempo” que permite transferir conocimiento entre generaciones.
El rector defendió que leer y escribir son prácticas de libertad y recordó que, pese a los intentos de silenciar voces incómodas a lo largo de los siglos, las bibliotecas y las universidades siguen siendo espacios de resistencia cultural.
La laudatio corrió a cargo de Emilio del Río, profesor de Filología Latina, quien destacó la capacidad de la autora para tender puentes entre la Antigüedad y el presente, acercando los clásicos a un público amplio sin perder rigor ni belleza.
Vallejo agradeció el reconocimiento en un lugar que siente como propio por su paso por los Cursos de Verano de la UIMP, y puso en valor la hospitalidad del Palacio de La Magdalena, donde afirma que se acentuó su pasión lectora.
En su intervención, la escritora subrayó el papel de las universidades públicas como “casa común” del conocimiento y defendió su función de cohesión social y de transmisión del saber entre disciplinas y generaciones.
Lectura, libertad y una tradición que resiste

Vallejo sostiene que el ser humano está sediento de historias que den sentido a la experiencia, y que por eso la literatura ha sobrevivido a crisis, guerras y cambios tecnológicos. Frente a la idea de que las pantallas iban a arrinconar la lectura, la autora se declara optimista.
Recordó que, cuando empezó a escribir su ensayo más conocido, El infinito en un junco, parecía imponerse la certeza de que la lectura se extinguía, pero la realidad demostró lo contrario: incluso en momentos difíciles, como durante la pandemia, los libros ofrecieron refugio de compañía e imaginación.
Para Vallejo, la lectura crea una “habitación interior” donde explorar otras vidas y perspectivas, y conversar con mentes de ayer y de hoy. Ese diálogo, añadió, enseña a leer la realidad entre líneas: una forma de inteligencia afinada que se entrena libro a libro.
Además, la escritora observa una escritura cada vez más mestiza, con géneros y voces que se cruzan y enriquecen la tradición. En redes sociales proliferan cuentas que recomiendan libros y comunidades lectoras que demuestran que la pasión por leer se renueva generacionalmente.
Las largas filas de jóvenes en las firmas de libros indican, en su opinión, una esperanza: el contacto con la lectura ayuda a desactivar la hostilidad que a menudo amplifican los algoritmos, recordando que es posible habitar mentes distintas a la propia.
Humanidades, mujeres y la “casa común” del saber

Vallejo defiende una mirada humanista que reivindica la belleza, la creatividad y los idiomas como pilares para comprender el mundo de ayer y el de hoy. Considera que la docencia tiene algo de poesía: enseñar implica sembrar curiosidad y cuidar la palabra.
Rescata el legado de las mujeres que abrieron camino en la historia del conocimiento, muchas veces invisibilizadas, y anima a mantener viva esa herencia integrando sus voces en el relato cultural.
Recalca que el libro y el alfabeto son fruto de un empeño colectivo: la lectura es una aventura compartida en bibliotecas, escuelas, ferias y hogares, una empresa que requiere colaboración y constancia a lo largo del tiempo.
El rector Andradas alertó de los retos actuales que enfrentan las bibliotecas y las universidades: censuras, presiones y recortes que limitan el acceso al conocimiento y la circulación de ideas, reafirmando que la cultura es el mejor antídoto frente a la barbarie.
La trayectoria internacional de Vallejo, con obras traducidas a más de cuarenta idiomas y publicadas en decenas de países, refleja su impacto. Recientemente, ha sido incorporada a otros claustros honoríficos como los de la UNED y la Universidad de Colima.
Su investidura en Santander sirvió como homenaje al libro como herramienta de libertad, a la universidad como espacio de encuentro y a una escritora que ha logrado acercar la tradición clásica al grande público con rigor, claridad y emoción.