Irene Pujadas y Silvana Vogt brillan en los Premios Finestres de Narrativa

  • Irene Pujadas gana el Finestres de Narrativa en catalán por "La intrusa"
  • Silvana Vogt se impone en narrativa en castellano con "El fino arte de crear monstruos"
  • Cada galardón de narrativa está dotado con 25.000 euros, lo que consolida el premio
  • Los Premios Finestres refuerzan su apuesta por el cómic y el talento joven con nuevas categorías

Premios Finestres de Narrativa

Los Premios Finestres de Narrativa han consolidado su posición en el panorama literario europeo distinguiendo, en su sexta edición, a dos autoras que apuestan claramente por la imaginación: la catalana Irene Pujadas y la argentina afincada en Catalunya Silvana Vogt. Ambas han sido reconocidas con los galardones de narrativa en catalán y en castellano, respectivamente, en una convocatoria que también refuerza la presencia del cómic y de las nuevas voces.

La Fundació Finestres, impulsora de estos premios, mantiene su objetivo de apoyar la mejor ficción contemporánea y dar visibilidad a obras que, a menudo, pasan desapercibidas en el mercado editorial. En una gala celebrada en el Conservatori del Liceu de Barcelona, se anunció un palmarés que combina riesgo creativo, imaginación desbordante y mirada crítica, con especial atención a la narrativa que se sale del molde más realista y autobiográfico.

Irene Pujadas: una aventura interior con humor y ficción radical

En la categoría de narrativa en catalán, el premio ha recaído en Irene Pujadas (Sant Just Desvern, 1990) por su primera novela, La intrusa, publicada por L’Altra Editorial. El jurado ha destacado “la inteligencia de una escritura que juega a fondo con la ficción imaginativa” y su capacidad para contagiar al lector desde la primera página hasta la última, apoyándose en un humor afilado y una mirada muy personal sobre el cuerpo y la identidad.

La novela se presenta como un viaje al interior del propio cuerpo, una especie de aventura fantástica que parodia el discurso del autoconocimiento y la autoayuda. A través de esta exploración, Pujadas mezcla referencias a la novela de viajes y a la tradición de aventuras con elementos absurdos y una ironía sutil, construyendo una fábula contemporánea que cuestiona la obsesión actual por mirarse hacia dentro en busca de respuestas sencillas.

El jurado en catalán, formado por Anna Ballbona, Raül Garrigasait, Manel Ollé, Eva Vàzquez y presidido por Marina Espasa, ha subrayado que en La intrusa conviven “fábula moral, candidez poética y una socarronería muy fina” que siempre dicen más de lo que parece a simple vista. Esa combinación de ligereza aparente y densidad de fondo ha sido uno de los motivos clave para situar la obra en lo más alto del palmarés.

La autora, que ya había sido reconocida por la crítica —su libro fue escogido como mejor título en catalán de 2025 por diversos medios especializados—, aprovechó el acto para reivindicar la importancia de la ficción en tiempos de hiperrealismo literario y exhibicionismo autobiográfico. Pujadas describió el proceso de escritura como “algo amorfo e incompleto”, una especie de túnel en solitario lleno de tachaduras, y no escondió la alegría de que ese esfuerzo creativo se vea recompensado con un premio de esta magnitud.

Más allá del reconocimiento simbólico, el galardón llega acompañado de una dotación económica de 25.000 euros, una cifra que da cierto oxígeno a la vida literaria. Pujadas ha explicado con naturalidad que el dinero le servirá, sobre todo, para ganar tiempo para seguir escribiendo y, de paso, para comprarse una buena silla ergonómica que le evite destrozarse la espalda en el intento.

Silvana Vogt: monstruos, cataclismos y una infancia entre aguas desbordadas

En la modalidad de narrativa en castellano, el jurado ha distinguido a la escritora argentina Silvana Vogt (Morteros, 1969) por su novela El fino arte de crear monstruos, editada por H&O. La obra se sitúa en un pueblo flotante de la Pampa argentina —Morteros, lugar natal de la autora— que se inunda con asombrosa facilidad y sin explicaciones claras, y en el que surgen entre las aguas coches, perros, vacas e incluso ataúdes, componiendo un paisaje tan realista como perturbador.

El jurado de narrativa en castellano, integrado por Andrés Barba, Giuseppe Caputo, Laura Fernández, María Negroni y presidido por Camila Enrich, ha remarcado la recreación de un universo singular y difícil de olvidar. La imagen de ese pueblo inundado se convierte en metáfora de la desestabilización feliz que sufre el lector al entrar en la lógica interna de la novela, guiado por una narradora de apariencia inocente pero mirada implacable.

Vogt ha descrito su libro como el intento de comprender el momento en que una cabeza más o menos normal se transforma en músculo creativo, casi en una “máquina de escribir” viviente. A grandes rasgos, ha resumido la obra como “la historia de una niña que intenta sobrevivir a todas las catástrofes que se encadenan en un pueblo de la Pampa húmeda adicto a los cataclismos”, combinando memoria, imaginación desbordada y una sensibilidad muy particular hacia el desastre cotidiano.

Instalada desde hace años en Sant Just Desvern, donde trabaja como librera en Cal Llibreter, la autora ya había publicado en catalán —con la novela La mecànica de l’aigua, en Edicions de 1984— antes de volver a su lengua materna para este proyecto. Durante la ceremonia recordó el peso del exilio personal y explicó que, después de décadas lejos de Argentina, este libro es también un modo de reconciliarse con su país y con su idioma.

Igual que el premio en catalán, el galardón de narrativa en castellano está dotado con 25.000 euros, una cantidad que Vogt se ha tomado con ironía y pragmatismo: su intención es “comprar tiempo para escribir”, una forma clara de expresar lo que realmente falta a quienes intentan vivir de la literatura en el contexto actual.

Un premio que apuesta por la ficción imaginativa y la diversidad de voces

La sexta edición de los Premios Finestres de Narrativa confirma la voluntad de la Fundació Finestres de “premiar lo mejor de lo mejor y aquello que pasa injustamente desapercibido”, tal y como subrayan sus responsables. Este enfoque explica la elección de dos novelas que huyen del realismo plano y se adentran de lleno en territorios fantásticos, metafóricos y experimentales, pero siempre con los pies bien anclados en la experiencia humana.

En el caso de La intrusa, la apuesta pasa por una parodia del culto al autoconocimiento, convertida en peripecia dentro del cuerpo y acompañada por un tono de aventura clásica. En El fino arte de crear monstruos, la operación consiste en mirar la realidad con ojos de niña hasta que la normalidad se vuelve extraña y aparece una sucesión de imágenes casi apocalípticas, entre inundaciones y figuras que emergen del agua como si fueran recuerdos encarnados.

Ambos libros dialogan con el presente desde la imaginación: frente a la oleada de autoficción y de relatos excesivamente pegados a la biografía, Pujadas y Vogt reivindican la potencia de la invención. La primera lo hace a través de una fábula absurda y lúcida sobre el cuerpo y la identidad; la segunda, con un paisaje rural desbordado por el agua que, sin dejar de ser local, tiene resonancias universales sobre el miedo, la memoria y la formación de una escritora.

El premio no se entiende solo como un reconocimiento aislado a dos obras concretas, sino como parte de un ecosistema literario que Finestres está construyendo en Barcelona y en el Empordà. La fundación ya cuenta con dos librerías en la calle Diputació de la capital catalana, prepara la apertura de una tercera en la misma vía y un espacio dedicado específicamente a Palestina en el barrio de Gràcia, además de otra librería y una residencia literaria en el Empordà, configurando una red estable de apoyo a la lectura y a la creación.

En este contexto, los 25.000 euros de cada galardón —una cifra elevada si se compara con la mayoría de premios para obra publicada, aunque modesta frente a apuestas recientes como el millón de euros del nuevo premio Aena— actúan como un auténtico impulso para quienes intentan dedicarse a la escritura. Tanto Pujadas como Vogt han insistido en que, más allá del prestigio, el premio representa un margen de tranquilidad y de tiempo creativo, un bien escaso en el sector editorial.

Una gala literaria en el Conservatori del Liceu con mirada social

La ceremonia de entrega se celebró en el Conservatori del Liceu de Barcelona, en una velada conducida por la periodista y comunicadora cultural Laura Sangrà. No fue un acto meramente protocolario: el ambiente combinó la solemnidad del premio con una clara voluntad de reflexión social y política, acorde con el discurso que la Fundació Finestres viene impulsando en los últimos años.

Desde el escenario se subrayó la importancia de redistribuir la riqueza hacia la sociedad, un mensaje poco habitual en eventos culturales de este tipo y menos aún cuando una parte importante de la financiación proviene de una empresa del ámbito farmacéutico. La dirección de las fundaciones vinculadas a Ferrer Internacional defendió de forma abierta que una porción sustancial de los beneficios de la compañía se destina a proyectos culturales, sociales, deportivos y alimentarios, con especial atención a iniciativas que generen impacto real.

En paralelo a la intervención institucional, la gala contó con la participación de diversas figuras del ámbito cultural y periodístico barcelonés, que reforzaron la idea de que los Premios Finestres se han convertido en una cita relevante dentro del calendario literario. La música también tuvo su espacio, con la presencia de estudiantes becados del propio Conservatori, lo que contribuyó a dibujar un puente entre creación literaria, formación artística y apoyo filantrópico.

Dentro de este marco festivo, el anuncio de los premios de narrativa se combinó con la proclamación de los galardones de cómic y de las menciones al talento joven, configurando una noche que miraba a la vez a la literatura consolidada y a las trayectorias emergentes. El resultado fue un mosaico de autores, estilos y formatos que dejan claro que Finestres no se limita a un único género ni a una sola lengua.

La presencia de Pujadas y Vogt en el escenario puso rostro a dos maneras distintas de entender la ficción, pero unidas por una misma confianza en el poder de las historias. Sus discursos, sencillos y sin grandilocuencias, se centraron en la experiencia concreta de escribir, en la dificultad de compatibilizar literatura y vida laboral, y en la gratitud hacia lectores, librerías independientes y pequeñas editoriales que apuestan por obras arriesgadas.

El papel de Finestres en el mapa literario de España y Europa

Con esta edición, los Premios Finestres refuerzan su peso en el circuito de certámenes literarios de España y Europa, especialmente en el ámbito de la narrativa en catalán y en castellano. Frente a otros galardones centrados en el volumen de ventas o en nombres ampliamente consolidados, la propuesta de Finestres busca situar en el centro la calidad literaria y la originalidad de la voz, incluso cuando se trata de autoras que aún están construyendo su trayectoria.

La doble mirada lingüística —catalán y castellano— convierte a los premios en un punto de encuentro entre tradiciones literarias que comparten territorio pero a menudo circulan por circuitos editoriales y mediáticos distintos. El hecho de que una autora argentina residente en Catalunya gane en castellano y una escritora catalana se lleve el premio en su lengua refuerza esta idea de diálogo constante entre contextos y sensibilidades.

Desde un punto de vista editorial, el certamen también funciona como altavoz para sellos de tamaño medio o pequeño, como L’Altra Editorial o H&O, que apuestan por catálogos cuidados y por obras con un fuerte componente autoral. El impacto de un premio bien dotado y con repercusión mediática puede traducirse en nuevas ediciones, traducciones y una presencia más sólida de estos títulos en librerías de toda España y, potencialmente, de otros países europeos.

Además, la vinculación del premio con una red de librerías físicas y con una residencia literaria —repartidas entre Barcelona y el Empordà— refuerza la idea de que no se trata solo de un evento anual, sino de un proyecto cultural a largo plazo. Las actividades, encuentros y presentaciones que se organizan alrededor de Finestres permiten mantener viva la conversación en torno a los libros y a sus autores durante todo el año.

En un contexto internacional en el que los grandes premios con cifras millonarias acaparan titulares, la apuesta de Finestres se sitúa en un nivel más próximo al día a día de la creación literaria en Europa: cantidades importantes pero asumibles, criterios de selección exigentes y un compromiso explícito con la bibliodiversidad. Este enfoque explica, en buena medida, la rápida consolidación del galardón desde su puesta en marcha.

Con la elección de Irene Pujadas y Silvana Vogt, los Premios Finestres de Narrativa confirman su preferencia por historias que se arriesgan, se alejan del puro costumbrismo y miran la realidad con lentes deformantes, ya sea desde el interior del cuerpo o desde un pueblo que flota entre catástrofes. Dos novelas distintas, pero hermanadas por su confianza radical en la ficción, se convierten así en emblemas de una edición que reivindica la imaginación como herramienta central de la literatura contemporánea.