Hoy se cumple un siglo del nacimiento de Guillermo Cano Isaza, director de El Espectador durante más de tres décadas y figura capital del periodismo colombiano, asesinado en Bogotá el 17 de diciembre de 1986 por su férrea defensa de la verdad y la libertad de expresión.
Con su columna Libreta de apuntes y una redacción entrenada para investigar sin concesiones, Cano se enfrentó a las mafias, sacó a la luz fraudes empresariales y señaló la infiltración del narcotráfico en la política, convirtiéndose en referente ético para generaciones de reporteros.
Un centenario con actos y memoria
La efeméride llega con una agenda amplia. La Fundación Guillermo Cano Isaza y El Espectador han convocado este 12 de agosto, a las 17:00, un encuentro en el Gimnasio Moderno de Bogotá con el estreno del documental animado “Mientras haya tinta” y conversatorios sobre su vida y su oficio, enmarcados en la declaración oficial del “Año Guillermo Cano”.
Desde el ámbito público, el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes y la Biblioteca Nacional presentan la colección “El País de Guillermo Cano”, tres volúmenes de distribución gratuita: una biografía ilustrada en formato de cómic, una selección de crónicas, columnas y editoriales (1949-1986) y perfiles que muestran sus diferentes facetas profesionales.
La revista Gaceta, del propio Ministerio, lanza un especial web con cinco columnas representativas (una por década), artículos de investigación, fragmentos de la novela gráfica “Don Guillermo” y el registro del “Réquiem del silencio”, obra compuesta en 1987 como homenaje al periodista; su próximo número impreso estará dedicado a su legado.
En paralelo, la “Sala de redacción de ausentes” de la FLIP recuerda que, entre 1977 y 2025, han sido asesinados 169 periodistas en Colombia, un telón de fondo que refuerza el valor de estas iniciativas de memoria y de exigencia de garantías.
Varias organizaciones gremiales y de derechos humanos participan en los actos con llamados a proteger la labor informativa y a asegurar condiciones reales para el ejercicio del periodismo en todo el país.
Trayectoria, redacciones y decisiones difíciles

Guillermo Cano fue nombrado director con apenas 27 años, tras haberse curtido en los talleres y la redacción de El Espectador, donde comenzó como cronista taurino. Bajo su batuta, el diario impulsó un periodismo de investigación pionero y abrió espacio a voces regionales, modernizando la cobertura del país.
En tiempos de censura y estados de sitio, su dirección sostuvo la independencia del periódico aun cuando los controles previos impedían publicar “el diario real” que la redacción escribía cada noche. Aquel aprendizaje marcó para siempre su idea de oficio: servir a los lectores incluso en escenarios adversos.
Ya en los años setenta y ochenta, la sala de máquinas del periódico se convirtió en un laboratorio de primicias: investigaciones sobre conglomerados financieros, prácticas abusivas y autopréstamos que afectaban a miles de ahorradores terminaron destapando escándalos de alto impacto.
La respuesta empresarial fue cortar la pauta, pero Cano fijó la línea con una idea sencilla y tajante: la conciencia profesional no se negocia por ingresos publicitarios. Con esa premisa, sostuvo a su equipo y siguió publicando lo esencial para el interés público.
Contra la mafia: amenazas y asesinato
El punto de no retorno llegó cuando El Espectador publicó en 1983 la imagen de un entonces congresista, Pablo Escobar, ya fichado por narcotráfico en 1976. Desde ese momento, se desató una ofensiva criminal para silenciar al periódico y a su director.
En sus editoriales, Cano advirtió sobre el riesgo de debilitar herramientas judiciales frente al crimen organizado y señaló la connivencia entre política, violencia y dinero fácil. Las amenazas, que venían de tiempo atrás, se multiplicaron.
El 17 de diciembre de 1986, sicarios del cartel de Medellín asesinaron a Guillermo Cano cuando salía de la sede del diario hacia su casa. No llevaba escoltas ni conductor: su escudo fue siempre el oficio y la palabra.
La arremetida contra el periódico continuó: en 1989 una bomba destruyó gran parte de la sede de El Espectador. Pese al golpe, el equipo logró sacar una edición de emergencia y mantener el diario en la calle, reafirmando el compromiso de informar.
Aquella cadena de hechos dejó una lección vigente: sin periodismo libre no hay control al poder ni garantía real de derechos. La memoria de Cano sigue operando como faro para nuevas generaciones.
Justicia, avances y deudas del Estado
El expediente judicial tuvo idas y venidas. La Fiscalía reabrió la investigación en 2008 y, en 2010, catalogó el crimen como de lesa humanidad al reconocer que fue parte de una acción sistemática contra El Espectador.
En el plano de la responsabilidad estatal, el 9 de febrero de 2023 el Gobierno de Colombia reconoció oficialmente sus omisiones para prevenir el asesinato, así como fallos en la investigación y protección a las víctimas, en un acto público con medidas de reparación.
Desde entonces, continúan los esfuerzos por esclarecer por completo la cadena de mandos y acelerar la justicia. La lucha contra la impunidad sigue siendo una prioridad para organizaciones nacionales e internacionales.
La historia de Cano simboliza la de muchos periodistas que arriesgan su vida en el ejercicio de su profesión, reforzando la necesidad de políticas efectivas para su protección y para garantizar la libertad de prensa en todo el país.
Premios e iniciativas que prolongan su huella
El reconocimiento internacional a su figura se solidificó con el Premio Mundial a la Libertad de Prensa UNESCO/Guillermo Cano, creado en su honor y otorgado cada año a periodistas o instituciones que destacan por su defensa de la libertad de expresión en contextos de riesgo.
En el ámbito nacional, la Fundación Guillermo Cano Isaza impulsa el premio de crónica ‘Relatos de País’, concebido para que la ciudadanía narre, con textos inéditos, la vida cotidiana de regiones, pueblos y ciudades, tal como Cano aprendía del pulso del país leyendo cartas de lectores.
Podrán participar colombianos y extranjeros residentes, mayores de edad, enviando crónicas de 6 a 10 páginas en formato Word al correo fundacionguillermocano@gmail.com, con el asunto: “Premio Relatos de País – (nombre del participante)”, y copia del documento de identidad.
El jurado está integrado por Ana María Busquets de Cano, Jorge Cardona y Maryluz Vallejo. Se concederá un primer premio de 10 millones de pesos y dos segundos de 5 millones; los trabajos destacados se publicarán en El Espectador y se reunirán en un libro previsto para 2026.
El impulso institucional al legado de Cano se complementa con ediciones, exposiciones y contenidos digitales que facilitan el acceso a su obra, a su pensamiento y a los contextos históricos en los que ejerció, para que nuevas audiencias entiendan el valor de un periodismo que incomoda al poder.
La figura de Guillermo Cano Isaza permanece como sinónimo de coraje, rigor y servicio público. Entre homenajes y pendientes judiciales, su ejemplo recuerda que la libertad de expresión se defiende cada día y que contar lo que ocurre, sin miedo ni atajos, sigue siendo una necesidad democrática irrenunciable.
