Nació un día como hoy de hace 115 años, lo hizo en Motihari, una colonia británica de la India, y bajo el nombre de Eric Arthur Blair. Más tarde se convertiría en el destacado escritor y periodista que hoy conocemos bajo el seudónimo de George Orwell. Y fue autor de algunos de los libros más conocidos e influyentes del siglo XX, como 1984 o Rebelión en la granja. Recuerdo su figura con una selección de sus frases y fragmentos.
George Orwell
Entre otras cosas y vicisitudes en su vida, Orwell estuvo en la Policía Imperial India porque no tenía medios económicos para ir a la universidad. Vivió en París y Londres, enseñando como maestro de escuela y trabajó como asistente de una librería de segunda mano en Hampstead Heath, en Londres. Pero terminó siendo reportero, participando en la guerra civil española, trabajó para el Servicio Oriental de la BBC y fue columnista y editor literario de la revista Tribune.
Sus obras más conocidas, y que ahora siguen estando vigentes, sin duda son las citadas 1984 y Rebelión en la granja, claros análisis y críticas a los tiempos convulsos que vivió, donde abundaron los imperialismos y totalitarismos. Pero también hay otros títulos como Sin blanca en París y Londres o Los días de Birmania.
Fragmentos y frases
1984
Si el líder dice de tal evento esto no ocurrió, pues no ocurrió. Si dice que dos y dos son cinco, pues dos y dos son cinco. Esta perspectiva me preocupa mucho más que las bombas.
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No se establece una dictadura para salvaguardar una revolución; se hace la revolución para establecer una dictadura.
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Si pueden obligarme a dejarte de amar… esa sería la verdadera traición.
Rebelión en la granja
Pronto cesó el tumulto. Los cuatro cerdos esperaban temblando y con la culpabilidad escrita en cada surco de sus rostros. Napoleón les exigió que confesaran sus crímenes. Eran los mismos cuatro cerdos que habían protestado cuando Napoleón abolió las reuniones de los domingos. Sin otra exigencia, confesaron que estuvieron en contacto clandestinamente con Snowball desde su expulsión, colaboraron con él en la destrucción del molino y convinieron en entregar la «Granja animal» al señor Frederick. Agregaron que Snowball había admitido, confidencialmente, que era agente secreto del señor Jones desde muchos años atrás. Cuando terminaron su confesión, los perros, sin perder tiempo, les desgarraron las gargantas y entretanto, Napoleón, con voz terrible, preguntó si algún otro animal tenía algo que confesar.
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Veamos, camaradas: ¿Cuál es la realidad de esta vida nuestra? Encarémonos con ella: nuestras vidas son miserables, laboriosas y cortas. Nacemos, nos suministran la comida necesaria para mantenernos y a aquellos de nosotros capaces de trabajar nos obligan a hacerlo hasta el último átomo de nuestras fuerzas; y en el preciso instante en que ya no servimos, nos matan con una crueldad espantosa. Ningún animal en Inglaterra conoce el significado de la felicidad o la holganza después de haber cumplido un año de edad. No hay animal libre en Inglaterra. La vida de un animal es sólo miseria y esclavitud; esta es la pura verdad.
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La guerra es la guerra. El único ser humano bueno es el que ha muerto.
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Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros.
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Los animales, asombrados, pasaron su mirada del cerdo al hombre, y del hombre al cerdo; y nuevamente del cerdo al hombre; pero ya era imposible distinguir quién era uno y quién era otro.
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