Frases célebres de Gabriel Garcia Márquez en Cien años de soledad

Gabriel García Márquez.

Gabriel García Márquez.

Es común la búsqueda web «frases célebres de Gabriel Garcia Márquez Cien años de soledad». Y es que esta obra marcó pauta, y aún hoy, a más de 60 años de su publicación sigue dando de qué hablar.  Indudablemente, Gabriel García Márquez es uno de los representantes más prominentes del realismo mágico y la literatura latinoamericana en general. No en vano, “Gabo” fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura de 1982. Por ello, en el presente artículo se presenta una selección con las mejores frases de Cien años de soledad (1967), su obra maestra.

Esta novela es considerada por los académicos como un texto de trascendencia universal. Es más, el diario ibérico El Mundo la incluyó en la “lista de las 100 mejores novelas en español del siglo XX”. Por su parte, el periódico galo Le Monde la menciona entre los “100 mejores libros del siglo XX”. Igualmente, para el Club de libros de Noruega es uno de los “100 mejores libros de todos los tiempos”.

Sobre el autor

Nacimiento, infancia y formación académica

Gabriel José de la Concordia García Márquez (6 de marzo de 1927 – 17 de abril de 2014) nació en Aracataca, departamento del Magdalena, Colombia. Gabriel Eligio García fue su padres, y Luisa Santiaga Márquez, su madre. “Gabito” fue dejado al cuidado sus abuelos maternos en su pueblo natal. Pero en 1936 su abuelo falleció y su abuela terminó de quedar ciega, por ello, regresó con sus padres en Sucre.

Cursó sus primeros años de secundaria en el colegio jesuita San José (hoy en día, Instituto San José). En ese tiempo comenzó a publicar poemas en la revista colegial Juventud. Posteriormente, recibió una beca del gobierno para estudiar en el Liceo Nacional de Zipaquirá, cerca de Bogotá. Allí obtuvo su título de bachiller y luego comenzó a estudiar Derecho en la Universidad Nacional de Colombia.

Influencias y primeros trabajos

En realidad, la carrera de leyes no fue una elección vocacional sino más bien un intento de complacer a su progenitor. Puesto que el verdadero deseo de García Márquez era convertirse en escritor. Además, durante esa época fue marcado notablemente por autores como Franz Kafka y Borges.

De esa manera, fue configurando un estilo que mezclaba las historias descabelladas de su abuela con rasgos de estilo inspirados en La metamorfosis, por ejemplo. Durante septiembre de 1947 publicó su primer cuento El Espectador. Mientras tanto, continuó su carrera de derecho hasta el llamado Bogotazo, acaecido el 9 de abril de 1948 después del magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán.

Su trayectoria periodística y matrimonio

Tras el cierre indefinido de la Universidad Nacional, Márquez se movilizó a la Universidad de Cartagena y consiguió trabajo como reportero en El Universal. En 1950, dejó definitivamente la carrera de derecho para ejercer el periodismo en Barranquilla. En la capital del Departamento del Atlántico contrajo nupcias con Mercedes Barcha en marzo de 1958.

La pareja tuvo dos hijos: Rodrigo (1959) y Gonzalo (1964). En 1961, Gabriel García Márquez se mudó con su familia a New York, en donde trabajó como corresponsal de Prensa Latina. Sin embargo, debido su cercanía y reportajes favorables hacia la figura de Fidel Castro, recibió fuertes críticas por parte de los disidentes cubanos.

Consagración literaria

García Márquez y su familia emigraron a Ciudad de México tras recibir amenazas de la CIA. En tierras aztecas estableció su residencia y pasó la mayor parte del resto de su vida, a pesar de poseer domicilios en Bogotá, Cartagena de Indias y París.

En la metrópoli mexicana publicó en junio de 1967 su obra consagratoria: Cien años de soledad.

El legado de Cien años de soledad

Este libro se convirtió en un título insigne dentro del realismo mágico latinoamericano gracias a su magistral combinación de elementos factibles, pasajes ficticios y sucesos extrapolados de la historia colombiana. Por ello, el inicialmente próspero, seguidamente convulso y finalmente exterminado pueblo de Macondo, se hizo mundialmente famoso.

En ese escenario, García Márquez exploró temas como la soledad, el incesto, la fantasía, las guerras, el mercantilismo y la politiquería. Tampoco faltan las intrigas y los amoríos entre los protagonistas de un relato que abarca siete generaciones descritas en un tiempo cíclico. (Aunque, dentro de un marco histórico identificable).

Algunos de adicionales sobre Cien años de soledad

  • Vendió medio millón de copias durante sus primeros tres años,
  • Ha sido traducido a veinticinco idiomas.
  • Es considerado el libro más vendido del mundo editado originalmente en castellano.

Las mejores frases de Cien años de soledad

  • “El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”.
  • “Uno no se muere cuando debe, sino cuando puede”.
  • “Lo esencial es no perder la orientación. Siempre pendiente de la brújula, siguió guiando a sus hombres hacia el norte invisible, hasta que lograron salir de la región encantada”.
  • «Terminó por perder todo contacto con la guerra. Lo que en otro tiempo fue una actividad real, una pasión irresistible de su juventud, se convirtió para él en una referencia remota: un vacío».
  • “Preguntó qué ciudad era aquella, y le contestaron con un nombre que nunca había oído, que no tenía significado alguno, pero que tuvo en el sueño una resonancia sobrenatural: Macondo”.
  • «La soledad le había seleccionado los recuerdos, y había incinerado los entorpecedores montones de basura nostálgica que la vida había acumulado en su corazón, y había purificado, magnificado y eternizado los otros, los más amargos».
  • “Se disparó un tiro de pistola en el pecho y el proyectil le salió por la espalda sin lastimar ningún centro vital. Lo único que quedó de todo eso fue una calle con su nombre en Macondo”.
  •  “Entonces sacó el dinero acumulado en largos años de dura labor, adquirió compromisos con sus clientes, y emprendió la ampliación de la casa”.
  • «El secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad».
  • «Ella encontró siempre la manera de rechazarlo porque aunque no conseguía quererlo, ya no podía vivir sin él».
  • “En realidad no le importaba la muerte, sino la vida, y por eso la sensación que experimentó cuando pronunciaron la sentencia no fue una sensación de miedo sino de nostalgia”.
  • “De eso vivía. Le había dado sesenta y cinco veces la vuelta al mundo, enrolado en una tripulación de marineros apátridas”.
  • “Se prometían establecer un criadero de animales magníficos, no tanto por disfrutar de unas victorias que entonces no les harían falta, sino por tener algo con qué distraerse en los tediosos domingos de la muerte”.
  • «Se sintió olvidado, no con el olvido remediable del corazón, sino con otro olvido más cruel e irrevocable que él conocía muy bien, porque era el olvido de la muerte».
  • “Pero no olviden que mientras Dios nos dé vida, nosotras seguiremos siendo madres, y por muy revolucionarios que sean tenemos derecho de bajarles los pantalones y darles una cueriza a la primera falta de respeto”.
  • “Como todas las cosas buenas que les ocurrieron en su larga vida, aquella fortuna desmandada tuvo origen en la casualidad”.
  • “Sólo él sabía entonces que su aturdido corazón estaba condenado para siempre a la incertidumbre”.
  • «Tenía la rara virtud de no existir por completo sino en el momento oportuno».
  • “En un instante descubrió los arañazos, los verdugones, las mataduras, las úlceras y cicatrices que había dejado en ella más de medio siglo de vida cotidiana, y comprobó que esos estragos no suscitaban en él ni siquiera un sentimiento de piedad. Hizo entonces un último esfuerzo para buscar en su corazón el sitio donde se le había podrido los afectos, y no pudo encontrarlo”.
  • “Abre bien los ojos. Con cualquiera de ellos, los hijos te saldrán con cola de puerco”.
  • “El mundo se redujo en la superficie de su piel, y el interior quedó a salvo de toda amargura”.
  • «Demasiado tarde me convenzo que te habría hecho un gran favor si te hubiera dejado fusilar».
  • “Llovió cuatro años, once meses y dos días. Hubo épocas de llovizna en que todo el mundo se puso sus ropas de pontifical y se compuso una cara de convalenciente para celebrar la escamapada, pero pronto se acostumbraron a interpretar las pausas como anuncios de recrudecimiento”.
  • “Había tenido que promover treinta y dos guerras, y violar todos sus pactos con la muerte y revolcarse como un cerdo en el muladar de la gloria, para descubrir con casi cuarenta años de retraso los privilegios de la simplicidad”.
  • “La última vez que la habían ayudado a sacar la cuenta de su edad, por los tiempos de la compañía bananera, la había calculado entre los ciento quince y los ciento veintidós años”.
  • «El llanto más antiguo de la historia del hombre es el llanto de amor».
  • «Nadie debe conocer su sentido mientras no hayan cumplido cien años».

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