Cali vuelve a situarse en el mapa literario latinoamericano con la edición número 26 del Festival Internacional de Poesía, un encuentro que transforma durante cuatro días la vida cultural de la ciudad colombiana. Del 6 al 9 de mayo de 2026, bibliotecas, universidades, museos, cafés culturales y espacios urbanos se llenan de versos, música y palabra hablada.
Bajo el lema “Un cielo abierto para todas las voces”, la propuesta de este año apuesta por la diversidad, la inclusión y la circulación de la poesía por distintos barrios y realidades sociales. La entrada a todas las actividades es gratuita, algo que refuerza la vocación pública del festival y lo convierte en un referente interesante también para lectores y profesionales del sector cultural en España y el resto de Europa que siguen de cerca las escenas poéticas latinoamericanas.
Un festival que toma la ciudad durante cuatro días

La edición de 2026 del Festival Internacional de Poesía de Cali se celebra entre el 6 y el 9 de mayo, con una agenda que se despliega como una red por la ciudad: comunas, zonas rurales, centros culturales, bibliotecas públicas, campus universitarios y cafés literarios reciben diferentes actividades en paralelo.
En total, la programación supera las 25 actividades abiertas al público, pensadas tanto para quienes ya son habituales de la poesía como para quienes se acercan por primera vez. La idea es sacar los versos de los espacios más académicos y ponerlos en circulación por la calle, los barrios y los lugares cotidianos.
A lo largo de los cuatro días se combinan recitales, talleres, conversatorios, lanzamientos de libros, diálogos temáticos y recorridos patrimoniales con propuestas de poesía urbana, slam y rap. La mezcla de formatos busca ofrecer experiencias variadas: desde lecturas íntimas hasta encuentros masivos donde la palabra se cruza con la música y el performance, como ocurre en el III Festival de Poesía Baltasar Espinosa.
Según la Secretaría de Cultura de Cali, el festival funciona como “infraestructura cultural viva”, un tejido que se construye con trayectorias, saberes y afectos compartidos. Esa noción resuena con procesos que también se observan en ciudades europeas, donde la poesía se vincula cada vez más con acciones comunitarias, mediación lectora y ocupación simbólica del espacio público.
29 voces invitadas: puente entre lo local y lo internacional

El cartel de esta vigésimo sexta edición reúne a 29 poetas invitados. De ellos, cinco proceden del ámbito internacional, diez llegan desde distintas regiones de Colombia y catorce forman parte de la escena poética caleña.
Las voces internacionales vienen de Chile, Bolivia, Venezuela, México y Brasil, lo que consolida al festival como un punto de encuentro de tradiciones latinoamericanas diversas. Desde Colombia confluyen escritores de ciudades como Medellín, Ibagué, Manizales, Tunja, Popayán, Envigado, Bogotá, Chigorodó y el departamento del Cesar, además de una nutrida representación local.
Entre las invitadas destaca, por ejemplo, Luisa Isabel García Meriño, conocida como Luisa Villa, poeta nacida en Copey (Cesar) y afincada en Bogotá, autora de títulos como “Dios fue mejor cuando era tigre”, “Tratado sobre las brujas” e “Hijas de las perras negras”, este último galardonado con el VI Premio Internacional de Poesía Gabriel Celaya.
Para Villa, la poesía funciona como un rito de presencia y reparación, una manera de nombrar ausencias y de interpretar las realidades personales y colectivas. Ese enfoque dialoga con sensibilidades que se encuentran también en festivales europeos, donde la poesía se entiende menos como un lujo estético y más como herramienta de memoria y cuestionamiento social.
El poeta chileno Héctor Hernández Montecinos, otra de las voces invitadas, subraya la importancia de que un encuentro de estas características se celebre en Cali, reuniendo a autores de distintos países, regiones y generaciones. Para él, el festival confirma que los “sueños en la poesía” pueden materializarse en espacios comunes donde la palabra circula sin jerarquías rígidas.
Apertura del cielo: inicio y cierre de una ciudad tomada por la poesía
El arranque oficial del festival tiene lugar el miércoles 6 de mayo a las 19:00, en el histórico Teatro Jorge Isaacs, con una gala titulada “Apertura del cielo: donde la palabra se hace territorio”. La inauguración incluye un recital colectivo con poetas invitados y la actuación de la cantante lírica y de música colombiana Laura Villa.
Durante esta primera noche, el público asiste a un cruce de formatos que va desde la canción y el performance hasta el slam rapero, la poesía queer, los jam session y diálogos sobre temas de actualidad, como el papel de la inteligencia artificial en la escritura poética. Esa mezcla de lenguajes refleja un interés por explorar los límites del género y conectarlo con inquietudes contemporáneas.
En la inauguración participan también niños del taller de poesía para pacientes de la Fundación Valle del Lili (una experiencia que remite a iniciativas como Marpoetica en Marbella), como Salomé Salazar y Liam Vargas, quienes muestran cómo la palabra puede convertirse en herramienta de expresión emocional y acompañamiento en contextos de vulnerabilidad.
La clausura está prevista para el sábado 9 de mayo en la Sala Beethoven de Bellas Artes, bajo el título “El cielo compartido: coro de voces que permanecen”. Habrá un recital final con varios de los poetas invitados y una presentación musical a cargo de Lina Fernanda Angulo, Mulata Blues, que cerrará el encuentro con un guiño a la tradición afro y a la fusión entre poesía y música.
En medio de estos dos hitos, la ciudad vive días en los que la poesía ocupa teatros, plazas, salas de lectura y espacios alternativos, evidenciando cómo un festival literario puede articular un relato urbano distinto al habitual y generar otras formas de encuentro ciudadano.
Programación: recitales, talleres, recorridos y poesía urbana
La agenda del Festival Internacional de Poesía de Cali 2026 está diseñada pensando en públicos muy diversos, incluyendo a personas que no suelen frecuentar eventos literarios. Durante los cuatro días se desarrollan actividades en franjas horarias variadas y en lugares estratégicos de la ciudad para facilitar la asistencia.
Entre las propuestas destacan los recitales temáticos, como “Raíz y tambor: donde la memoria afro se vuelve poesía”, que pone en el centro las voces afrodescendientes, o lecturas colectivas que reúnen a poetas de diferentes territorios. También se programan talleres de creación poética para jóvenes, encuentros con colectivos, sesiones de lectura comentada y espacios de formación para mediadores y agentes culturales.
Uno de los recorridos más llamativos es el itinerario patrimonial y poético por el centro histórico de Cali, donde la palabra se superpone a la arquitectura y la memoria urbana. Estas propuestas acercan el festival a otros modelos de turismo cultural y de narración del espacio que pueden resultar familiares para lectores europeos acostumbrados a rutas literarias en sus propias ciudades.
En el plano de la poesía urbana, el festival incorpora slam, rap, freestyle y jam poéticos que conectan con públicos jóvenes. Un ejemplo es la presencia del colectivo Aquelarte, un movimiento cultural que se reúne cada jueves para experimentar con formatos como el jam session de jazz adaptado a la poesía, abriendo espacio a la improvisación, la oralidad, los cadáveres exquisitos y los cantautores.
La agenda del sábado 9 de mayo incluye, entre otras actividades, el recital “Más allá de la mirada: voces que nombran el mundo” en la Biblioteca Pública Jorge Luis Borges del Centro Cultural de Cali, con poetas de ciudades como Bogotá, Envigado, y la participación de autores internacionales. Ese mismo día se presenta el poemario “Pájaros de Humo” del manizaleño Juan Carlos Acevedo en la Biblioteca Pública Patrimonial del Centenario.
Diversidad, inclusión y tejido comunitario
Una de las características más subrayadas por la organización es el enfoque en la diversidad. El festival integra expresamente a comunidades afrodescendientes e indígenas, población LGTBIQ+, personas con discapacidad visual y una amplia franja intergeneracional que va desde la infancia hasta la tercera edad.
La secretaria de Cultura de Cali, Leydi Higidio, insiste en que se trata de un festival “más diverso y cercano a la ciudad”, que busca llegar a distintos territorios y públicos. Para la responsable cultural, el evento es clave para que los procesos poéticos locales, nacionales e internacionales se visibilicen y encuentren espacios de intercambio.
Este enfoque encaja con debates presentes también en festivales europeos, donde se discute cómo los eventos literarios pueden evitar dinámicas elitistas y abrirse a colectivos históricamente marginados. En el caso de Cali, ello se traduce en programación descentralizada, alianzas con bibliotecas, universidades, zonas rurales y cafés culturales, así como en la incorporación de lenguajes artísticos híbridos.
La presencia de colectivos como Aquelarte, o de talleres de poesía con pacientes de hospitales, evidencia una vocación de trabajo comunitario y participación ciudadana. El objetivo no es solo exhibir obras poéticas, sino activar procesos de creación colectiva que consoliden redes entre autores, lectores y agentes culturales.
Higidio resume la apuesta institucional como un intento de que la poesía ayude a la recuperación de la memoria y del espacio público, consolidando a Cali como distrito cultural y como ciudad que se reconoce a sí misma a través de la palabra.
Relación con otras escenas poéticas y proyección hacia Europa
Aunque el festival está profundamente enraizado en la realidad caleña y colombiana, su dimensión internacional y la diversidad de lenguajes lo convierten en un punto de referencia interesante para el contexto europeo. La presencia de poetas con premios y trayectorias consolidadas, como Luisa Villa, se suma al diálogo entre poesía escrita, performance, rap y experimentación con tecnologías como la inteligencia artificial.
En Europa, cada vez son más frecuentes los festivales que combinan lecturas tradicionales, slam, música en vivo y actividades de mediación. En este sentido, Cali comparte tendencias con ciudades como Barcelona, Lisboa, Berlín o París, donde la poesía se trabaja como práctica escénica y comunitaria, y no solo como género de libro; un ejemplo reciente es la edición 27 de BilbaoPoesia.
El énfasis en la inclusión de comunidades afrodescendientes, indígenas y LGTBIQ+ también conecta con las preocupaciones de muchos eventos literarios europeos que buscan revisar cánones y ampliar representaciones. La escena caleña, marcada por la mezcla de tradiciones afro, indígenas, urbanas y académicas, aporta un laboratorio de experiencias que puede resultar inspirador para gestores culturales y festivales al otro lado del Atlántico.
Además, la apertura total de las actividades y la articulación con la Red de Bibliotecas Públicas de la ciudad muestran un modelo de política cultural donde la poesía se entiende como servicio público y herramienta de cohesión social, una perspectiva que también aparece en algunos programas de fomento a la lectura de países europeos.
Para quienes desde España o Europa siguen de cerca las dinámicas poéticas latinoamericanas, el Festival de Cali representa una ventana privilegiada para observar cómo se articulan hoy la oralidad, los lenguajes juveniles y las luchas por el reconocimiento de identidades diversas en el campo literario.
Acceso, organización y cómo seguir la programación
Todas las actividades de la edición 26 del Festival Internacional de Poesía de Cali tienen entrada libre hasta completar aforo, una decisión coherente con la idea de “cielo abierto” que guía la programación. No se requieren inscripciones complejas para la mayoría de eventos, algo que facilita la asistencia espontánea.
La Secretaría de Cultura de Cali, en articulación con la Alcaldía y la Red de Bibliotecas, coordina el despliegue logístico y comunica los detalles de horarios, lugares y cambios de último momento a través de sus canales digitales. La información actualizada puede consultarse en las redes sociales oficiales: @caliculturacol.
Desde la organización se anima a que familias, jóvenes, colectivos barriales y público general se “agenden” y aprovechen la oportunidad de escuchar voces de otros países y regiones sin coste económico. La invitación se extiende también a visitantes y turistas que se encuentren esos días en la ciudad y quieran conocer otra cara de Cali más allá de sus paisajes y su oferta gastronómica.
Para la comunidad profesional del libro, tanto en Colombia como en otros continentes, el festival se presenta como un espacio propicio para establecer contactos, identificar nuevas voces y observar cómo se están configurando hoy las escenas de poesía oral y escrita en América Latina.
Con esta nueva edición, Cali refuerza su posición como uno de los principales focos poéticos de la región, articulando memoria, experimentación, inclusión y política cultural en un mismo dispositivo. La ciudad se transforma por unos días en un escenario de voces múltiples donde la poesía se cruza con la música, el rap, la tecnología y las luchas sociales, ofreciendo un panorama que interesa tanto al público local como a quienes, desde Europa, buscan comprender de primera mano la vitalidad actual de la poesía latinoamericana.