El mundo de las letras y el periodismo latinoamericano está de luto. Plinio Apuleyo Mendoza, escritor, periodista y diplomático colombiano, falleció este martes a los 94 años en su casa de Bogotá, según informaron sus familiares al Ministerio de Culturas de Colombia. La noticia, que rápidamente se extendió por redes sociales, ha provocado una oleada de reacciones de figuras políticas y culturales que destacan su legado como uno de los grandes intelectuales liberales del continente.
Nacido el 1 de enero de 1932 en el municipio de Toca, en el departamento de Boyacá, Mendoza construyó una trayectoria que abarcó la literatura, la diplomacia y el análisis político. Estudió Ciencias Políticas en la Universidad de La Sorbona de París, donde forjó una amistad que marcaría su vida: la de Gabriel García Márquez. Aquella relación, que comenzó en los años cincuenta en el Barrio Latino, dio lugar a una de las obras más reveladoras sobre el Nobel colombiano.
Una vida dedicada al periodismo y la literatura
Mendoza inició su carrera periodística muy joven. A su regreso de Francia, trabajó en el diario El Tiempo y en televisión, donde realizó el programa ‘Personajes’. Su labor le valió el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, compartido con sus hermanas. En 1959 fue nombrado primer director de Prensa Latina, la agencia de noticias de la Revolución Cubana, cargo que ocupó hasta 1961. Más tarde, su faceta diplomática lo llevó a ser embajador de Colombia en Portugal durante el primer mandato de Álvaro Uribe y posteriormente en Italia.
En el ámbito literario, su primera obra de ficción fue el libro de cuentos El desertor (1974). En 1979 ganó el prestigioso Premio Plaza y Janés con la novela Años de fuga, que lo consolidó como narrador. Le siguieron Cinco días en la isla (1997) y Entre dos aguas (2010), además de volúmenes de memorias como Muchas cosas que contar (2012) y Postales de una vida (2021).
El amigo de Gabo: la obra que inmortalizó su amistad

La relación entre Plinio Apuleyo Mendoza y Gabriel García Márquez es una de las más célebres de la literatura latinoamericana. Se conocieron en Bogotá a principios de los años cincuenta, pero la verdadera amistad nació en París en 1955, cuando ambos vivían en hoteles frente a frente. Mendoza le consiguió trabajo a García Márquez, le prestó dinero y leyó sus manuscritos. El Nobel lo nombró padrino de su hijo mayor, Rodrigo, y desde entonces lo llamó ‘compadre’.
De esa intimidad surgió El olor de la guayaba (1982), un libro de conversaciones que se ha convertido en referencia para entender la vida y el proceso creativo del autor de Cien años de soledad. La obra, traducida a 17 idiomas, recoge desde la infancia de García Márquez hasta sus convicciones políticas, pasando por anécdotas como el viaje a Acapulco donde se le ocurrió la idea de su novela más famosa. Mendoza también escribió La llama y el hielo (1984) y Aquellos tiempos con Gabo (2000), que reúne cartas y recuerdos de más de seis décadas de amistad.
El pensador liberal y el ‘Manual del perfecto idiota latinoamericano’
Mendoza fue un intelectual que evolucionó ideológicamente. De sus simpatías iniciales por la Revolución Cubana pasó a convertirse en un crítico frontal del autoritarismo y el populismo. Esa transformación quedó plasmada en el Manual del perfecto idiota latinoamericano (1996), escrito junto al cubano Carlos Alberto Montaner y al peruano Álvaro Vargas Llosa, con prólogo de Mario Vargas Llosa. El ensayo, de tono satírico, analiza las causas del subdesarrollo en la región desde una perspectiva liberal y se convirtió en un éxito continental.
La obra tuvo continuaciones como Fabricantes de miseria (1998), El regreso del idiota (2007) y Últimas noticias del nuevo idiota iberoamericano (2014). A pesar de las diferencias políticas con García Márquez, que mantuvo su cercanía al gobierno cubano, la amistad entre ambos nunca se rompió. Mendoza fue uno de los últimos en despedirse del Nobel, ya afectado por el alzhéimer, en Bogotá.
Reconocimientos y legado
En 2021, el entonces presidente Iván Duque le impuso la Orden de Boyacá, la máxima condecoración del Estado colombiano. Duque destacó que Mendoza llevó ‘el nombre de Colombia en alto’ tanto en la diplomacia como en la cultura. El expresidente Álvaro Uribe, que fue uno de los primeros en reaccionar a su muerte, escribió en X: ‘Murió Plinio Apuleyo Mendoza, un ser excepcional, el periodista, el escritor, el humanista, el liberal, el crítico, el soldado de la democracia, el defensor de los soldados. Soy deudor de su apoyo de tantas horas’.
Con su desaparición, se va uno de los últimos grandes testigos del boom latinoamericano y de una generación que quiso cambiar la historia y terminó escribiéndola. Plinio Apuleyo Mendoza deja una obra atravesada por los grandes acontecimientos de su tiempo, pero también el recuerdo de un hombre que supo contar la vida con inteligencia, ironía y afecto. Sus libros conservarán sus palabras; quienes lo conocieron guardarán, además, el sonido irrepetible de su conversación.
