Falcó, de Arturo Pérez-Reverte. “Yo cojeo según el pie que me pisen”.

Falcó, la última novela de Arturo Pérez-Reverte.

Falcó, la última novela de Arturo Pérez-Reverte.

Esa es la frase que puede resumir la catadura moral del nuevo personaje creado por Arturo Pérez-Reverte. Esa, o la que le dice su jefe, el Almirante, una noche al verlo de uniforme: «Está bien que parezcas respetable de vez en cuando, para variar». Por lo demás, es el espía más atractivo, elegante, eficiente y letal. En la España de 1936, recién levantada en armas, nadie como él para bandearse en el barco cainita disfrazado de idealismos en el que se convirtió el país.

A la venta desde el pasado 19 de octubre, me hice con ella hace cuatro días, los que he tardado en leerla. Y hubiera sido en menos tiempo si mi ánimo particular estuviera más volcado en el disfrute de la lectura. En todo caso, es una novela corta pero ni me ha entusiasmado ni me ha emocionado. Y tiene material para ambas cosas. Aunque reitero que buena parte de esta humilde opinión se debe a mi actual ánimo lector. O a que ya he leído demasiado parecido. Quienes admiramos a Reverte solemos disfrutar con su forma de contar la vida, pero esta vez me he quedado con ganas de más.

Sobre Lorenzo Falcó

He leído casi todas las novelas de Reverte, aunque he de admitir que de unos años a esta parte prefiero su causticidad, tripas y maneras como articulista más que como escritor. Así que lo sigo más en la prensa con su Patente de corso y en la fiesta que suelen ser sus intervenciones en Twitter. Pero procuro leerme cada nueva novela y esta de Falcó me llamaba más la atención que las anteriores.

Para Falcó, palabras como patria, amor o futuro no tenían ningún sentido.

Ni patria, ni bandera, ni amor, ni honor ni vergüenza. A Falcó solo le interesa vivir la vida de la mejor manera posible y con lo mejor a su alcance: lujos de toda clase y mujeres que sí procura que sean de bandera. Excontrabandista de armas, agente de los servicios de inteligencia y lo que se tercie, siempre que implique aventura y beneficio propio. Todo con pocos o ningún escrúpulo.

Así, en el otoño de 1936, Falcó trabaja para el SNIO -Servicio Nacional de Información y Operaciones- y le encargan una misión delicada: sacar de la cárcel de Alicante a un preso muy importante para los nacionales. Para ello contará con un equipo de falangistas (jóvenes e idealistas) a los que deberá dirigir. Pero nada ni nadie serán lo que parecen. Tal vez porque en la vida, y más en la vida en guerra, todos podemos dejar de ser quienes somos.

En tiempos como aquéllos, ser lobo era la única garantía. Y no siempre. Por eso resultaba útil un discreto pelaje pardo. ayudaba a sobrevivir. A moverse inadvertido entre la noche y la niebla.

Estilo inconfundible

Pérez-Reverte cuenta una historia negra y de espías mil veces conocida a su manera y estilo, que también es de sobra conocido para quienes lo leemos: frases cortas intercaladas con más largas con aposiciones descriptivas; diálogos muy buenos, en especial los de Falcó y su jefe, el Almirante, para mí el mejor personaje o el que más me ha gustado; y una trama con ritmo y giros que puedes anticipar (o no). En toda la narración el sello habitual del autor: su lucidez y conocimiento de la condición humana.

Definir a Falcó como héroe o antihéroe es una tontería. También compararlo con el personaje por excelencia de Pérez-Reverte, el capitán Alatriste. El escritor cartagenero prefiere ahora sacar la carga más pesada de su mochila vital, que desde luego hay muy pocos que compartan a su nivel.

Mi biblioteca de Pérez-Reverte

Mi biblioteca de Pérez-Reverte

Mis peros

Que, lectora habitual del género negro más negro, no he sentido tener nada nuevo entre las manos. Hay muchos canallas como Falcó, y presentarlos en un conflicto tan manido como la Guerra Civil española, tampoco ayuda al factor novedad. Todos sabemos que no faltaron canallas de todos los bandos y colores. Recordarlo, a mi entender, resulta innecesario y fatigoso.

En cuanto al mal, la falta de moralidad y escrúpulos… Sí, bien, a todos nos gustaría despojarnos de ellos en alguna ocasión y la literatura nos proporciona esa posibilidad. Pero precisamente por mostrar esas cartas tan claras desde el principio, no sorprende que Falcó sea un hijo de perra. Por tanto, tampoco sorprende lo que hace o deja de hacer, ni él ni el resto de personajes. En mi opinión, no aportan más que el (cierto) interés sobre cómo interactuarán, las traiciones o no que se harán y si se librarán de ellas.

Solo te queda aprovechar, una vez más, el estilo tan del autor, su excelente e impecable prosa y su ingente cultura histórica y vital, tan genuina. Pero he necesitado más: más emoción, más entusiasmo, más impacto.

No me extraña que Reverte se haya quedado con ganas de darle continuidad al personaje. Se presta a seguir vaciando esa mochila de maldad vista y vivida de forma tan intensa. Pero, según mi impresión, o varía el enfoque y consigue hacerlo más atractivo de lo que pretende, o Falcó se quedará en eso, en un canalla más. Y es una pena. No obstante, la serie acaba de empezar. Podrá -y tendría- que darle más forma.

Un amigo peligroso – Arturo Pérez-Reverte.

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Un comentario

  1.   Tomás S. dijo

    Pues yo lo he leido a Falcó en una sola tarde, con entusiasmo, y me parece al contrario que a la reseñadora una originalisima manera de abordar la novela de espías con el fondo de nuestra guerra civil. A lo mejor pasa que es verdad lo que dice ella, que no está con ánimos para apreciarla. Creo que nunca se habia escrito una novela así ni escrito jamas sobre la guerra civil de estsa manera sombrosa y tan eficaz. Y me acabo de hacer falcoadicto, el personaje me ha enganchado del todo. Necesito una dosis de la siguiente, y lo que me fastidia es lo que aún falte para que se publique.

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