
El lema «Está en los libros» se ha convertido estos días en Badajoz en algo más que una frase hecha: es el eje de un certamen escolar que ha llevado a cientos de estudiantes a sumergirse en la literatura y a descubrir cómo una novela histórica puede dialogar con sus propias vivencias recientes. El escenario no podía ser más propicio: la 45ª Feria del Libro de la ciudad, que ha incorporado este concurso como una de sus citas educativas estrella.
En esta edición, el protagonismo ha recaído sobre «El diario de la peste», de Espido Freire, una obra que conecta el Toledo de finales del siglo XVI con inquietudes muy presentes en los jóvenes de hoy. A partir de esta lectura común, colegios e institutos han trabajado durante semanas para presentar proyectos, reflexiones y actividades creativas que demuestren, con hechos, que buena parte de lo que vivimos, tememos y esperamos está, efectivamente, en los libros.
Un concurso escolar con la literatura como punto de encuentro
El concurso «Está en los libros» se enmarca dentro del programa escolar de la Feria del Libro de Badajoz, con el objetivo declarado de reforzar el vínculo entre aulas, bibliotecas y espacios culturales de la ciudad. Lejos de ser un simple certamen de redacciones, la iniciativa busca que el alumnado trabaje la lectura de manera activa: analizando personajes, contextos históricos, emociones y paralelismos con la realidad actual.
En esta ocasión, el colegio Santa Teresa de la capital pacense ha sido el gran ganador, mientras que el IES Domingo Cáceres ha quedado finalista. Ambos centros han destacado por la calidad de sus propuestas, que combinan el análisis literario con formatos creativos muy variados: desde presentaciones y murales hasta pequeños ensayos y debates en clase, siempre tomando la novela de Freire como hilo conductor.
La entrega de trofeos se ha celebrado en plena Feria del Libro, con el respaldo institucional del Ayuntamiento. El acto ha contado con la presencia del alcalde de Badajoz, Ignacio Gragera, y del concejal de Cultura, José Antonio Casablanca, que han querido subrayar la importancia de que las nuevas generaciones encuentren en los libros un espacio de reflexión, conocimiento y convivencia.
Más allá de los premios, el certamen pretende consolidar una tradición de encuentros anuales entre escritoras con el público más joven, aprovechando el tirón de la feria para que la lectura no se quede solo en el aula, sino que ocupe también plazas, carpas y casetas de firmas.

Espido Freire, la autora que empezó contando historias en verano
Uno de los momentos más esperados de «Está en los libros» ha sido el encuentro directo entre Espido Freire y el alumnado del colegio Santa Teresa y del IES Domingo Cáceres. Tras la entrega de premios, la autora se ha sentado con estudiantes y profesorado para hablar, sin demasiada solemnidad, de cómo nació «El diario de la peste» y de por qué siempre tuvo claro que era una historia pensada para chicos y chicas.
En esas primeras narraciones orales, la escritora preguntaba a los más pequeños qué temas les inquietaban o atraían. Según contaba a los estudiantes, muchas de las respuestas la sorprendieron: los miedos a perder a los padres, a quedarse solos, a que el mundo que conocían cambiara de golpe. Esa mezcla de temores y curiosidad infantil se fue sedimentando hasta cristalizar, años más tarde, en la novela que hoy leen chicos y chicas en los institutos.
Freire confesó que, de joven, ya había leído obras como «Robinson Crusoe» o «Diario del año de la peste» y que la fascinaba la gran peste negra que arrasó Europa en la Edad Media. A partir de esa preocupación histórica y de aquellas conversaciones con sus primos, imaginó la figura de Elena, una adolescente enfrentada a un mundo en crisis que, sin embargo, busca la manera de seguir adelante.
«El diario de la peste»: Toledo, epidemias y ecos del presente
La novela elegida para articular el concurso transporta al lector al Toledo de 1598, en pleno brote de peste. Allí, Elena Hurtado observa cómo su entorno cambia a un ritmo vertiginoso: calles vacías, temor al contagio, noticias confusas y decisiones difíciles que afectan a su familia y a su comunidad. El escenario, aunque remoto en el tiempo, no resulta tan ajeno para una generación que ha crecido con mascarillas, cuarentenas y clases a distancia.
Durante el encuentro, la escritora invitó a los estudiantes a detectar paralelismos entre esa epidemia histórica y la pandemia de la Covid-19. Sin caer en comparaciones simplistas, la conversación derivó hacia cómo reaccionan las sociedades ante el miedo, las limitaciones de la vida cotidiana y la necesidad de apoyarse en otros cuando todo parece tambalearse.
El libro, ganador del XXII Premio Anaya de Literatura Infantil y Juvenil 2025, ha sido concebido como una puerta de entrada al pasado para lectores jóvenes. En lugar de un tratado académico, ofrece una narración cercana que permite comprender cómo vivían los jóvenes de otra época momentos de incertidumbre comparables a los actuales, con sus propias dudas, afectos y contradicciones.
El certamen «Está en los libros» ha aprovechado esa conexión para que la lectura no se limite a seguir una trama, sino que sirva de base para debates en clase sobre historia, ciencia, salud pública o incluso ética: qué decisiones se toman en una crisis, quién cuida de quién, qué papel juegan las autoridades y qué responsabilidades asume cada persona.
Leer juntos para construir comunidad
Espido Freire aprovechó su intervención para ir más allá de la anécdota literaria y recordar al alumnado que los libros no solo alimentan la inteligencia individual, sino que ayudan a entender que formamos parte de una comunidad. A su juicio, las historias compartidas -las que se leen y las que se cuentan en voz alta- contribuyen a tejer lazos en momentos de desconcierto colectivo.
Al hilo de la charla, la autora evocó la reciente experiencia de la pandemia de Covid-19 y episodios como los temores a apagones o crisis inesperadas. No se trataba de sembrar alarma, sino de subrayar que la literatura puede ofrecer referentes para pensar estos acontecimientos con cierta perspectiva, sin quedarse solo en el ruido inmediato de las redes o las noticias fugaces.
En un contexto en el que gran parte de la información llega a golpe de notificación, el concurso «Está en los libros» reivindica un tipo de lectura más pausada, muchas veces asociada al libro en papel. Sin entrar en la guerra entre formatos, las actividades propuestas en los centros participantes han insistido en la importancia de encontrar ratos de quietud para leer, comentar y dejar que una historia cale con calma.
La propia celebración de la Feria del Libro de Badajoz, con sus casetas, encuentros y firmas, ofrece un contrapunto a la cultura del consumo inmediato de contenidos. Docentes y organizadores coinciden en que llevar al alumnado a la feria, ponerles cara a los autores y otorgarles un protagonismo real en un concurso con nombre propio es una forma muy concreta de decirles que su relación con los libros importa.
Cuando las historias siguen sonando después de cerrar la última página
Más allá de la crónica del evento, la filosofía de «Está en los libros» enlaza con una idea muy sencilla: los buenos libros no se acaban cuando se cierran. Docentes y estudiantes que han participado en el certamen destacan que determinadas frases, escenas o personajes reaparecen tiempo después, a veces en una conversación familiar, otras en el momento más inesperado.
En las aulas, a partir de la novela de Espido Freire, han aflorado emociones tan distintas como la ilusión, la curiosidad, la nostalgia o el miedo, que el propio alumnado ha aprendido a poner en palabras. En algunos grupos, la lectura se ha acompañado de pequeñas tertulias al estilo de una sobremesa de Sant Jordi: cada quien comentaba qué parte del libro le había removido más y por qué.
Para muchos profesores, este tipo de iniciativas demuestran que la lectura compartida sigue teniendo un poder que no se agota en las actividades obligatorias. Algunos estudiantes han llegado a la feria simplemente intrigados por conocer a la autora que imaginaron de pequeños leyendo otros títulos, y han salido con ejemplares firmados, listas de nuevas lecturas y la sensación de que la literatura no es algo lejano ni reservado a especialistas.
Desde Badajoz se lanza también una invitación abierta: la conversación en torno a los libros no termina con el concurso. Cualquier lector puede sumarse contando qué obra le marcó, qué primera frase le atrapó o qué emoción se le quedó pegada al recibir un libro como regalo. Al fin y al cabo, si algo ha dejado claro esta edición de «Está en los libros» es que, cuando las historias se comparten, la experiencia lectora se multiplica y ayuda a entender mejor tanto el pasado como el presente.