El tesón de Céline en sus últimas horas

Foto de Celine

Por muchos es sabido que los escritores tratan de vaciarse antes de su muerte, es decir, sacar afuera todos los proyectos que tienen en mente y no dejar nada inconcluso para cuando la parca venga a visitarlos. Ese fue el caso de Céline, de quién su mujer llegó a describir sus horas finales de la siguiente manera:

“Andaba por ahí enfundado en una bata atada con una cuerda, era una especie de polichinela que metía, por qué negarlo, un poco de miedo. Ya no comía casi. Se saltaba almuerzos y cenas. Solo tenía una gran pasión por los croissants. Su vida, sus últimas energías las gastaba en el trabajo. Escribía en las pocas horas matutinas de alivio que le dejaban las migrañas, cada vez más fuertes. Luego por la noche me llamaba para leerme lo que había escrito. Declamaba fuerte, a trompicones, rompiendo las frases, pero nunca se quedaba satisfecho con lo que hacía. Volvía a escribir diez, veinte veces cada capítulo. Siempre en busca del ritmo musical perfecto… pero sus ataques se volvieron cada vez más violentos y seguidos hasta que llegó el definitivo, el 1 de julio de 1961. Acababa de terminar Rigodón. Murió sin permitirme que llamara a un médico”.

Más información – Delibes y lo que es trabajar

Foto – Juan Francisco Ferre

Fuente – Escribir es un tic (Francesco Piccolo)

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