El mundo en 10 poemas

pablo-neruda

La India huele a fruta y jazmín, en África un espectro se eleva en la estela que deja la guerra y en Chile una vez alguien escribió unos versos nocturnos mirando al Pacífico.

Desde tiempos ancestrales, los poetas del mundo han adaptado las leyes de la naturaleza a sus versos interpretando una realidad propia, la de tocar con los dedos el mundo de los sueños que una vez el hombre olvidó.

Una existencia vista a través de cristales tan personales como universales que engloban este viaje por el mundo en 10 poemas.

ⒸLeonid Tishkov

Entre las flores, un tazón de vino
bebo solo, ningún amigo está cerca.
Levanto mi copa, invito a la luna
y a mi sombra, y ahora somos tres.
Mas la luna nada sabe de bebidas
y mi sombra se limita a imitarme,
pero así y todo, luna y sombra serán mi compañía.
La primavera es época propicia para el goce.
Canto y la luna prolonga su presencia,
bailo y mi sombra se enreda.
Mientras me mantengo sobrio, somos alegres juntos,
cuando me embriago, cada uno marcha por su lado
jurando encontrarnos en el Río de Plata de los cielos.

Bebiendo solo a la luz de la luna, de Li Bai (China)

india

El río avanza, mansamente, abriendo la noche.
Las estrellas, desnudas, tiemblan en el agua.

El río traza una línea de rumor en el silencio.
He abandonado mi barca al capricho de las aguas.

Tendido cara al cielo pienso en ti que duermes, extraviada entre los sueños.
Tal vez ahora me sueñes, amor mío de nocturnos, húmedos ojos estrellados.
Pronto mi barca ha de pasar frente a tu casa, amor mío, extendida en tu sueño
como un río.

Tal vez por mí palpite tu dormida boca entreabierta.
Llega una ráfaga de fruta y de jazmín.

Este viento ha pasado por tu casa y en él
toco tu sueño y aspiro tu aroma y beso tu boca, amor mío que tal vez ahora
andas conmigo, en un jardín, por tu sueño.

Detrás de tu oreja, entre los cabellos, húmedos del baño todavía, arde un jazmín, en tu sueño.
Dame la mano y mírame a los ojos, en tu sueño, amor mío, y suavemente arrástrame al círculo mágico en que ahora, dormida, sonríes.
Ya veo, entre la sombra de la orilla, una lucecita que me mira con amoroso parpadeo.
Es tu casa: para mí la más dulce, la más cercana y lejana de las estrellas, amor mío.

La estrella, de Rabindranath Tagore (India)

 

El espectáculo es eso. Espada y vena.

Un soñador incapaz de ver más allá del horizonte.

Hoy es mejor que mañana pero los muertos son los que

Se renovarán y nacerán cada día

Y cuando intenten dormir, los conducirá la matanza

De su letargo hacia un sueño sin sueños. No importa

El número. Nadie pide ayuda a nadie. Las voces buscan

Palabras en el desierto y responde el eco

Claro, herido: No hay nadie. Pero alguien dice:

“El asesino tiene derecho a defender la intuición

del muerto”. Los muertos exclaman:

“La víctima tiene derecho a defender su derecho

a gritar”. Se eleva la llamada a la oración

desde el tiempo de la oración a los

féretros uniformes: ataúdes levantados deprisa,

enterrados deprisa… no hay tiempo para

completar los ritos: otros muertos llegan

apresuradamente de otros ataques, solos

o en grupos… una familia no deja atrás

huérfanos ni hijos muertos. El cielo es gris

plomizo y el mar es azul grisáceo, pero

el color de la sangre lo ha eclipsado

de la cámara un enjambre de moscas verdes.

Moscas verdes, de Mahmud Darwish (Palestina)

La tierra es una cárcel,

y los cielos guardan las estrellas fugaces.

Huye,

entra en el trono del amor,

pues la muerte es una criatura,

y tu lugar es el destierro.

Tu secreto se ha difundido,

y la duración de tu tiempo surge de una rosa.

Visitarás un istmo

y serás aniquilado,

mas tu alma permanecerá indescifrable.

Dichos del exilio, de Ahmad Al-Shahawi (Egipto)

africa-poesia

Mi espectro se levantó de entre la lluvia de plomo,

Y declaró “soy un civil” logrando tan sólo

Acrecentar tu miedo. ¡Mas cómo habría

De levantarme, yo, un ser de esta tierra, en aquella hora

De muerte impasible! entonces pensé:

tu batalla no es de este mundo.

Civil y soldado, de Wole Soyinka (Nigeria)

Suelen, por divertirse, los mozos marineros
cazar albatros, grandes pájaros de los mares
que siguen lentamente, indolentes viajeros,
el barco, que navega sobre abismos y azares.

Apenas los arrojan allí sobre cubierta,
príncipes del azul, torpes y avergonzados,
el ala grande y blanca aflojan como muerta
y la dejan, cual remos, caer a sus costados.

¡Que débil y que inútil ahora el viajero alado!
El, antes tan hermoso, ¡que grotesco en el suelo!
Con su pipa uno de ellos el pico le ha quemado,
otro imita, renqueando, del inválido el vuelo.

El poeta es igual … Allá arriba, en la altura,
¡qué importan flechas, rayos, tempestad desatada!
Desterrado en el mundo, concluyó la aventura:
¡sus alas de gigante no le sirven de nada!

El albatros, de Charles Baudelaire (Francia)

Federico garcía lorca

Largo espectro de plata conmovida…

Largo espectro de plata conmovida

el viento de la noche suspirando,

abrió con mano gris mi vieja herida

y se alejó: yo estaba deseando.

Llaga de amor que me dará la vida

perpetua sangre y pura luz brotando.

Grieta en que Filomela enmudecida

tendrá bosque, dolor y nido blando.

¡Ay qué dulce rumor en mi cabeza!

Me tenderé junto a la flor sencilla

donde flota sin alma tu belleza.

Y el agua errante se pondrá amarilla,

mientras corre mi sangre en la maleza

mojada y olorosa de la orilla.

Largo espectro de plata conmovida, de Federico García Lorca (España)

Yo jamás he visto un yermo
y el mar nunca llegué a ver
pero he visto los ojos de los brezos
y sé lo que las olas deben ser.

Con Dios jamás he hablado
ni lo visité en el Cielo,
pero segura estoy de a dónde viajo
cual si me hubieran dado el derrotero.

Certidumbre, de Emily Dickinson (Estados Unidos)

Tengo miedo de verte, necesidad de verte, esperanza de verte, desazones de verte.

Tengo ganas de hallarte, preocupación de hallarte, certidumbre de hallarte, pobres dudas de hallarte.

Tengo urgencia de oírte, alegría de oírte, buena suerte de oírte y temores de oírte.

O sea resumiendo, estoy jodido y radiante, quizá más lo primero que lo segundo y también viceversa.

Vicevera, de Mario Benedetti

noche

Escribir, por ejemplo: “La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos”.

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis
brazos,mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche, de Pablo Neruda (Chile)

¿Te ha gustado este viaje por el mundo en 10 poemas? ¿Con cuál te quedas?

 

 

 

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3 comentarios

  1.   Alicia dijo

    Debo decir Neruda, pero no sería justo. La selección es muy buena. Todos buenos. Indefinibles las emociones, de acuerdo a la subjetividad de cada lector. Gracias.

  2.   Ruth Dutruel dijo

    Yo me quedo con Benedetti. Él es mi favorito. Pero en esta selección todos son muy buenos.

  3.   Miguel dijo

    Para mi neruda y benedetti son los poetas más poderosos, los que mejor expresan la emoción humana.

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