El hombre celoso, de Jo Nesbø. Reseña

Fotografía: (c)MariolaDCA

Los libros de Jo Nesbø me suelen durar una media de entre 7 y 10 días y, en varios casos, hubiera sido menos porque siempre quieres alargar esos pequeños placeres que te da la vida. También ha sido el caso del último, El hombre celoso, título del 2.º de los 12 relatos que lo componen y el más largo junto a La isla de las ratas. El resto varía entre muy cortos como La cola, cortos como Londres, y de extensión media. Todos conforman unas 600 páginas, más o menos, que demuestran una vez más que a este maestro de la ficción más negra no se le pone nada por delante y todo le sale bien. Esta es mi reseña.

El hombre celoso — Reseña

Vaya por delante que

obviamente no es objetiva por mi más que sabida admiración por Nesbø. Así que el que avisa no es traidor. Para leer reseñas sesudas o académicas y profesionalísimas, pues doctores tiene la Iglesia y yo no soy uno de ellos.

Dicho esto, voy al grano. Da igual que escriba 12 relatos, la serie de Harry Hole, novelas independientes como El reino, Sol de sangre, El heredero, Sangre en la nieve, Headhunters, versiones de clásicos como Macbeth, libros infantiles como los del Doctor Proctor y hasta zarzuelas si se pone, que para eso también tiene una banda: Jo Nesbø no falla.

Imposible resumir o tratar de diseccionar todo lo que hay en estos 12 relatos divididos en dos partes, celos y poder. En realidad, lo principal es que giran en torno a esos dos conceptos, pero también se vuelven a reducir a los que son recurrentes en su obra y que muchas veces ha señalado: el amor y la muerte, que desde los clásicos griegos —y aquí se ve su influencia de nuevo— son los que dominan el mundo con la ayuda de los dos primeros más la ambición.

Para completar la faena echa mano de ambientaciones en ciudades tan variopintas como Londres, la griega Kálimnos (El hombre celoso), unas distópicas Milán y El Alaiún (Maculadora) o nuestras Pamplona y San Sebastián (Cigarras) en unos sanfermines fantásticos literalmente. Se mete en la piel de abogados y chavales de pandillas posapocalípticas (La isla de las ratas), policías, inmigrantes, basureros (Basura), taxistas (El pendiente), escritores (Odd), psicópatas, investigadores médicos que buscan curas para pandemias y terminan cruzando demasiadas líneas y borrando demasiadas memorias, o asesinos a sueldo sin piedad como en Londres o marcados por pérdidas y obligados a jugar diabólicas partidas de ajedrez como en Caballo negro.

Y para rematarla nos introduce en universos nuevos con elementos no solo distópicos, sino fantásticos como en Cigarras con su historia de dos amigos que, en realidad, son viajeros en el tiempo. Pero no, no son elementos que sorprendan, no si se ha leído toda la obra de Nesbø.

Inciso

Es aquí donde va un recado para los lectores que se han quedado solo en Harry Hole porque han leído algún otro y no les ha gustado o los pueden considerar más flojos. Sí, es verdad, a todos nos apasiona Harry y es cierto que puede haber eclipsado lo demás, pero hay vida más allá de él. Desde luego, y afortunadamente, Nesbø no se ha dejado llevar más que por sus ganas de seguir contando las historias que quiere.

Así que no defrauda. Por lo menos no a quienes nos fascina su estilo de narrar y su negrura sin concesiones y tan macabra en varias ocasiones —el momento perro de Caballo negro es para hacérselo mirar—. No a quienes nos admira su capacidad para encontrar y expresar con la misma fuerza una gran humanidad, ternura y amor en el fondo más profundo de esa oscuridad. Y no a quienes nos siguen sorprendiendo y maravillando, por mucho que conozcamos el truco, esos giros de guion en las últimas páginas o párrafos, incluso líneas. Esa manera magistral de llevarte al engaño que, sin embargo, te lo ha ido avisando.

Me quedo con

Es difícil, porque todos los relatos me han tocado en mayor o menor medida, por el ingenio y la trama, por ese ritmo. Pero pondré por encima el citado Caballo negro, que es el último. Y sobre todo Odd, una obra de ingeniería técnica y un retrato perfecto de quien mejor conoce: el de un escritor y su imaginación. La sonrisa de te-la-ha-colado-pero-bien que esbocé al acabarlo no se me olvidará.

Pero también subrayo La isla de las ratas, que es más bien una novela corta, por su tono y ambiente apocalípticos y esa venganza —o justicia, como se le quiera llamar— de su final. Y Cigarras, por la técnica de rompecabezas con el elemento fantástico de paradojas temporales que, por el toque negro y el audaz planteamiento, no queda absurdo en absoluto.

En definitiva

El hombre celoso es otra muestra más de la habilidad marca de la firma Nesbø para tocar todos los géneros y llevarlos a su terreno o darles su tono único.


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