La ciudad de Cuenca se convierte estos días en epicentro europeo de la novela negra con una nueva edición del Festival Internacional de Novela Negra Las Casas Ahorcadas. El certamen, organizado por el club de lectura homónimo, combina encuentros con autores de primer nivel, debates sobre el género criminal y un potente programa educativo dirigido a públicos muy diversos.
Entre el 4 y el 7 de febrero, distintos espacios culturales conquenses acogen mesas redondas, telefórum, masterclass y actividades didácticas que exploran la capacidad del noir para abordar temas como la memoria histórica, la violencia estructural, la mente del asesino o la denuncia social. La entrada a todas las propuestas es gratuita hasta completar aforo, lo que refuerza la vocación abierta e inclusiva del festival.
Un festival que mira al presente y al futuro de la novela negra
El Festival Internacional de Novela Negra Las Casas Ahorcadas se ha consolidado, edición tras edición, como uno de los referentes del género criminal en España. Impulsado por el club de lectura Las Casas Ahorcadas y coordinado por su creador, Sergio Vera, el certamen mantiene una doble brújula: cuidar al lector adulto habitual de novela negra y sembrar el interés por el misterio entre los lectores más jóvenes.
En esta nueva entrega, el festival reúne a una treintena de escritores, divulgadores y especialistas que participan en mesas temáticas y encuentros con el público. La programación se reparte entre el Centro Cultural Aguirre, el Museo Paleontológico de Castilla-La Mancha y la Facultad de Bellas Artes del campus universitario, convirtiendo Cuenca en un gran escenario literario donde el crimen de ficción sirve para reflexionar sobre la realidad.
El festival cuenta con el respaldo institucional y privado de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, la Diputación y el Ayuntamiento de Cuenca, además del Consorcio Ciudad de Cuenca, el Patronato Cardenal Gil de Albornoz y empresas como General Óptica y Masfarné. Este tejido de apoyos permite que el acceso sea libre y que el programa educativo tenga continuidad y ambición.
Según subraya la organización, el objetivo no es solo ofrecer ocio cultural, sino utilizar la novela negra como herramienta de análisis social, diálogo intergeneracional y fomento de la lectura en una época marcada por la omnipresencia de las pantallas.
«Con sangre entra»: misterio y nuevas tecnologías para enganchar a los jóvenes
Una de las señas de identidad del festival es su Plan de Animación a la Lectura de Misterio, bautizado con el irónico título de «Con sangre entra». Este programa, patrocinado por General Óptica, está dirigido al alumnado de Primaria, Secundaria, Bachillerato y Formación Profesional, y se ha convertido en un banco de pruebas para experimentar con nuevas formas de acercar los libros al alumnado.
Las jornadas didácticas se celebran principalmente en el Museo Paleontológico de Castilla-La Mancha y en la Facultad de Bellas Artes. Allí, los estudiantes participan en encuentros con autores, visionados de adaptaciones audiovisuales, talleres de criminología aplicada y sesiones de introducción a disciplinas como las ciencias forenses o la lingüística forense, siempre con la novela negra como hilo conductor.
Beatriz Osés, apodada «reina del thriller infantil y juvenil» gracias a sagas como «Erik Vogler» o la trilogía «El cementerio de Everden», protagoniza la primera jornada del 4 de febrero. La autora se reúne con alumnos de 6.º de Primaria y 1.º de ESO para comentar un capítulo de «La tumba de Walter Malone», combinando humor, intriga y personajes excéntricos como fórmula para enganchar a lectores poco habituados a leer.
Osés defiende que la literatura de misterio es un «gancho» eficaz para la generación pantalla, siempre que los libros sean visuales, de capítulos breves y cargados de acción y diálogos. A su juicio, los festivales deberían reservar un espacio estable para la literatura infantil y juvenil, y permitir que los jóvenes dialoguen con autores vivos, algo imposible con los clásicos del canon escolar.
El creador del festival, Sergio Vera, doctor en comprensión lectora y con varios másteres en animación a la lectura, insiste en que la formación lectora debe ser previa a la puramente literaria. Su planteamiento es claro: antes de exigir a los alumnos obras complejas como «La Celestina», conviene reforzar la competencia de comprensión y dejar cierto margen de elección en las lecturas para no desmotivar a quienes están acostumbrados al consumo inmediato de contenidos digitales.
Telefórum, cómic y ciencia forense: el crimen como recurso pedagógico
El mismo 4 de febrero, el festival cede el protagonismo al cómic con la presentación de la serie de novela gráfica «Gloria Victis», ambientada en el Imperio romano, de la mano del guionista y director Juanra Fernández y del dibujante Mateo Guerrero. El objetivo es mostrar a los estudiantes que el relato criminal y de aventuras también puede llegar a través de la viñeta.
El 5 de febrero, de nuevo en el Museo Paleontológico, se organizan dos propuestas dirigidas a alumnado de 4.º de ESO, Bachillerato y FP. Por un lado, un telefórum sobre «Memento Mori», que permite comparar la novela original con su adaptación televisiva en una plataforma de streaming, en presencia de su autor, César Pérez Gellida, reciente ganador del Premio Nadal. Por otro, una masterclass de introducción a la criminología a cargo de la periodista Carmen Corazzini, tomando como caso de estudio el crimen de Pioz y el análisis de los mensajes de WhatsApp del asesino.
Ese mismo día, los narradores cubanos Lorenzo Lunar y Rebeca Murga imparten talleres de relatos policíacos inspirados en cuentos populares, una forma de demostrar cómo se puede adaptar el esquema de la intriga criminal a historias tradicionales que el alumnado ya conoce.
El viernes 6 de febrero, el plan «Con sangre entra» se traslada al Aula Magna de la Facultad de Bellas Artes, con un bloque específico para estudiantes de 2.º y 3.º de ESO. Los primeros asisten a una sesión de introducción a las ciencias forenses y al uso de las huellas dactilares, impartida por el capitán Óscar Palomares y el laboratorio de Criminalística de la Comandancia de la Guardia Civil de Cuenca, además de una nueva masterclass con Lunar y Murga.
Para los alumnos de 3.º de Secundaria, el festival propone un telefórum con Jerónimo Tristante, creador del detective Víctor Ros, personaje inspirado en la tradición de Sherlock Holmes y adaptado también a la televisión, junto a una sesión de lingüística forense con la especialista Sheila Queralt, centrada en el análisis de mensajes en redes sociales. El objetivo de estas actividades es mostrar que la lectura y la escritura tienen una traducción directa en competencias útiles para interpretar la realidad digital.
Autores de referencia: del thriller juvenil al noir más descarnado
Más allá del ámbito escolar, el festival convoca a novela negra española y europea, que dialogan con lectores adultos y comparten escenario en mesas redondas especializadas. Entre ellos figuran Marta Robles, Beatriz Osés, César Pérez Gellida, Víctor del Árbol o el italiano Gianrico Carofiglio, además de autores y expertos locales.
La participación de Marta Robles se enmarca en las actividades del Centro Cultural Aguirre, donde la periodista y escritora madrileña interviene en la mesa redonda «Matar en tiempos revueltos: memoria histórica y criminal». Desde allí, Robles conecta su última novela, «Amada Carlota», con uno de los capítulos más oscuros de la historia reciente española: el robo de bebés, un fenómeno que, según recuerda, se prolongó desde la dictadura hasta bien entrada la democracia.
Robles enfatiza que el verdadero núcleo de su obra no es solo el crimen en sí, sino los silencios impuestos a las mujeres a lo largo de varias generaciones. Para ello recupera al detective Tony Roures, un exreportero de guerra marcado por su pasado, que investiga la desaparición de la hija de una jueza cuando esta era menor de edad. A través de su mirada, la autora explora las zonas grises de la moral y evita levantar juicios fáciles sobre personajes que actúan bajo presión o en contextos de violencia institucional.
En paralelo, la presencia de autores como Beatriz Osés y César Pérez Gellida permite al festival mostrar el amplio espectro del noir actual: desde el thriller juvenil que ayuda a los adolescentes a enfrentarse a sus miedos desde la ficción, hasta las tramas más duras que se adentran en la psicología criminal y la violencia explícita. Esa diversidad de registros facilita que el público se reconozca en propuestas muy distintas según su edad, experiencia lectora e intereses.
La organización subraya que esta convivencia de miradas responde a la filosofía del festival: entender la novela negra no solo como entretenimiento, sino como un marco flexible para analizar la memoria, las desigualdades y las contradicciones del presente, sin renunciar a la intriga ni al ritmo narrativo.
César Pérez Gellida y la fascinación por la mente del asesino
Entre los nombres destacados de la programación figura César Pérez Gellida, uno de los grandes referentes del noir español contemporáneo. El autor regresa a Cuenca con una agenda intensa que arranca el miércoles 4 de febrero, en la jornada de apertura del festival, cuando participa en la mesa redonda «Spanish Psycho», planteada en torno a una pregunta provocadora: «¿Cómo se mata en España?».
En este encuentro, el escritor reflexiona sobre hasta qué punto existe una forma «española» de matar. Aunque duda de que pueda hablarse de un modelo criminal estrictamente nacional, sí apunta a patrones vinculados a la historia social del país: conflictos por la tierra y las lindes, tensiones familiares, envidia o crímenes motivados por los celos. Recuerda además que España no ha sido particularmente prolífica en asesinos en serie, lo que contrasta con la imagen que a menudo proyectan algunas ficciones internacionales.
Pérez Gellida insiste en matizar la relación entre psicopatía y asesinato, subrayando que no todos los psicópatas son asesinos en serie ni todos los asesinos encajan en el perfil del psicópata. Su interés se centra más en los «porqués» que en el morbo del crimen en sí: qué experiencias, contextos o desequilibrios llevan a una persona a instalarse en la sociopatía y a encontrar placer en el dolor ajeno.
El autor reconoce que una de las partes más exigentes de su trabajo es la documentación y la inmersión psicológica en personajes extremos. Para él, el reto está en construir figuras complejas, con una evolución interna coherente, que permitan al lector asomarse a un «pozo muy oscuro» difícil de comprender desde la vida cotidiana. Esa interpretación del personaje es lo que le atrae de los llamados psychokillers, más allá del impacto superficial de la violencia.
Al día siguiente, Pérez Gellida protagoniza el ya mencionado telefórum con estudiantes en torno a «Memento Mori», donde se analiza tanto el libro como su adaptación audiovisual. El escritor considera que esta novela, de estructura fragmentada en escenas cortas y sucesión continua de acontecimientos, encaja bien con los hábitos de lectura de los jóvenes, acostumbrados a ritmos narrativos próximos a los de las series y las plataformas de vídeo.
Violencia, ética y diálogo entre ficción y criminología
En sus intervenciones públicas en Cuenca, Pérez Gellida aborda también el eterno debate sobre los límites éticos de la violencia en la ficción. Su postura es tajante: en el terreno de la narrativa, no cree que existan líneas infranqueables predefinidas, sino sensibilidades distintas entre lectores. Hay quien evita este tipo de novelas porque les generan malestar, algo que respeta, pero que no le lleva a autocensurarse en el tratamiento del crimen.
La mesa «Spanish Psycho» se plantea precisamente como un espacio para confrontar la perspectiva literaria con la de la criminología y la divulgación especializada. Junto a Pérez Gellida participan la criminóloga Carmen Corazzini y el escritor conquense Alberto Val, lo que permite contrastar los códigos de la ficción con los de la investigación real de casos ocurridos en España.
El autor subraya el valor de esta combinación: mientras los novelistas trabajan con licencias y estrategias narrativas, los criminólogos se rigen por parámetros conductuales, datos empíricos y expedientes judiciales. El diálogo entre ambos enfoques enriquece la comprensión del fenómeno criminal y aporta al público una mirada más matizada que la que ofrece solo la literatura o solo el informe técnico.
En ese cruce de miradas se inserta también la masterclass de Corazzini sobre el crimen de Pioz, donde se analizan los mensajes del asesino como rastro digital de su conducta. Esta actividad refuerza la idea de que la novela negra y las ciencias del comportamiento pueden retroalimentarse, tanto para mejorar la verosimilitud de las tramas como para sensibilizar sobre la violencia real.
El festival, así, se presenta como un lugar en el que la frontera entre entretenimiento, divulgación y reflexión social se vuelve porosa, permitiendo que el público se acerque al crimen desde la seguridad de la ficción, pero sin perder de vista las implicaciones éticas y humanas de los hechos que inspiran muchas historias.
La novela negra como denuncia social: Víctor del Árbol y Carofiglio
Otro de los grandes bloques del festival está dedicado a la dimensión social y ética del noir. El 6 de febrero, el salón de actos del Centro Cultural Aguirre acoge la mesa redonda «Justicia poética, denuncia social en verso libre y criminal», con la participación del escritor español Víctor del Árbol, Premio Nadal y Caballero de las Artes y las Letras de Francia, y del autor italiano Gianrico Carofiglio.
Del Árbol defiende que la vocación de la novela negra, tal y como surgió históricamente, ha sido la de radiografiar los males de su tiempo. Más que una mera crónica de sucesos, el noir nace con una intención ética: cuestionar qué falla en las estructuras sociales, qué grietas de la democracia favorecen la corrupción o la violencia y cómo afectan estas dinámicas a las personas corrientes.
Para el escritor barcelonés, esta perspectiva resulta especialmente pertinente en el contexto actual, marcado por la desconfianza ciudadana en las instituciones y por el aumento de la desigualdad. A su juicio, la novela negra mantiene una «pulsión» de movilizar conciencias a través del entretenimiento, sin necesidad de renunciar al suspense ni a la trama criminal para plantear interrogantes incómodos sobre el poder.
Del Árbol insiste también en el papel de la literatura como herramienta para crear comunidad y combatir la sensación de aislamiento. Frente a los análisis puramente estadísticos de las tragedias, reivindica el relato emocional, capaz de conectar a los lectores a través de la experiencia compartida del dolor y la vulnerabilidad. Más que etiquetar sus libros como «novelas de denuncia», prefiere pensar en historias que permiten reconocerse en los conflictos ajenos.
La presencia de Carofiglio, con su importante bagaje intelectual y su atención al lenguaje, sirve de ejemplo para sostener que el viejo debate sobre si la novela negra puede ser «alta literatura» está, en palabras de Del Árbol, prácticamente superado. Los dos autores evidencian cómo el noir puede aspirar a la máxima exigencia estilística sin perder su raíz popular ni su vocación crítica.
Trilogías, corrupción y el cierre de un universo narrativo
En Cuenca, Víctor del Árbol también presenta «Las buenas intenciones», la novela que cierra la trilogía del «sicario sin nombre», iniciada con «El tiempo de las fieras» y continuada con «Nadie en esta tierra». El título, de tono deliberadamente irónico, alude al modo en que las personas se autoengañan justificando sus actos con supuestos fines nobles.
El autor cuestiona la idea del «mal menor» utilizado como coartada para decisiones que vulneran principios básicos. En la novela aborda temas como la corrupción inmobiliaria y se inspira en el escándalo del Banco Ambrosiano en los años ochenta, un caso que salpicó a la Iglesia católica por sus vínculos con la mafia italiana y el blanqueo de capitales. A partir de ahí, reflexiona sobre la doble moral y el cinismo en el mundo de los negocios.
Del Árbol sostiene que la verdad es objetiva y que lo que cambia son los usos que se hacen de ella para legitimar intereses particulares. Esta convicción impregna una trama en la que el protagonista, que antes ejercía como juez y verdugo en un universo violento, pasa a ocupar el lugar de la víctima, lo que le obliga a enfrentarse a sus propios miedos y fragilidades.
Ese giro en la posición del personaje central permite un «ejercicio muy interesante», según sus palabras, pues transforma la mirada sobre todo el arco narrativo de la trilogía. Quienes han acompañado al «sicario sin nombre» desde su primera entrega se encuentran con un cierre que replantea algunas certezas sobre la justicia, la culpa y la redención.
La mesa compartida con Carofiglio, en este contexto, sirve además para subrayar cómo la novela negra europea actual se nutre de casos reales de corrupción, crimen organizado y colusión entre poder político, económico y religioso, a la vez que explora la dimensión íntima de quienes se ven atrapados en esos engranajes.
Marta Robles y la memoria silenciada de las mujeres
La presencia de Marta Robles en el Festival Internacional de Novela Negra Las Casas Ahorcadas aporta otra vertiente esencial del género: la exploración de la memoria histórica y de los silencios impuestos, en especial a las mujeres. Su novela «Amada Carlota», publicada en 2025 y ya en varias ediciones, gira en torno al robo de bebés en España, un delito que, como recuerda la autora, se prolongó desde la dictadura hasta los años noventa.
En su intervención en la mesa «Matar en tiempos revueltos: memoria histórica y criminal», Robles insiste en que el foco del libro no está solo en el crimen, sino en las estructuras de poder y mentalidades que permitieron su continuidad incluso tras la llegada de la democracia. La dejadez política, las lagunas de la legislación sobre adopciones o la falta de voluntad para desmontar determinados entramados son algunos de los elementos que, a su juicio, explican la impunidad.
La autora recupera al detective Tony Roures, exreportero de guerra que carga con sus propios fantasmas, para conducir una investigación muy íntima: una jueza le encarga indagar en la desaparición de la hija que le arrebataron cuando era adolescente, en una clínica clandestina. Roures se aleja del arquetipo del detective moralmente superior; observa sin juzgar de entrada, consciente de que la frontera entre víctimas y verdugos puede volverse difusa en contextos extremos.
Aunque la novela incorpora episodios poco tratados de la época franquista, como la delirante teoría del «gen rojo» de Vallejo-Nájera, Robles aclara que no escribe desde una perspectiva de memoria histórica estricta, sino con la intención de iluminar fragmentos del pasado para entender mejor el presente. Esa mirada le permite trazar un retrato de las heridas que arrastran muchas mujeres, sometidas a formas de maltrato y silenciamiento que cambian de apariencia pero persisten en el fondo.
Para la escritora, la novela criminal es un terreno especialmente fértil para poner sobre la mesa lo que durante décadas se calló y para interrogar cómo ciertas dinámicas patriarcales siguen operando hoy. A través del suspense y la intriga, se invita al lector a mirar de frente realidades que quizá preferiría no ver, pero que siguen condicionando la vida de muchas personas.
Con una programación que combina fomento de la lectura entre los más jóvenes, diálogo entre literatura y ciencias forenses, y reflexión sobre la memoria y la justicia, el Festival Internacional de Novela Negra Las Casas Ahorcadas consolida a Cuenca como un punto de encuentro imprescindible para quienes entienden el género negro como algo más que puro entretenimiento. Durante cuatro días, autores, estudiantes y lectores convierten el crimen de ficción en un espejo incómodo, pero necesario, de la sociedad en la que vivimos.
