Lejos de lo que muchos agoreros predecían con la llegada de las pantallas, el sector del libro en nuestro país vive un momento dulce y gran parte de la culpa la tienen los más jóvenes. Resulta que las nuevas generaciones, esas que supuestamente solo miraban el móvil, se han convertido en el principal pilar de estabilidad para las editoriales españolas, amortiguando cualquier bajón económico y tirando del carro con un entusiasmo que ya querrían otros géneros.
Esta tendencia no es algo pasajero, sino que se viene fraguando desde hace años, demostrando que los lectores de menos de 25 años son, con diferencia, los más fieles a la página impresa. El panorama es tan alentador que las instituciones ya están moviendo ficha para que este crecimiento constante de la lectura se vea respaldado por eventos de calado internacional que pongan a nuestras ciudades en el mapa mundial de las letras.
El motor económico del sector editorial

Si echamos un ojo a las cifras que maneja la Federación de Gremios de Editores de España, nos damos cuenta de que no es moco de pavo: el mercado alcanzó los 3.138 millones de euros en el último ejercicio. Dentro de este pastel, la literatura infantil y juvenil ha pegado un estirón del 17,8%, lo que supone que uno de cada cinco euros facturados proviene de este segmento. Es una auténtica barbaridad que demuestra cómo los libros para niños y adolescentes han sabido capear el temporal mejor que nadie.
Lo más curioso de todo es que el grupo que más lee por placer es el de los chavales de entre 14 y 24 años, alcanzando una tasa del 76,9%. Parece que las generaciones Z y Alpha han decidido llevarle la contraria a los prejuicios y están diez puntos por encima de la media nacional. Ya sea por el fenómeno de las redes sociales o por la renovación de las temáticas, lo cierto es que el libro en papel está más vivo que nunca en las mochilas de los estudiantes.
Este milagro de la LIJ también se nota en las ferias, donde las colas para conseguir una firma son kilométricas. En la última cita del Retiro en Madrid, se ha visto a autores consagrados y a nuevas estrellas de plataformas digitales movilizando a miles de personas. No es solo negocio; es la confirmación de que existe un relevo generacional de lectores que garantiza la buena salud de nuestra cultura a largo plazo.
Barcelona, epicentro mundial de las letras jóvenes
La capital catalana acaba de recibir un encargo muy especial al convertirse en la ciudad embajadora de los Premios Atrapallibres y Protagonista Jove para los próximos dos años. Este testigo, que llega tras el buen trabajo realizado en Reus y Manresa, es el pistoletazo de salida para un camino que terminará por todo lo alto en 2028. Ese año, Barcelona acogerá el Congreso Mundial de Literatura Infantil del IBBY, un evento que atraerá todas las miradas de los expertos internacionales.
Lo que hace únicos a estos galardones es que son los propios niños y adolescentes quienes votan. Más de 16.000 jóvenes lectores se encargan de analizar y elegir las mejores obras en catalán, lo que les da un protagonismo absoluto en el proceso creativo. Es una forma fantástica de fomentar el pensamiento crítico y de que sientan que su opinión realmente cuenta en el mundo editorial.
Además, este tipo de iniciativas se complementan con seminarios de formación en otros puntos del país, como el que se celebra en Majadahonda con figuras de la talla de Elvira Menéndez. La idea es clara: crear una red sólida donde escritores, ilustradores y mediadores culturales puedan compartir experiencias y afrontar los retos que plantea un mercado cada vez más exigente y dinámico.
Los favoritos en las librerías y eventos

En cuanto a lo que se cuece en las estanterías este verano, hay opciones para todos los gustos. Desde álbumes ilustrados para los más peques, como los pop-ups sobre Vincent van Gogh de la editorial SM, hasta thrillers intensos para los que ya no son tan niños. Un ejemplo claro es la premiada obra La cuarta vida de Blanca Cuervo de Alba Quintas, que se mete de lleno en los problemas y desafíos actuales de la adolescencia con una crudeza necesaria.
Los fenómenos de masas también tienen nombres propios. Juan Gómez-Jurado y Bárbara Montes siguen triunfando con sus misterios infantiles, mientras que autoras como Joana Marcú o Nira Strauss, nacidas al calor de comunidades online, demuestran que el romance y la fantasía siguen siendo valores seguros. Hay una mezcla muy interesante entre el circuito tradicional y las novedades infantiles y juveniles descubiertas en canales como BookTok o Instagram.
No podemos olvidarnos de la importancia de los valores y la naturaleza en las nuevas publicaciones. Títulos que hablan sobre la conservación de Doñana o relatos que ayudan a los niños a entender la frustración y la rabia están ganando mucho terreno. Se busca, sobre todo, que la lectura sea una herramienta para comprender el mundo interior y exterior, ofreciendo historias que enganchen pero que también dejen un poso de reflexión.
La vitalidad que demuestra la literatura dirigida a niños y jóvenes en España es un síntoma inequívoco de que el sector editorial ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos sin perder su esencia. Con cifras récord de facturación, una cantera de lectores envidiable y la mirada puesta en grandes eventos internacionales, el libro infantil y juvenil se erige como el verdadero guardián de la lectura en nuestro territorio, asegurando que el placer de abrir un libro siga pasando de padres a hijos con total naturalidad.

