El cuarteto de Alejandría

El cuarteto de Alejandría es una serie de novelas —Justine, Balthazar, Mountolive y Clea— creadas por el literato británico Lawrence G. Durrell. Quien también fue un reconocido poeta, dramaturgo, escritor de libros de viajes y de biografías. Si bien esta tetralogía ha sido su trabajo más aclamado debido a su intención de, al igual que El quinteto de Aviñón, describir la relatividad de la naturaleza humana.

Con tal motivo, Durrell creó un argumento basado en las vivencias de un grupo de amigos que compartieron parte de su cotidianidad en la ciudad de Alejandría, Egipto. (Antes y después de la segunda mundial). Igualmente, gracias al enfoque particular de cada entrega, se obtienen cuatro versiones distintas, contradictorias y, al mismo tiempo, complementarias de un mismo relato.

Algunos datos sobre el autor

Hijo de colonos británicos, Lawrence George Durrell nació en Jalandar, India, el 27 de febrero de 1912. A temprana edad fue enviado a estudiar a Inglaterra, cambio que nunca aprobó e influyó negativamente en su estancia universitaria. Entonces, la respuesta ante esa situación fue dedicarse a la escritura. Así surgió su primera colección poética, Quaint Fragment (1931), que contó con mediana aceptación.

En 1938 se publicó El libro negro, una narración cargada de pasajes autobiográficos que se convirtió en primer éxito literario del autor británico. Luego, en Cefalú (1948) —su primera novela— exploró sus preocupaciones intelectuales más importantes y marcó el inicio de una reconocida trayectoria dentro del género. Durrell murió en Sommières, Francia, el 8 de noviembre de 1990.

Algunas de sus obras más conocidas

  • La celda de Próspero (1945)
  • Reflexiones sobre una Venus marina (1955)
  • Limones amargos (1957)
  • Tunc (1968)
  • Nunquam (1970)
  • Carrusel siciliano (1977)
  • El quinteto de Aviñón (1985)
  • Visión de Provenza (1989)

Análisis de El cuarteto de Alejandría

Lawrence G. Durrell quiso explicar en su cuarteto la noción del espacio–tiempo expuesta por Albert Einstein en su teoría de la relatividad a principios del siglo XX. En palabras del propio autor, esta saga —que lo inmortalizó como escritor— expone como eje central “una investigación del amor moderno”.

Asimismo, los lectores y analistas literarios consideran a esta pieza como una representación sublime los acontecimientos suscitados en Egipto antes de la segunda guerra mundial. En este sentido, cada volumen de la tetralogía demuestra que unos mismos personajes dispuestos en un contexto común pueden ser admirados desde una perspectiva distinta e interpretados de forma diferente.

Propósito y partes de la tetralogía

Bajo los objetivos apuntados en el párrafo anterior, Durrell desarrolló la serie de cuatro libros que constituyen la totalidad de la novela. Los primeros tres, —Justine, Balthazar y Mountolive— representan las dimensiones euclidianas del espacio. Por ende, el relato se centra esencialmente en una misma historia, pero desde puntos de vista distintos.

Ya en el cuarto texto, Clea, el escritor incorporó la dimensión temporal. En consecuencia, fue posible el avance de la historia y el desenlace de la tetralogía. Aunque Durrell no consiguió transmitir a sus lectores una mejor comprensión de las teorías de Einstein, sí parece dilucidar algunas cuestiones sobre el amor moderno.

El proyecto original

Los especialistas académicos suelen resaltar la anécdota de cómo Lawrence George Durrell creó el cuarteto. Puesto que el designio preliminar del trabajo del intelectual británico era representar una teoría científica… Al final, terminó convirtiéndose en una maravillosa novela recibida como herencia del siglo XX y sumamente valorada hasta la actualidad.

Valores intrínsecos

Durrell utilizó a un grupo de amigos ubicados en la época previa a la segunda guerra mundial para explayar sus pensamientos. Al respecto, el novelista británico señala la preponderancia del verdadero valor de la amistad entre personas capaces de demostrarse cordialidad a pesar de sus diferencias.

Adicionalmente, muchos críticos han coincidido en elogiar esta obra por la representación vívida de una ciudad descrita con el mayor lujo de detalles. De hecho, la metrópoli parece un personaje más. En palabras del autor, “la ciudad que se sirvió de nosotros como si fuéramos su flora, que nos envolvió en conflictos que eran suyos y creíamos equivocadamente nuestros, la amada Alejandría”.

Resumen

Justine (1957)

La primera entrega discurre en la impresionante (pero decadente) Alejandría de la década de 1930. Aquí el autor describe una historia de amor entre la enigmática y seductora Justine y Darley, el narrador de la historia. Éste último se encuentra al principio de la historia en una solitaria isla griega acompañado por Melissa, una niña de dos años, hija de su antigua amante.

Allí —en una especie de retiro— evoca las memorias su estancia en Alejandría junto al resto de los integrantes del relato. Se trata de Balthazar, Nessim y Mountolive, cuyas historias se entrelazan en una agobiante relación de amor, amistad y traiciones. Del mismo modo, a través de la observación de estos personajes se evidencia la idiosincrasia y el estilo de vida de esa ciudad africana.

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Balthazar (1958)

En el segundo libro de la saga, los hechos y el tiempo presentado son similares a los de Justine. La única diferencia es que los hechos se muestran bajo la perspectiva del doctor Balthazar, quien ve a Justine como una mujer calculadora, fría y llena de intenciones oscuras. En concordancia, para él la relación entre ella y Darley surge de un plan que contraviene a la benevolente esencia del amor.

Mountolive (1959)

En la tercera entrega ocurre otro giro de perspectiva; la misma se centra en el joven diplomático inglés David Mountolive. Este personaje vive una apasionada relación con una mujer mayor que él. Además, él resulta envuelto en una conspiración política. Detrás de ella se encuentran Justine y Nessim, por consiguiente, el foco del relato cae sobre el amor y las intrigas del poder político.

Clea (1960)

Lawrence George Durrell culminó su tetralogía con un cierre magnífico para una obra memorable. Clea, aporta la temporalidad a la saga al relatar los caminos y los desenlaces que toman todos los personajes cuando la guerra concluye. Por un lado, Justine es confinada a su residencia y Mountolive abandona Alejandría.

En cambio, Darley regresa a una urbe que, a pesar de los estragos de la guerra, no ha perdido su encanto. Por su parte, Clea, el personaje, aguarda a Darley a su llegada a la ciudad sin tener una idea preconcebida sobre él o los sucesos por venir. Al final, a ambos los sorprende el amor.

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Clea y el legado de la tetralogía

En la mayoría de reseñas y análisis literarios, Clea es referida como la coronación de una historia cuya vigencia es imperecedera. De igual manera, este libro permite la comprensión diáfana de toda la trama desarrollada en las entregas anteriores. Por esta razón, la última entrega es estimada por los críticos como el texto que terminó de convertir al cuarteto en una verdadera obra maestra.


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