David Uclés, el escritor español que ganó el Premio Nadal con su carta de amor a Barcelona

  • David Uclés gana la 82ª edición del Premio Nadal con "La ciudad de las luces muertas"
  • La novela recrea una Barcelona de posguerra a oscuras donde convergen épocas y figuras culturales
  • Su éxito se apoya en el fenómeno previo de "La península de las casas vacías" y numerosos premios
  • Uclés combina su faceta de escritor con la de músico, dibujante y profesor en varios países europeos

David Uclés Premio Nadal

Con su inseparable boina y una sonrisa que delata alivio y cansancio a partes iguales, David Uclés se ha convertido en el nuevo nombre propio de las letras españolas tras alzarse con el Premio Nadal de novela gracias a La ciudad de las luces muertas. El reconocimiento llega después de años de perseverancia, rechazos editoriales y un fenómeno literario sin precedentes con su anterior libro.

El escritor jienense, nacido en Úbeda en 1990 y criado en Quesada, llega a este galardón como una de las figuras más comentadas del panorama narrativo español. Su trayectoria, marcada por la mezcla de realismo mágico, memoria histórica y metaliteratura, ha cuajado tanto en el público como en la crítica, hasta el punto de convertirle en uno de los autores más codiciados por los grandes grupos editoriales.

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El Premio Nadal para un realismo mágico muy a la española

La 82ª edición del Premio Nadal ha recaído en la cuarta novela de Uclés, La ciudad de las luces muertas, una obra que publicará Destino y que llegará a las librerías españolas el 4 de febrero. El galardón, dotado con 30.000 euros, consolida al jienense como uno de los nombres imprescindibles de la narrativa actual en lengua española.

El jurado, formado por Víctor del Árbol, Juan Luis Arsuaga, Inés Martín Rodrigo, Care Santos y Emili Rosales, eligió la novela entre 1.207 manuscritos procedentes de España y otros países. Uclés se presentó al certamen con el seudónimo de Oriol Arce y el título provisional Ruge otro día estival, manteniendo en secreto hasta el final la identidad de la obra ganadora.

La proclamación del premio tuvo lugar, como marca la tradición, en la velada literaria del 6 de enero en Barcelona, celebrada en el hotel Palace. En el mismo acto se anunció también el Premio Josep Pla de prosa en catalán, que recayó en Francesc Torralba por Anatomia de l’esperança, aunque el foco de la noche estuvo claramente en la novela de Uclés y en el viraje que supone en su carrera editorial.

Durante su discurso, el autor agradeció el reconocimiento en catalán y dedicó de forma expresa la novela a tres escritoras clave de la literatura barcelonesa: Mercè Rodoreda, Montserrat Roig y Carmen Laforet. Según afirmó, “sin sus palabras” esta historia no existiría, subrayando así el diálogo que su ficción mantiene con la tradición literaria de la ciudad que retrata.

La victoria en el Nadal llega después de una década de insistencia: Uclés confesó haberse presentado al premio de forma consecutiva entre 2010 y 2020, y en redes sociales ha contado que lo hizo «ocho o nueve» veces desde que tenía 22 años. Ese largo historial de intentos fallidos refuerza la idea de un autor que ha llegado a la primera línea a base de constancia y paciencia.

La ciudad de las luces muertas Premio Nadal

Una Barcelona a oscuras donde se superponen tiempos y autores

En La ciudad de las luces muertas, Barcelona se convierte en el verdadero personaje protagonista. La trama se sitúa en la posguerra, durante un apagón total que deja la ciudad sin luz durante 24 horas. A partir de ese punto de partida fantástico, Uclés imagina una urbe en la que todas las Barcelonas arquitectónicas y temporales convergen: reaparecen murallas romanas, edificios ya desaparecidos y construcciones del futuro, como una Sagrada Familia terminada.

El detonante de ese apagón es una joven llamada Laforet, un guiño directo a Carmen Laforet, ganadora del primer Premio Nadal en 1945 con Nada. El juego metaliterario es constante: la ciudad oscura se llena de figuras de la cultura y la literatura del siglo XX que se cruzan en un espacio imposible. Carmen Laforet, Ana María Matute, Mercè Rodoreda, Simone Weil, Núria Espert, Picasso, Antoni Gaudí, Freddie Mercury, George Orwell, Julio Cortázar, Gabriel García Márquez o Roberto Bolaño son solo algunos de los nombres que desfilan por sus páginas.

Esta galería de personajes, procedentes de épocas y disciplinas artísticas diferentes, une fuerzas para entender qué ha ocurrido y cómo devolver la luz a la ciudad. El jurado del Nadal ha descrito la obra como una ficción en la que todas las artes —literatura, música, pintura, escena— actúan como conciencia colectiva, y donde las distintas capas históricas de Barcelona se superponen hasta desbordarla.

En declaraciones previas, Uclés ha insistido en que el realismo mágico es el territorio creativo en el que se siente más cómodo. Aunque en muchos foros se ha intentado rebautizar su estilo con etiquetas como «costumbrismo mágico» o «surruralismo neomágico», el autor reivindica abiertamente la herencia del boom latinoamericano y defiende que esa forma de mirar lo cotidiano desde lo fantástico sigue muy viva en la literatura en español actual.

La novela, que Destino presentará como una suerte de «carta de amor» a Barcelona, se gestó a partir de una beca Montserrat Roig que permitió a Uclés pasar medio año documentándose en la capital catalana. Durante ese tiempo, el escritor profundizó en su historia cultural, literaria y urbana, para transformarla después en un escenario en el que las épocas se tocan y la memoria dialoga con la imaginación.

De músico callejero a fenómeno editorial

La irrupción de La ciudad de las luces muertas en el escaparate mediático no se entiende sin el éxito previo de La península de las casas vacías, la tercera novela de Uclés y uno de los mayores fenómenos de la narrativa española reciente. Publicada por la editorial Siruela, esta obra de unas 700 páginas sobre la Guerra Civil en clave de realismo mágico tardó quince años en completarse.

Para levantar ese proyecto, el autor recorrió alrededor de 25.000 kilómetros por toda la geografía española, siguiendo los escenarios de episodios clave de la contienda: la batalla del Ebro, la matanza de Badajoz, la Desbandá malagueña, el bombardeo de Guernica y otros muchos frentes menos presentes en el imaginario colectivo. La novela, incluida entre las novelas de historia ambientadas en la Guerra Civil española, se centra en un extenso clan de olivareros de Jándula y cruza sus destinos con figuras históricas como Alberti, Lorca, Unamuno, Hemingway, Orwell o Picasso, entre otros.

A pesar del trabajo descomunal, el manuscrito fue rechazado por todas las editoriales a las que se envió durante años. Uclés ha contado que cada negativa servía como excusa para retocar el texto y volver a presentarlo una vez más a concursos y casas editoriales, en un proceso de revisión casi anual que rozó la desesperación. Siruela fue finalmente la que dio el paso cuando el escritor estaba a punto de abandonar la idea de dedicarse por completo a la literatura.

El boca a boca hizo el resto: aunque el libro se publicó a comienzos de 2024, su popularidad empezó a dispararse a finales de ese año y explotó definitivamente durante 2025. La obra se instaló poco a poco en las listas de más vendidos hasta alcanzar el número uno y mantenerse durante semanas. Con el tiempo, ha superado con holgura las 250.000 copias vendidas, con cifras que varias fuentes sitúan por encima de los 260.000 y 300.000 ejemplares según el mercado considerado.

El impacto no se quedó solo en las ventas. La península de las casas vacías ha acumulado una larga lista de reconocimientos: Premio Cálamo al mejor libro del año, Premio Andalucía de la Crítica, Premio Espartaco a la mejor novela histórica, Premio Kelvin 505 a la mejor novela fantástica, Premio Dulce Chacón, el galardón del Festival 42 a la Mejor Novela en castellano y el Andalucía de las Letras, entre otros. Además, fue candidata española al Premio de Literatura de la Unión Europea y finalista de la Bienal de Novela Mario Vargas Llosa.

Obra literaria de David Uclés

Una trayectoria forjada entre becas, aulas y escenarios

Más allá de los focos, la biografía de David Uclés dibuja el perfil de un autor que ha compaginado siempre la escritura con otros oficios creativos y académicos. Licenciado en Traducción e Interpretación y con un Máster de Profesorado en Lengua Extranjera, ha vivido y estudiado en ciudades como Córdoba, Granada y Münster (Alemania).

Su vida laboral ha estado repartida entre la docencia y la música. Ha trabajado como profesor de español, inglés, francés y alemán en academias y distintos centros educativos, especialmente en Alemania, Francia y Suiza, y también ha pasado temporadas en Inglaterra, Galicia, Euskadi y Cataluña antes de afincarse en Madrid. Esa movilidad y el contacto con otras lenguas y culturas atraviesan en parte sus ficciones.

En paralelo, ha sido músico callejero y cantante en bares. Durante varios veranos se ganó la vida tocando el acordeón en las calles de Santiago de Compostela, y más tarde llevó la chanson francesa a los locales de Montmartre en París. También ha actuado en Alemania, en una etapa en la que apenas cotizaba a la Seguridad Social y sobrevivía de lo que ingresaba con la música. Él mismo ha contado que llegó a pensar seriamente en abandonar sus aspiraciones literarias para centrarse en una tesis doctoral, justo antes de que Siruela apostara por su novela.

Su carrera como narrador arrancó antes del gran éxito. En 2019 obtuvo el Premio Complutense de Literatura con la novela teatral El llanto del león. Un año después publicó Emilio y Octubre (en la editorial Dos Bigotes), una historia de amor entre dos hombres contada desde el nacimiento de uno hasta la muerte del otro, situada en un futuro cercano y considerada su primera incursión clara en el realismo mágico.

El reconocimiento literario también ha llegado desde su tierra. El Ayuntamiento de Úbeda lo ha nombrado Hijo Predilecto, y la Diputación de Jaén le ha concedido el premio Jaén Paraíso Interior. La agenda de Uclés se ha llenado en los últimos años de presentaciones, festivales y viajes por España y otros países, en un ritmo que el propio autor ha descrito como difícil de compatibilizar con la escritura pausada que le gustaría recuperar.

Esa tensión entre el ruido mediático y la necesidad de silencio creativo se refleja en algunos de sus deseos declarados: ha comentado que le gustaría aislarse durante unos meses en una cabaña para preparar un disco y pasar una temporada en Praga, una ciudad donde, según él, podría escribir sin ser reconocido. Proyectos personales que, de momento, se ven complicados por la atención que atrae el nuevo Premio Nadal.

Planeta, premios y el salto de editorial

La concesión del Nadal a La ciudad de las luces muertas tiene también una lectura industrial. Supone el paso de Uclés desde Siruela al Grupo Planeta, que con este premio incorpora a su catálogo a uno de los autores más rentables y visibles del momento. No es la primera vez que el grupo premia a escritores que previamente publicaban en otros sellos: casos como Javier Cercas, Manuel Vilas o el colectivo Carmen Mola ya generaron debate en su día.

En su intervención, Uclés no olvidó mencionar a su exeditorial: agradeció públicamente a Siruela haber apostado por La península de las casas vacías y la definió como una familia para él. Es un gesto que encaja con el relato de un autor que ha visto cómo una novela inicialmente rechazada se convertía en una especie de talismán que lo ha llevado hasta uno de los premios más antiguos y prestigiosos de la narrativa española.

La gala del Nadal, además, ha sido en esta edición un escaparate de primer nivel para el sector cultural. Entre los asistentes figuraban el ministro de Cultura, Ernest Urtasun; el presidente de la Generalitat, Salvador Illa; el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni; y diversas autoridades y representantes del mundo editorial. Más de 300 invitados, entre ellos escritores como Najat El Hachmi o Laia Aguilar, acudieron a la cita en el hotel Palace, que cada año funciona como termómetro del estado de la narrativa en castellano.

El Premio Nadal mantiene así su papel de plataforma de visibilidad literaria, desde que en los años cuarenta coronó a una entonces desconocida Carmen Laforet con Nada. Que esa misma autora aparezca ahora transformada en personaje dentro de la novela de Uclés refuerza el tono metaliterario de La ciudad de las luces muertas, donde pasado y presente se cruzan tanto dentro como fuera del libro.

La trayectoria de David Uclés en estos últimos años ilustra cómo un proyecto trabajado a fuego lento, sostenido por becas como las Leonardo y Montserrat Roig y por la insistencia casi testaruda de su autor, puede pasar de ser un manuscrito rechazado a un fenómeno editorial y, finalmente, a abrir la puerta de un premio histórico. Con el Nadal bajo el brazo, su mezcla de memoria, magia y ciudades superpuestas se confirma como una de las propuestas narrativas más singulares del actual panorama literario en España y Europa.