Daniel Defoe. Aniversario de su nacimiento. Algunos fragmentos

Daniel Defoe, el famoso novelista y periodista inglés del siglo XVIII, nació un día como hoy de 1660. Autor de la archiconocida Robinson Crusoe, basada en un hecho real, también le puso firma a historias como Las aventuras del capitán Singleton o Moll Flanders, que es posiblemente la primera gran novela social de la literatura inglesa, sobre la vida de una prostituta. Estos son algunos fragmentos escogidos de ellas para recordarlo.

Daniel Defoe — Selección de fragmentos

Robinson Crusoe

En el barco encontré plumas, tinta y papel, e hice lo indecible por economizarlos; mientras duró la tinta pude llevar una crónica muy exacta, pero cuando se terminó me hallé imposibilitado de continuarla, ya que no pude hacer tinta a pesar de todo lo que probé. Esto vino a demostrarme que necesitaba muchas cosas fuera de las que había acumulado. Habiendo conseguido acostumbrar un poco mi espíritu a su actual condición y abandonando la costumbre de mirar al mar por si divisaba algún navío, me apliqué desde entonces a organizar mi vida y a hacerla lo más confortable posible. Fabriqué una mesa y una silla.

Moll Flanders

Es bien cierto que, desde el primer momento en que empecé a tener trato con él, estaba resuelta a permitirle que se acostase conmigo, dado caso que me lo propusiera; pero era tan sólo porque necesitaba de su ayuda y no conocía ninguna otra manera de asegurármela. Pero cuando nos hallamos juntos aquella noche, y, según tengo dicho, llegamos a tales extremos, comprobé la debilidad de mi postura. no pude resistir a la tentación y me vi movida a concedérselo todo antes de que me lo pidiera. Y sin embargo, fue tan justo conmigo que nunca me echó en cara esto, ni en ninguna ocasión expresó el menor disgusto por mi comportamiento, sino que siempre hizo protestas de estar tan satisfecho de mi compañía como la primera hora que estuvimos juntos, quiero decir juntos en la cama. 

Diario del año de la peste

Pero, como decía, en conjunto el aspecto de las cosas había cambiado mucho, el pesar y la tristeza se pintaban en todos los rostros; y, aunque algunos barrios casi no habían sido afectados por la peste, todo el mundo parecía profundamente inquieto; y, como veíamos que la epidemia progresaba día a día, todos se consideraban a sí mismos y a sus familias en el mayor peligro. Si fuera posible ofrecer una descripción fiel de aquellos tiempos a quienes no los han vivido, y dar al lector una idea exacta del horror que imperaba en todas partes, no dejaría de producir una justificada impresión en sus espíritus y llenarles de pasmo. Bien podría decirse que todo Londres lloraba; cierto que por las calles no se veía ropa de luto, pues nadie, ni aun por sus parientes más próximos, se vestía de negro ni llevaba encima ninguna prenda de las consideradas de luto; pero la voz del dolor se oía por doquier.

Aventuras del capitán Singleton

Mientras nosotros y nuestros negros buscábamos provisiones y oro, el platero cortaba más y más figuras en sus placas de plata y hierro. Era ya muy hábil y hacía verdaderas obras de arte, que representaban elefantes, tigres, gatos de algalia, avestruces, águilas, aves, cráneos, peces, y todo lo que le pasaba por la imaginación. La plata y el hierro ya casi se habían agotado, por lo cual comenzó a trabajar en oro muy batido.

Roxana o la cortesana afortunada

Después, volvió todavía varias veces a propósito de mi asignación, pues era necesario cumplir con ciertas formalidades para que pudiese cobrarla sin tener que solicitar cada vez el beneplácito del príncipe. No comprendí del todo los detalles de la operación, que tardó en llevarse a cabo más de dos meses, pero, en cuanto estuvo todo arreglado, el mayordomo pasó una tarde a verme y me dijo que su Alteza tenía pensado pasar esa noche a visitarme, aunque deseaba ser recibido sin ceremonias. Preparé no solo mis habitaciones, sino a mí misma, y me aseguré de que a su llegada no hubiera nadie en la casa, a excepción de su mayordomo y Amy.


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