Cartas eróticas de James Joyce

Algo que me llamó mucho la atención fue toparme con la correspondencia entre James Joyce y su mujer Nora Barnacle. El intenso erotismo que tales cartas destilan tocan en muchos puntos el límite entre lo insinuado y lo explícito. Y por momentos, toca el límite entre lo explícito y lo demasiado, excesívamente explícito.

El erotismo y la sensualidad de los escritores es el punto en donde mejor se los descubre, y particularmente en éste tipo de correspondencia, donde la mutua necesidad parece obligarnos a la cercanía, dándonos a probar lo más «sucio» (como bien Joyce dice en una de sus cartas) de aquellos cuyo nombre ha quedado enaltecido por su «limpieza».

Aquí comparto con ustedes algunas de las cartas:

22 Noviembre 1909 – 44 Fontenoy Street, Dublín

Queridísima: tu telegrama se encontraba en su corazón aquella noche. Cuando te escribí aquellas últimas cartas, era presa de absoluta desesperación. Pensaba que había perdido tu amor y tu estima… como bien merecía. Tu carta de esta mañana es muy cariñosa, pero estoy esperando la carta que probablemente escribirías después de enviar el telegrama.

Todavía no me atrevo, querida, a mostrarme familiar contigo, hasta que no vuelvas a darme permiso. Tengo la sensación de que no debo hacerlo, a pesar de que tu carta está escrita en tu antiguo tono familiar y pícaro. Me refiero a cuando hablas de lo que harás, si te desobedesco con respecto a cierta cuestión.

Voy a aventurarme a decir sólo una cosa. Dices que quieres que mi hermana te lleve ropa interior. No, querida, por favor. No me gusta que nadie, ni siquiera una mujer o una niña, vea cosas que te pertenecen. Me gustaría que fueras más cuidadosa y no dejases ciertas ropas tuyas por ahí, quiero decir cuando acaban de llegar de la lavandería. Oh, me gustaría que mantuvieras todas esas cosas ocultas, ocultas, ocultas. Me gustaría que tuvieses gran cantidad de ropa interior de todas clases, de todo tipo de colores delicados, guardada, planchada y perfumada.
¡Qué terrible es estar lejos de ti! ¿Has aceptado de nuevo en tu corazón a tu pobre amante? Voy a estar impaciente por tu carta y, sin embargo, te agradezco tu cariñoso telegrama.
No me pidas que te escriba una carta larga ahora, queridísima. Lo que he escrito me ha entristecido un poco. Estoy cansado de enviarte palabras. Nuestros labios pegados, nuestros brazos entrelazados, nuestros ojos desfalleciendo en el triste gozo de la posesión me complacerían más.
Perdoname queridísima. Tenía intención de mostrarme más reservado. Y, sin embargo, debo añorarte y añorarte y añorarte.

2 de diciembre de 1909 – 44 Fontenoy Street, Dublín

Querida mía, quizás debo comenzar pidiéndote perdón por la increíble carta que te escribí anoche. Mientras la escribía tu carta reposaba junto a mí, y mis ojos estaban fijos, como aún ahora lo están, en cierta palabra escrita en ella. Hay algo de obsceno y lascivo en el aspecto mismo de las cartas. También su sonido es como el acto mismo, breve, brutal, irresistible y diabólico.

Querida, no te ofendas por lo que escribo. Me agradeces el hermoso nombre que te di. ¡Sí, querida, “mi hermosa flor silvestre de los setos” es un lindo nombre¡ ¡Mi flor azul oscuro, empapada por la lluvia¡ Como ves, tengo todavía algo de poeta. También te regalare un hermoso libro: es el regalo del poeta para la mujer que ama. Pero, a su lado y dentro de este amor espiritual que siento por ti, hay también una bestia salvaje que explora cada parte secreta y vergonzosa de él, cada uno de sus actos y olores. Mi amor por ti me permite rogar al espíritu de la belleza eterna y a la ternura que se refleja en tus ojos o derribarte debajo de mí, sobre tus suaves senos, y tomarte por atrás, como un cerdo que monta una puerca, glorificado en la sincera peste que asciende de tu trasero, glorificado en la descubierta vergüenza de tu vestido vuelto hacia arriba y en tus bragas blancas de muchacha y en la confusión de tus mejillas sonrosadas y tu cabello revuelto.

Esto me permite estallar en lagrimas de piedad y amor por ti a causa del sonido de algún acorde o cadencia musical o acostarme con la cabeza en los pies, rabo con rabo, sintiendo tus dedos acariciar y cosquillear mis testículos o sentirte frotar tu trasero contra mí y tus labios ardientes chupar mi polla mientras mi cabeza se abre paso entre tus rollizos muslos y mis manos atraen la acojinada curva de tus nalgas y mi lengua lame vorazmente tu sexo rojo y espeso. He pensado en ti casi hasta el desfallecimiento al oír mi voz cantando o murmurando para tu alma la tristeza, la pasión y el misterio de la vida y al mismo tiempo he pensado en ti haciéndome gestos sucios con los labios y con la lengua, provocándome con ruidos y caricias obscenas y haciendo delante de mí el más sucio y vergonzoso acto del cuerpo. ¿Te acuerdas del día en que te alzaste la ropa y me dejaste acostarme debajo de ti para ver cómo lo hacías? Después quedaste avergonzada hasta para mirarme a los ojos.

¡Eres mía, querida, eres mía¡ Te amo. Todo lo que escribí arriba es un solo momento o dos de brutal locura. La última gota de semen ha sido inyectada con dificultad en tu sexo antes que todo termine y mi verdadero amor hacia ti, el amor de mis versos, el amor de mis ojos, por tus extrañamente tentadores ojos llega soplando sobre mi alma como un viento de aromas. Mi verga esta todavía tiesa, caliente y estremecida tras la última, brutal envestida que te ha dado cuando se oye levantarse un himno tenue, de piadoso y tierno culto en tu honor, desde los oscuros claustros de mi corazón.

Nora, mi fiel querida, mi pícara colegiala de ojos dulces, sé mí puta, mí amante, todo lo que quieras (¡mí pequeña pajera amante! ¡mí putita pichadora!) eres siempre mi hermosa flor silvestre de los setos, mi flor azul oscuro empapada por la lluvia.

3 de diciembre de 1909 44 Fontenoy Street, Dublín

Mi querida niñita de las monjas: hay algún estrella muy cerca de la tierra, pues sigo presa de un ataque de deseo febril y animal. Hoy a menudo me detenía bruscamente en la calle con una exclamación, siempre que pensaba en las cartas que te escribí anoche y antenoche. Deben haber parecido horribles a la fría luz del día. Tal vez te haya desagradado su grosería. Sé que eres una persona mucho más fina que tu extraño amante y, aunque fuiste tu misma, tu, niñita calentona, la que escribió primero para decirme que estabas impaciente porque te culiara, aún así supongo que la salvaje suciedad y obscenidad de mi respuesta ha superado todos los límites del recato. Cuando he recibido tu carta urgente esta mañana y he visto lo cariñosa que eres con tu despreciable Jim, me he sentido avergonzado de lo que escribí. Sin embargo, ahora la noche, la secreta y pecaminosa noche, ha caído de nuevo sobre el mundo y vuelvo a estar solo escribiéndote y tu carta vuelve a estar plegada delante de mí sobre la mesa. No me pidas que me vaya a la cama, querida. Déjame escribirte, querida.

Como sabes queridísima, nunca uso palabras obscenas al hablar. Nunca me has oído, ¿verdad?, pronunciar una palabra impropia delante otras personas. Cuando los hombres de aquí cuentan delante de mí historias sucias o lascivas, apenas sonrío. Y, sin embargo, tu sabes convertirme en una bestia. Fuiste tu misma, tu, quien me deslizaste la mano dentro de los pantalones y me apartaste suavemente la camisa y me tocaste la pinga con tus largos y cosquilleantes dedos y poco a poco la cogiste entera, gorda y tiesa como estaba, con la mano y me hiciste una paja despacio hasta que me vine entre tus dedos, sin dejar de inclinarte sobre mí, ni de mirarme con tus ojos tranquilos y de santa. También fueron tus labios los primeros que pronunciaron una palabra obscena. Recuerdo muy bien aquella noche en la cama en Pola. Cansada de yacer debajo de un hombre, una noche te rasgaste el camisón con violencia y te subiste encima para cabalgarme desnuda. Te metiste la pinga en el coño y empezaste a cabalgarme para arriba y para abajo. Tal vez yo no estuviera suficientemente arrecho, pues recuerdo que te inclinaste hacia mi cara y murmuraste con ternura: “¡Fuck me, darling!”

Nora querida, me moría todo el día por hacerte uno o dos preguntas. Permítemelo, querida, pues yo te he contado todo lo que he hecho en mi vida; así, que puedo preguntarte, a mi vez. No sé si las contestarás. Cuándo esa persona cuyo corazón deseo vehementemente detener con el tiro de un revólver te metió la mano o las manos bajo las faldas, ¿se limitó a hacerte cosquillas por fuera o te metió el dedo o los dedos? Si lo hizo, ¿subieron lo suficiente como para tocar ese gallito que tienes en el extremo del coño? ¿Te tocó por detrás? ¿Estuvo haciéndote cosquillas mucho tiempo y te viniste? ¿Te pidió que lo tocaras y lo hiciste? Sino lo tocaste, ¿se vino sobre ti y lo sentiste?

Otras pregunta, Nora. Sé que fui el primer hombre que te folló, pero, ¿te masturbó un hombre alguna vez? ¿Lo hizo alguna vez aquel muchacho que te gustaba? Dímelo ahora, Nora, responde a la verdad con la verdad y a la sinceridad con la sinceridad. Cuando estabas con él de noche en la oscuridad de noche, ¿no desabrocharon nunca, nunca, tus dedos sus pantalones ni se deslizaron dentro como ratones? ¿Le hiciste una paja alguna vez, querida, dime la verdad, a él o a cualquier otro? ¿No sentiste nunca, nunca, nunca la pinga de un hombre o de un muchacho en tus dedos hasta que me desabrochaste el pantalón a mí? Si no estás ofendida, no temas decirme la verdad. Querida, querida esta noche tengo un deseo tan salvaje de tu cuerpo que, si estuvieras aquí a mi lado y aún cuando me dijeras con tus propios labios que la mitad de los patanes pelirrojos de la región de Galway te echaron un polvo antes que yo, aún así correría hasta ti muerto de deseo.

Dios Todopoderoso, ¿qué clase de lenguaje es este que estoy escribiendo a mi orgullosa reina de ojos azules? ¿Se negará a contestar a mis groseras e insultantes preguntas? Sé que me arriesgo mucho al escribir así, pero, si me ama, sentirá que estoy loco de deseo y que debo contarle todo.
Cielo, contéstame. Aun cundo me entere de que tu también habías pecado, tal vez me sentiría todavía más unido a ti. De todos modos, te amo. Te he escrito y dicho cosas que mi orgullo nunca me permitiría decir de nuevo a ninguna mujer.
Mi querida Nora, estoy jadeando de ansia por recibir tus respuestas a estas sucias cartas mías. Te escribo a las claras, porque ahora siento que puedo cumplir mi palabra contigo. No te enfades, querida, querida, Nora, mi florecilla silvestre de los setos. Amo tu cuerpo, lo añora, sueño con él.

Háblenme queridos labios que he besado con lágrimas. Si estas porquerías que he escrito te ofenden, hazme recuperar el juicio otra vez con un latigazo, como has hecho antes. ¡Qué Dios me ayude!
Te amo Nora, y parece que también esto es parte de mi amor. ¡Perdóname! ¡Perdóname!


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  1.   jose leonardo arango v dijo

    pienso que sus cartas son muy interesantes y apasionadas creo que heres una persona que tiene muy claro lo que quiere y lo lograrias por que tus cartas son exitantes. gracias por ser como heres

  2.   joaquin martinez dijo

    Cuando salen de los libros los escritores dan pena…Poco hombre Joyce ..y la gilada endiosaba al ulises !!!

  3.   Galatea dijo

    Muy bueno. Y gracias por compartir estas cartas donde el amor erótico es poesía.
    G.

  4.   Marie dijo

    Me llena de placer ver como un genio de la literatura puso también de esta manera todas sus palabras al servicio de su amor, de sus mas íntimos deseos… que por cierto son parte del primero.

    Y señores/as, por favor, no acusen a este hombre… él no hizo más que mostrarle en la intimidad las más profundas pulsiones de su hombría a la dama que lo tenía cautivado…

    No podemos negarlo.. esto también es amor.

  5.   Senil dijo

    Comparto la meyorìa de los comentarios aqui expuestos y los que no comparto los respeto….
    a la gente que no le guste algo solo diga paso y nada màs no sacas nada con desgastarte escribiendo paara dejar tu mala onda 😉
    las cartas ya estan escritas y punto
    por cierto estan de madre, genial explotar esa parte de cada ser, sacar todo k fluya el erotismo, k avance el sexo y mentes abiertas a nuevas experiencias
    que importa si eres es con «H» o sin «H» la carta se entiende =
    por cierto si hay un chaval, pendejo mirando esto es culpa de los padres k dejan libre a la cabreria
    aaahh!!! si ce dieron cuenta no coloque puntos no comas ni nada porque se que el o la que lea esto sabra lo que quise decir y hacer xdd
    saluod
    Senil

  6.   dulce romero dijo

    Esas cartas tienen mucha pasion,me encanta toda esa lujuria,esa locura de querer poseer a esa mujer que ya no es suya..me encanto

  7.   alejandra dijo

    me apasiona todo lo q tenga que ver con la pasion y el sexo….estas cartas estan muy hot…muy bueno el autor

  8.   Fernando dijo

    Quién en su sano juicio puede juzgar estas bellas cartas? Quien lo hace, simplemente no conoce la naturaleza humana, no ha vivido el lenguaje desnudo del amor y el erotismo. A mi me parecen bellamente crudas y sinceras. No encuentro nada de vulgaridad en algo tan bello, poético y normal como es el sexo humano.

  9.   Ali dijo

    Todas las mujeres quisieramos que algún hombre que nos amara, describiera sus sentimientos, el amor que siente y la pasión que se puede despertar hasta convertirlo en un hombre salvaje lleno de pasión y ternura a la vez. Me encanta la forma que expresa Joyce sus deseos y su amor.

  10.   Manuel dijo

    Mi opinion es que son cartas bastante subidas de tono y que evidentemente eran de interes solo de Joyce y de su amante. En concreto, no creo que lo ayuden mucho al escritor porque pueden crear otra percepcion de la que se tenia del genial escritor. Incluso algunos las califican hasta de pornograficas. Como dije, no ayudan mucho al genial escritor y eran de caracter netamente intimos. Yo no creo que a el le hubiera gustado que se divulguen!

  11.   Juan dijo

    Siento cierta frustración al ver que apenas son 3 cartas, después de haberlas leído tengo la necesidad de más.

  12.   victor dijo

    El amor tiene una y mil formas de expresar y james fue un genio, la sinceridad en sus declaraciones y la forma de elevar su idolatria por su pareja llega a preguntarnos, si nodsotros no hubieramos hecho lo mismo.

  13.   Fernando dijo

    El sexo es algo muy natural y normal. Estas cartas no tienen nada de pornográficas. Pornográfico sería si James Joyse hubiese escrito estas cartas para venderlas y lucrar con ellas. El simplemente las escribió en intimidad con la mujer que amaba.

  14.   Erika dijo

    Hola! me gustaria saber si existe algun tipo de recopilacion donde esten todas las cartas, tengo entendido que si, soy de México y me toco ver una puesta en escena que tenia que ver con las cartas y eso desperto mucho mi interes por saber mas, por favor una respuesta!

  15.   Palonia Nice dijo

    Para mí no son «Pobre Nora, pobre James Joyce». Pobres son los olvidados, aquellos que han muerto y permanecen en el anonimato absoluto. Tampoco estoy de acuerdo con ese: «No se lo merecen». Creo que sí se lo merecen, él por haber albergado en su corazón un amor tan profundo, tan humano, tan salvaje, que lo ha inspirado para poder derramar esas sublimes palabras sobre el papel y ella por ser capaz de despertar una pasión semejante en un hombre con tal cantidad de recursos para poder expresar sus emociones más sublimes y más perversas por la piel de su amada. Habrán muchos que se escandalicen por esas palabras, pero muchos otros, amaremos esas misivas, las devoraremos y las guardaremos en nuestra memoria con el celo de haber podido atisbar un paraíso ajeno, pero no por ello menos hermoso que el propio vivido.

  16.   Raquel Sierra dijo

    a mi ver nada con respecto a el sexo y los sentimientos que sueltan son malos buenas cartas

  17.   Rigail Marcial dijo

    Joice, el creador del MONÖLOGO INTERIOR en su ULISYSS,no escribió sus cartas para que las leamos nosotros, las escribió para que las lea su amada. Su contenido les pertenece sólo a ellos como su profundo y humano amor. Pero si por alguna razón, han llegado a nosotros, burlando la intimidad de la correspondencia, no seamos hipócritas sexuales, porque, cual más cual menos, debe caminar por la senda erótica del amor, hoy o maña. Si no es así diga, el primer día de muerto, que no ha vivido el amor carnal en toda su magnitud.

  18.   Camila dijo

    El sabe tocar justo ahí donde nos gusta a las mujeres

  19.   Maria dijo

    Muy sorprendida y asombrada ! He leìdo comentarios realmente increìbles .sì increìbles…resulta que se permiten cuestionar y hasta referenciar pornografìa. Me parecen geniales esas cartas (tener en cuenta que fueron privadas) ,el vìncula de Joyce y Nora obviamente era muy ìntimo de pensamiento ABIERTO Y SINCERO . Creo que muchas opiniones son de personas hipòcritas y moralina barata.

    Me encantaron … son sinceras , amorosas, eròticas … Joyce es un caballero apasionado por Nora. Por què cuestionar y opinar con absurdos e ignorancia? Abran su mente ! No vendrà a buscarlos el diablo. Uds. no aman apasionadamente , no conocen ser sinceros…
    Una opiniòn expresa su preocupaciòn porque las vea algùn niño…pues le informo que cotidianamente todos los niños ven situaciones horribles (un noticiero de TV por ejemplo), maltrato de parte de personas cercanas …en fin ; la estupidez humana, la hipocresìa y la ignorancia tiene sus representantes por aquì ….traten de mejorar esos aspectos .

  20.   Sergio Quintana dijo

    ¿Pregonarnos si la mujer que nos ama al escribirle aquellas lineas no se elevaría en el más excitante éxtasis? esto es bello, es asombroso, es el lenguaje desnudo del mejor erotismo que arde, del amor que quema, a quienes no le agradan es muy respetable sus posiciones; cada quien tiene su magia dentro y la transmite.