Caballo de Troya, de J. J. Benítez. 35 años ya de una saga clásica

Sí, la he leído. Entera. Bueno, no, miento, me queda El día del relámpago, que la tengo ahí y he ido postergando por una lista interminable por delante. Pero no tardará. El resto fue cayendo desde que me regalaron la primera al cumplir los 15 años. Pero ya son 35 los que han pasado. La saga Caballo de Troya sigue siendo una de las vendidas, populares y controvertidas de todas. Y su autor, J. J. Benítez, autoridad en la materia de ciencia ficción y temas ocultos, también es un histórico ya.

Polémica en su día, como todo lo que toca la religión y los dogmas de fe, hoy no pasa de ser una lectura cuando menos particular. La cuestión de que deje impronta o no depende lógicamente de los ojos con que se lea. Y desde luego es apropiadísima para estas fechas de Semana Santa, en concreto, su primer título y el más popular. Pocos textos tan exhaustivos, descriptivos, intensos y completamente alejados de la «versión oficial» para relatar primero los tres días de Pasión de Jesús de Nazaret y después buena parte de su vida y obra. Por supuesto, para creyentes y descreídos.

El Carpintero y yo

Vaya por delante un matiz que conviene dejar claro al lector: a punto de los 15 años, mi educación fue la de todo hijo de vecino de la España de los 70 y 80 católica, apostólica y románica. Primero una EGB (sí, sobreviví bastante bien a ella) en un colegio femenino de Hermanas de la Caridad. Y después el recién empezado BUP (sí, tampoco fue tan terrible) en un instituto pequeño de un pueblo de La Mancha profunda.

O sea, una adolescente normal pero que había sufrido una pérdida muy reciente y enorme en el alma. Así que el espíritu que me albergaba entonces andaba con las revoluciones propias de esa edad más el inmenso dolor, injusto e incomprensible, pero con el que debes aprender a vivir demasiado pronto. Pero el Carpintero siempre me cayó simpático y no le pude pedir cuentas. Igual algún día me las da. Ahora me sigue cayendo bien. Y he leído esta serie a lo largo de los años sin que haya variado esa simpatía.

Por eso que uno lea Caballo de Troya siendo creyente ni le hace tambalearse ninguna fe ni tiene motivos para abjurar de ella ni se toma esa lectura como una afrenta, una tomadura de pelo o un insulto digno de excomunión para autor y lectores. En su día sí ocurrió.

Polémica, controvertida… Qué va. Una lectura más.

Siempre que uno habla, escribe o debate sobre las Altas Instancias (llámense como se quiera) corre el riesgo de meterse en un fregado si no se anda con cuidado o se pierden las formas. Ya se sabe, el sexo, la religión y el fútbol pueden provocar guerras mundiales.

El fregado en el que se metió J. J. Benítez, autoridad mundial del universo paranormal y con ovnis de por medio, con Caballo de Troya fue considerable. Empezó con una intriga inicial en tiempo presente, en la mejor tradición de las novelas de búsquedas de manuscritos y derivados, donde el investigador tiene que descifrar mil enigmas e ir a mil sitios hasta dar con la documentación que le pone en las manos un misterioso personaje.

De ahí pasó a contar, en voz ya de ese desconocido protagonista y con toda suerte de términos técnicos y narración más abrupta, un extraordinario y supersecreto proyecto militar norteamericano (of course) desarrollado con éxito para viajar en el tiempo. La cuestión es ver a dónde van (hay tantos grandes momentos en la Historia de la Humanidad…) y se deciden por los últimos días de la vida de Jesús de Nazaret.

Viajes en el tiempo y lecciones de Historia

Van dos elegidos después de una exhaustiva y completísima preparación no solo física, sino también psicológica y por supuesto sin creencias religiosas de ningún tipo. Eliseo, (nombres en clave, por supuesto), un ingeniero que se queda en el módulo para controlarlo todo; y Jason, un militar de alto grado y médico, que será el explorador, el que haga el trabajo de campo en la Judea del año 30 con el objetivo de acercarse lo más posible a la figura de Jesús.

Como premisa que no puede faltar en estos casos, tienen absolutamente prohibido intervenir en algún acontecimiento que pudiese cambiar el curso de la Historia. Y otra cuestión es que ni el presente ni el pasado ni el futuro está uno libre de los imprevistos.

Una vez en el pasado, empieza la lección de Historia que Jasón va contando en primera persona. Así, la narración de lo que le sucede está salpicada de interminables notas al pie, que a veces abarcan toda una página, de datos recogidos de fuentes históricas que van apoyando, o también cambiando, la percepción del protagonista sobre lo que había estudiado y lo que se encuentra realmente.

Así tenemos esta vertiente de novela histórica de romanos que hace las delicias del aficionado al género. El encuentro del protagonista con, por ejemplo, Poncio Pilatos es de los de no perderse. Pero claro, el ENCUENTRO con mayúsculas es de esos que no olvidas por la excepcional narración del momento, contada con una intensidad de esas tan reales que si te has metido en la historia (y te has metido), consigues recrearla como si tú también tuvieras delante al Maestro, como a partir de ese momento también a ti te sale llamarlo. Y dejar lo del Carpintero para un ambiente más de colegueo.

La ciencia ficción pura y dura. ¿O no?

A partir de ahí ya te haces de la banda. La galería de personajes y hechos que van desfilando a lo largo de los libros es interminable y da para que Jasón y Elíseo vayan encadenando viajes. Desde los bien conocidos (o no) discípulos, los del Sanedrín, el resucitado Lázaro, o, en títulos posteriores, María (una revolucionaria de pro, muy al gusto del patio actual), sus otros hijos y hermanos de Jesús, la Magdalena o el visionario y medio loco Juan el Bautista y el más desquiciado aún rey Herodes.

Pero por encima de todos el Maestro, con el que se encontrarán en más saltos temporales, por ejemplo, siendo él más joven y dedicado a construir barcos. Y con el que entablarán larguísimas y profundas conversaciones que, sin duda, si son producto del autor, yo me sigo quitando el sombrero por la intensidad conseguida. Y sobre todo por la humanización y humanidad dotada a un personaje de la categoría de Jesús de Nazaret, independientemente, repito, a las creencias de cada cual sobre él

En definitiva

Porque hay que leer de todo y si se trata de una saga histórica, espiritual, con forma también de manual de autoayuda, de catecismo muy sui generis e incluso de novela romántica, Caballo de Troya es una de las mejores.

Serie Caballo de Troya

  1. Jerusalén (1984)
  2. Masada (1986)
  3. Saidan (1987)
  4. Nazaret (1989)
  5. Cesárea (1996)
  6. Hermón (1999)
  7. Nahum (2005)
  8. Jordán (2006)
  9. Caná (2009)
  10. El día del Relámpago (2013)
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