Breve análisis de “Rayuela” de Julio Cortázar

Los más jóvenes que leáis este artículo seguro que estáis pensando en “Rayuela”, la obra fundamental de Julio Cortázar, como ese libro “tostón” que mandan en algún momento del instituto los profesores de Literatura. Los que ya hemos pasado por eso, hemos leído obligatoriamente “Rayuela” en nuestros tiempos mozos y luego lo hemos vuelto a leer (seguro que somos muchos, yo me incluyo) unos años después, nos hemos percatado no sólo de la importancia de este libro en la historia de la literatura sino en lo diferente que resulta de la mayoría.

“Rayuela”, publicada en 1963, es una referencia fundamental de la literatura hispanoamericana. Su estructura de secuencias sueltas permite distintas lecturas, y por tanto, diversas interpretaciones. Con esta forma de lectura, lo que pretendió Julio Cortázar era representar el caos, el azar de la vida y la relación indiscutible entre lo creado y la mano del artista que lo hace.

Si aún no has leído “Rayuela” y tienes pensando hacerlo, detente aquí, no sigas leyendo… Si no tienes pensado leerla, detente también, te animo a hacerlo… Una vez lo finalices, vuelve y lee lo que quieras… Pero la verdadera historia, está escrita por Julio Cortázar.

Analizando “Rayuela”

Antes decíamos que es una obra diferente a las demás porque en esta implica la participación activa del lector. Dos lecturas del libro se proponen en un tablero de dirección (como su propio nombre indica, el juego típico de rayuela al que todos hemos jugado en alguna ocasión). Este tipo de estructura rompió con todo lo establecido hasta el momento en lo que a literatura se refiere.

Primer libro

El primer libro de “Rayuela” lo leeremos en un orden lineal, terminando en el capítulo 56. Está formado por dos partes: “Del lado de allá” y “Del lado de acá”. En ambas, se presenta la trama esencial o historia del libro.

“Del lado de allá”

Horacio Oliveira trabaja como traductor en París. Allí funda con unos amigos el Club, donde mata el tiempo conversando o escuchando música de jazz. Mantiene una relación amorosa con Lucía, la Maga, una uruguaya que es madre de un niño al que ella llama Rocamadour. Sin embargo, la peculiar relación que existe entre ambos se deteriora. En una de sus reuniones, Rocamadour cae muerto repentinamente y, a consecuencia de ello, Lucía desaparece y deja escritas unas líneas.

“Del lado de allá”, es decir, esta primera parte, termina con la imagen de una rayuela, hilo conductor de todo el libro que representa la búsqueda del equilibrio (el cielo).

“Del lado de acá”

La acción de esta parte del libro se sitúa en la ciudad de Buenos Aires. Antes de llegar a aquí, Oliveira busca desesperadamente a la Maga en Montevideo. De regreso en barco a Argentina, la confunde con otra mujer.

Ya en Argentina, vuelve a su amistad con Traveler y conoce a la mujer de este, Talita, que le recuerda desde el primer momento a la Maga. Trabajará con esta pareja en un circo y en una clínica psiquiátrica. Pero Oliveira se ve desbordado por síntomas progresivos de desequilibrio mental. Sus confusiones hacen que crea ver a cada momento a la Maga en vez de a Talita. Esto le llevará a una crisis que lo hace pensar en el suicidio. Se intenta suicidar pero finalmente Traveler y Talita evitan que se deje caer desde la venta a un patio en el que hay pintada una rayuela.

Segundo libro

En el segundo libro tenemos la segunda alternativa de lectura y comienza en el capítulo 73. En esencia encontraremos nuevas incorporaciones paisajistas, los “capítulos prescindibles”, a la estructura argumental delineada anteriormente en el libro.

De otros lados

Estos paisajes constituyen una visión más profunda de la misma realidad, en la que se revelan conexiones ocultas. Pero además, aparecen en ella personajes como Morelli, un anciano escritor del que se sirve el autor para exponer algunas de las claves de Rayuela: novela abierta, fragmentada, inquietante y participativa que refleja el caos de la realidad pero ni lo ordena ni lo explica.

Mi capítulo favorito: Capítulo 7: El beso

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.


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