El nombre de Jorge Luis Borges sigue resonando con fuerza en la literatura universal, y su vínculo con España se renueva constantemente. Recientemente, el Instituto Cervantes ha recibido un legado que incluye una carta del autor argentino, mientras que su famosa confesión sobre la felicidad vuelve a ser recordada.
Desde su llegada a España en 1919 hasta la concesión del Premio Cervantes en 1980, Borges tejió una relación profunda con el país. Ahora, un nuevo hallazgo en Cádiz y la recuperación de sus poemas más íntimos nos permiten redescubrir a un escritor que, pese a su genio, confesó no haber sido feliz.
Una carta de Borges en el legado de Fernando Quiñones
El Instituto Cervantes ha recibido un legado en homenaje al escritor gaditano Fernando Quiñones que incluye una carta de Jorge Luis Borges en la que el autor de Ficciones lo consideraba «el mejor escritor de literatura contemporánea». El depósito, realizado en la Casa de Iberoamérica de Cádiz, también contiene un soneto de Rafael Alberti, un manuscrito original de La canción del pirata y una agenda con contactos como Bioy Casares, José Hierro o María Kodama. El legado viajará a la Caja de las Letras, al cajetín número 1000 del Instituto Cervantes en Madrid, y ha sido entregado por la hija del poeta, Mariela Quiñones, junto a objetos personales como un colgante y una gorra marinera.

La confesión más humana de Borges: «No he sido feliz»
Borges dejó una frase que todavía golpea como una confesión íntima: «He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer. No he sido feliz». Es el inicio de su poema «El remordimiento», incluido en La moneda de hierro. Detrás del autor de El Aleph y El libro de arena aparece una voz vulnerable que no habla de premios ni de gloria, sino de la felicidad. Nacido en Buenos Aires en 1899 y fallecido en Ginebra en 1986, Borges fue poeta, ensayista y cuentista, pero sobre todo un escritor que cambió la forma de leer la realidad. Perdió progresivamente la vista, una condición heredada de su padre, y en 1955 fue nombrado director de la Biblioteca Nacional, ironía que él mismo convirtió en leyenda: «Yo siempre me había imaginado el Paraíso bajo la especie de una biblioteca», escribió en su Poema de los dones.

Un genio sin Nobel pero con Cervantes
Aunque nunca recibió el Premio Nobel de Literatura, Borges fue distinguido con algunos de los máximos reconocimientos internacionales. En 1961 compartió el Premio Formentor con Samuel Beckett y en 1979 recibió el Premio Miguel de Cervantes, uno de los galardones más importantes en lengua española, que compartió con Gerardo Diego. También fue reconocido con doctorados honoris causa por universidades como Oxford, Harvard o La Sorbona, y recibió la Legión de Honor de Francia y la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio en España. Su obra, atravesada por el tiempo, el destino y la memoria, incluye títulos fundamentales como Fervor de Buenos Aires, Historia universal de la infamia, Ficciones y El Aleph. Ideológicamente se definía como un «pacífico y silencioso anarquista» y fue contrario al peronismo. Murió en Ginebra en 1986, según su amigo Bioy Casares, «diciendo el Padrenuestro en anglosajón, inglés antiguo, inglés, francés y español».
Así, entre cartas, poemas y recuerdos, la figura de Borges se mantiene viva en España. Su legado literario, su paso por Madrid y su honestidad al reconocer su infelicidad personal conforman un retrato complejo y fascinante de uno de los grandes escritores del siglo XX.