Bettý, Sylvia y Laura. Tres mujeres fatales para tres épocas

Tres mujeres fatales

Acabo de leer Bettý, la última novela del escritor islandés Arnaldur Indridason, otro gran nombre de la novela negra nórdica. Me ha durado tres días, pero es que es cortita y no se tarda más. Es la segunda de Indridason que leo porque, aunque me gustó La mujer de verde, no llegué a aficionarme a su inspector Erlendur Sveinsson. Pero esta me había llamado la atención por el giro hacia un relato de corte más clásico que fue publicado por primera vez en 2003.

Efectivamente es un distinguido homenaje a la tradición más canónica del género negro sobre la figura de la mujer fatal. Además, tiene muy buen toque de manipulación (y de examen del lector sobre prejuicios propios). Te sorprende a la mitad y te devuelve a un presente que, hasta entonces, podrías haber creído de los años 50. Mientras lo leía me han venido a la mente un par de referencias. Esas Laura y Sylvia, de Vera Caspary y Howard Fast.

Bettý

Con toques de Dashiel Hammett o Raymond Chandler, esta novela no tiene nada que ver con las que han encumbrado al éxito a Indridason. Destila todo el clasicismo más noir norteamericano tanto en su narración como en la estructura y la trama.

Apenas cuatro personajes principales. El narrador en primera persona, un rico armador de una flota pesquera, su ayudante y su seductora mujer, la irresistible Bettý. El narrador cuenta su historia desde la cárcel. Su caída a los infiernos provocada por la irrefrenable pasión, el deseo y la obsesión por la manipuladora Bettý. Todo para la comisión de un crimen perfecto. Así, asistimos a los interrogatorios que le hacen y que se intercalan con el relato de por qué y cómo ha acabado en prisión.

Mentiras y equívocos que componen una trama que fluye rápida y acaba con la confirmación de una obsesión de la que no es (ni ha sido) posible terminar. Bettý comparte pasados misteriosos comunes con la Sylvia de Fast y el poder de hechizar con la Laura de Caspary.

Sylvia

Publicada en 1960, el escritor norteamericano Howard Fast (autor de Espartaco) todavía estaba en la infame lista negra del Comité de Actividades Antiamericanas por su afiliación al Partido Comunista. Así que tuvo que utilizar el seudónimo de E.V. Cunningham para firmar buena parte de su obra. Más tarde, las distintas reediciones ya llevan su nombre verdadero.

En Sylvia nos encontramos con Alan Macklin, un detective, lector empedernido y antes profesor de historia, al que contrata un millonario para buscar a una misteriosa mujer de la que solo sabe el nombre, Sylvia. De ella se ha publicado un libro de poemas y gracias al que descubrirá la dura historia de su pasado. Macklin la buscará en un viaje siguiendo las pocas huellas que deja la muchacha por el país.

Laura

Escrita por Vera Caspary en 1942, esta autora de novelas, teatro y guiones alcanzó la fama con este título. Dos años más tarde conseguía además la eternidad en la adaptación cinematográfica de Otto Preminger, con Gene Tierney y Dana Andrews como la pareja protagonista. Está considerada como un clásico entre clásicos del cine negro.

Aquí tenemos a Laura Hunt, que es sensual, audaz y muy ambiciosa, pero a la que nos encontramos muerta en la alfombra del salón de su casa. Serán tres hombres los que traten de esclarecer su misteriosa muerte. Waldo Lydeker, un excéntrico escritor que aspiraba al amor de Laura; Shelby Carpenter, su prometido, y Marc Macpherson, el detective que investiga el caso y que, al igual que los anteriores, sucumbirá al hechizo que Laura ejerce sobre ellos.

Lo interesante, además de su historia, es el uso de diferentes voces narrativas. Estas se van alternando de manera omnisciente, introduciéndose en los pensamientos de otros personajes y en momentos en los que no están presentes. Waldo Lydecker, Mark McPherson o la propia Laura nos van mostrando las pistas para la resolución del enigma.

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