La localidad de Benicàssim se ha vuelto a vestir de gala para acoger una cita fundamental para los amantes de las letras. Se trata de la décima edición de la Feria Nacional de Novela Romántica, un evento que ya es un clásico en la agenda cultural de la zona y que ha logrado reunir a una gran cantidad de escritores, editoriales y clubes de lectura de diversos puntos de España.
Este aniversario tan especial se ha desarrollado en el entorno de Villa Ana, un espacio frente al Mediterráneo que sirve de escenario perfecto para reflexionar sobre el auge de un género que, junto al policiaco, se mantiene como uno de los más vendidos y leídos en el país. La cita no solo ha servido para presentar libros, sino para analizar cómo han cambiado los lectores y las historias de amor en la última década.
Un inicio basado en la realidad y la emoción

La apertura del evento tuvo un toque muy humano y cercano. En lugar de empezar con ficción, la organización optó por historias reales que inspiran el género, contando con la participación de la asociación de jubilados y pensionistas La Garrofera. Sus miembros compartieron vivencias personales que demostraron que el romanticismo no tiene edad y que las experiencias cotidianas son la materia prima de cualquier novela romántica.
Durante este acto inaugural, los asistentes pudieron recordar amores que duraron medio siglo o aquellos que, aunque no prosperaron, dejaron una huella imborrable. Para darle un aire más moderno y natural, se creó una lista de reproducción con canciones que marcaron sus vidas, convirtiéndose en la banda sonora de una jornada donde se reivindicó la paciencia y el respeto en las relaciones.
Destacados de la programación y autores invitados

Uno de los platos fuertes del fin de semana fue la intervención de la periodista Helena Resano, quien actuó como madrina y encargada del pregón. Resano aprovechó el encuentro para presentar su debut literario, Las rutas del silencio, una obra inspirada en sus raíces familiares y en la curiosidad por su propio árbol genealógico, defendiendo la lectura como un acto de resistencia frente a la inmediatez de las redes sociales.
El despliegue de talento fue notable, contando con la presencia de más de veinte firmas. Entre los nombres más relevantes destacaron Ruth M. Lerga, Alexandra Roma, Rodrigo Paniagua, Elena Montagud y José Mola. Además, hubo un espacio muy especial para el talento local con la participación de autoras castellonenses como Raquel Tirado, Sylvia Pauner y Sara Mesas.
La programación no se limitó a las firmas de libros. Se organizaron actividades para los más pequeños basadas en la obra de Charlotte Brontë y una tertulia titulada Una década contando el amor, donde se debatió sobre la evolución del género. También hubo espacio para la poesía con Amelia Díaz Benlliure, quien analizó las pasiones de la Generación del 27.
Clausura y retos creativos
El cierre del evento estuvo marcado por una enorme afluencia de público, especialmente en las presentaciones de Andrea Longarela e Isabel Arias, cuyas novelas generaron largas colas de lectores deseosos de obtener un ejemplar firmado. También fueron protagonistas las novedades de Lydia A. Benavent y Noemí Quesada, reflejando la gran variedad de subgéneros de novela romántica que conviven actualmente en la narrativa.
Como nota final, el escritor José Mola propuso una dinámica muy original: los asistentes redactaron una carta para su yo del futuro. La organización se comprometió a custodiar estos escritos y enviarlos por correo en mayo de 2027, creando así un vínculo duradero entre los lectores y el evento.
Patricia Artero, directora de la feria, subrayó la importancia de contar con el apoyo del consistorio local para mantener este espacio de visibilidad. El evento ha servido para desmontar el prejuicio de que la novela romántica es un género menor, demostrando que tiene una profundidad y una capacidad de convocatoria extraordinarias, consolidando a Benicàssim como un referente literario en España.

Este encuentro de diez años ha logrado fusionar la experiencia de los mayores con la frescura de los nuevos autores, transformando a Villa Ana en un punto de unión entre generaciones y estilos narrativos, todo ello mientras se reafirmaba que las historias de amor, ya sean ficticias o reales, siguen siendo el motor principal de la lectura actual.

