Durante unos días de mayo, Barbastro deja de ser solo un punto en el mapa para convertirse en un tiempo compartido: un fin de semana en el que las palabras ocupan plazas, librerías, museos y salones de actos. La quinta edición de Barbitania ha vuelto a transformar esta ciudad del Somontano en una gran casa de la literatura, donde conviven lectores, autores, editores, periodistas, músicos y vecinos en torno a un mismo hilo conductor.
Ese hilo, en 2026, es la casa como categoría literaria y experiencia vital: el hogar que se hereda o se pierde, el piso que se busca y no aparece, la habitación donde se empezó a leer o a escribir, las viviendas atravesadas por guerras, exilios y mudanzas. Barbitania propone pensar la vivienda como refugio y frontera, memoria íntima y relato colectivo, y lo hace desde una programación que combina conversación, pensamiento crítico y una cercanía muy pegada al territorio.
Un festival que crece desde una tradición literaria sólida
Barbitania no surge de la nada, sino como prolongación natural del histórico Certamen Literario Ciudad de Barbastro, que reúne desde hace décadas el Premio Internacional de Novela Ciudad de Barbastro y el Premio Internacional de Poesía Hermanos Argensola. Cada año se reciben más de 1.400 manuscritos entre ambas categorías, llegados de distintas comunidades autónomas y de numerosos países de Europa y América Latina, cifra que en esta quinta edición vuelve a marcar un récord de participación.
La propia organización del festival insiste en que primero existía un premio muy consolidado y, después, llegó el deseo de construir a su alrededor cuatro días de programación argumentada. Bajo la coordinación de la catedrática de Literatura María Ángeles Naval, barbastrense, el festival se diseña casi como si fuera un ensayo: se escoge un tema central, se organiza en torno a él una treintena larga de actividades y se busca que cada mesa, cada encuentro y cada recital se encadenen con sentido.
En esta V edición, celebrada del 14 al 17 de mayo, Barbastro reafirma esa doble identidad: por un lado, ciudad de premios literarios con una trayectoria de más de medio siglo; por otro, sede de un festival contemporáneo que mira a la realidad actual, a los cambios del mercado del libro y a los nuevos formatos de difusión cultural.
El vínculo entre certamen y festival se cristaliza en el CLB/Barbitania, la marca con la que el Ayuntamiento de Barbastro reúne tanto los galardones como la programación cultural de estos días, apoyada por instituciones como la UNED Barbastro, el Ministerio de Cultura y Deporte, la Diputación Provincial de Huesca y la Comarca del Somontano.
Fechas, estructura y cifras de la quinta edición
La quinta edición de Barbitania se celebra entre el jueves 14 y el domingo 17 de mayo, cuatro jornadas en las que Barbastro se convierte en uno de los principales focos literarios del país. El programa reúne a más de 40 participantes y en torno a 40 actividades que se despliegan por toda la ciudad, desde el Centro de Congresos hasta el Museo Diocesano, pasando por la UNED, librerías históricas, plazas y otros espacios culturales.
La concejala de Cultura, Pilar Abad, ha subrayado que esta cita confirma el compromiso de la ciudad con un proyecto cultural estable, ligado tanto al fomento de la lectura y la escritura como a la creación de sinergias con el sector editorial. No se trata solo de otorgar premios, sino de garantizar la edición y circulación de las obras ganadoras a través de catálogos de referencia como Galaxia Gutenberg (novela) y Visor (poesía).
Según los datos municipales y del propio Gobierno de Aragón, este año se han presentado alrededor de 650 originales a la categoría de novela y unos 700 a la de poesía, que se traducen en más de 1.400 manuscritos recibidos. Tras la selección de los jurados, la lista queda reducida a siete finalistas en novela y seis en poesía, que optan a unos premios dotados con 20.000 y 10.000 euros respectivamente, además de la publicación.
La pasada edición superó los 2.000 asistentes entre todas las actividades, con público procedente especialmente de Aragón, pero también de otros puntos de España, atraído por una programación que, como destacan los organizadores, «no se encuentra igual en otros lugares». La idea se mantiene: un festival de escala manejable, pensado para conversar con calma y sin la presión de las grandes capitales.
La casa como hilo conductor: habitar, recordar, escribir
El lema de 2026 sitúa la casa y el hogar en el centro del debate literario. La organización plantea el habitar como un acto profundamente narrativo: cada domicilio es escenario de historias mínimas que, a la larga, contienen las fracturas y tensiones de su época. Aparecen así asuntos como la memoria familiar, las mudanzas forzadas, la vivienda que se pierde por una crisis económica o las casas atravesadas por conflictos bélicos.
La ciudad de Barbastro se concibe durante esos días como una casa colectiva de la literatura: un lugar al que se entra sin cita previa para escuchar, preguntar y discutir, un refugio simbólico en el que la identidad se ensaya en voz baja. La casa se entiende también como metáfora de la propia literatura, «un sitio al que volvemos y que nos sostiene», en palabras que resumen bien el espíritu de esta edición.
Más allá de la metáfora, el festival conecta este lema con debates muy actuales: la vivienda como problema social, la precariedad del acceso al hogar en las generaciones más jóvenes, las herencias familiares y las mudanzas constantes que marcan muchas biografías contemporáneas. Las mesas redondas y conversaciones cruzan estos temas con la experiencia de autores que han vivido el exilio, la migración o el cambio de lengua.
De fondo, late una idea que se repite en varias intervenciones: algunos lugares dejan de ser solo espacios físicos para convertirse en tiempos. Barbastro no sería únicamente una ciudad, sino una franja del calendario que se enciende cada primavera, un período que muchos lectores, escritores y profesionales del libro relacionan ya con encuentros, lecturas y descubrimientos.
Un cartel de voces diversas: de Gioconda Belli a Manuel Vilas
El programa de este año reúne a algunas de las figuras más reconocidas de la literatura contemporánea en español junto a autores de trayectorias emergentes y voces internacionales. Entre los nombres más destacados aparecen Gioconda Belli, Luis García Montero, Manuel Vilas, Juan Manuel de Prada, Carlos Zanón, Elvira Navarro, Lara Moreno, Aurora Luque, Jon Juaristi, Benjamín Prado, Jorge Carrión, Corina Oproae, Joaquín Pérez Azaústre, Jordi Amat, Leonardo Cano, Juan Trejo, Natalia Moreno, Carlos Marzal, Julio Espinosa, Nicolás Tsabertidis y Cristina Consuegra, entre muchos otros.
La nicaragüense Gioconda Belli aporta su mirada marcada por la memoria política, el cuerpo como territorio y la experiencia del exilio, con obras ya clásicas como «La mujer habitada» que siguen leyéndose como manifiestos sobre la casa entendida como patria portátil. Luis García Montero, una de las voces fundamentales de la poesía española de las últimas décadas, participa en conversaciones que cruzan memoria familiar y escritura, mientras que Manuel Vilas regresa a su Barbastro natal convertido en uno de los novelistas más leídos y reconocidos internacionalmente, presentando su nueva obra «Islandia» (Destino, 2026).
También forman parte del cartel autores que han sido premiados en anteriores ediciones del Certamen Literario o que mantienen una relación duradera con la ciudad, como Aleksandra Lun, Jorge Carrión o Leonardo Cano, cuyas novelas y ensayos han contribuido a consolidar el prestigio de los galardones. Su presencia sirve para trazar una especie de genealogía de libros «no obvios», obras que, como señalan algunos jurados, podrían haberse quedado fuera en otros concursos más inclinados a premiar fórmulas seguras.
Junto a estas figuras, el programa incluye a creadores vinculados a la gestión cultural y a los medios de comunicación, como Berna González Harbour, Eva Orúe o Cristina Consuegra, que ayudan a pensar cómo circula hoy la literatura, qué papel juegan los prescriptores y cómo conviven la crítica, las reseñas y los nuevos formatos de recomendación.
Literatura y realidad: memoria, identidad, migraciones y ciudades
Buena parte de las conversaciones programadas abordan la relación entre literatura y realidad contemporánea. En las mesas se habla de identidad, memoria histórica, infancia, desplazamientos migratorios, transformación de las ciudades, cambios en la familia o nuevas formas de comunicación cultural, siempre desde perspectivas muy diversas entre sí.
Autores como Luis García Montero y Jon Juaristi dialogan sobre cómo la poesía de los años ochenta y noventa convirtió la memoria familiar en un territorio literario, con las habitaciones de la infancia como matriz de toda escritura posterior. En otras sesiones, Juan Manuel de Prada, Juaristi y Antonio Orejudo revisan los linajes nacionales que se construyeron en la Edad de Plata, utilizando las casas señoriales como metáforas de un país que se estaba inventando a sí mismo.
Las experiencias de infancias marcadas por fronteras políticas y lingüísticas aparecen en el diálogo entre Corina Oproae y Aleksandra Lun, que rememoran casas de Polonia y Rumanía donde aprendieron a leer en una lengua que luego abandonarían para escribir en español. Ese traslado no es solo geográfico, sino casi orgánico: cambiar de idioma implica reformular la casa interior donde se alojan los recuerdos.
La mirada hacia el presente urbano se refuerza en conversaciones sobre la transformación material del libro en la era de los podcasts y audiolibros, con intervenciones de Berna González Harbour, Antonio Martínez Asensio y Eva Orúe, moderadas por la gestora cultural Cristina Consuegra. El debate se centra en cómo la escucha y la oralidad modifican la forma de habitar los textos, y en qué medida la digitalización altera los modos tradicionales de lectura.
Dimensión internacional: guerras, exilios y cambio de lengua
La presencia de autores internacionales otorga al festival una clara dimensión europea y global. El escritor turco Zülfü Livaneli participa en una conversación sobre guerras, exilios y memoria histórica junto a la traductora y escritora Monika Zgustova, donde repasa episodios de la historia reciente de Turquía a través de las casas otomanas cambiadas de manos tras expulsiones, huidas y ocupaciones sucesivas.
Livaneli reflexiona sobre cómo esas viviendas vaciadas y reocupadas funcionan como símbolo de las mudanzas forzadas que marcan el siglo XX y parte del XXI, situando la propiedad y el despojo en el núcleo oculto de muchos conflictos bélicos. Escuchar estas historias en un auditorio pequeño de Barbastro, lejos de los grandes circuitos mediáticos, tiene una intensidad particular que el propio festival se empeña en preservar.
Por su parte, Corina Oproae y Aleksandra Lun aportan la perspectiva de quienes han cambiado de lengua de escritura, relatando cómo la casa de la infancia se vincula a un idioma que ya no es el de su creación literaria actual. Ese traslado lingüístico se narra como un movimiento interior: la casa que uno lleva consigo ya no coincide del todo con el paisaje sonoro en el que vive.
Gracias a estas intervenciones, Barbastro se inserta en un circuito literario europeo e internacional, sin perder la escala local ni la proximidad con el público. La ciudad oscense se presenta así como un punto de cruce entre historias del Este europeo, del Mediterráneo oriental y de América Latina, que dialogan con la realidad española actual.
Oralidad, radio y podcasts: la literatura se escucha
Uno de los rasgos distintivos de Barbitania es su apuesta por los formatos sonoros y digitales. El festival cede un espacio destacado a la radio en directo y a los podcasts literarios, recuperando la tradición oral de contar historias ante un público presente mientras se exploran nuevas maneras de llegar a lectores que quizá no frecuentan los libros en papel.
El periodista y crítico Antonio Martínez Asensio participa con su programa «Un libro una hora», en el que dramatiza clásicos y relatos contemporáneos, y que en esta ocasión incluye versiones escénicas de cuentos de Emilia Pardo Bazán y Carmen Martín Gaite. La idea es devolver a estos textos su dimensión de voz, sacarlos del soporte silencioso y compartirlos en un espacio donde se nota hasta la respiración del público.
La escritora y periodista Berna González Harbour graba en directo un episodio de su podcast «Qué estás leyendo», acompañada de autores como Elvira Navarro y Antonio Orejudo. Sobre el escenario, la conversación fluye entre recomendaciones, anécdotas y reflexiones sobre la lectura, mientras los asistentes siguen en vivo un formato que habitualmente consumen a través del móvil o los auriculares.
El cartel del festival, obra de Isidro Ferrer, sintetiza bien esta intención: muestra un libro transformado en piano, con las páginas convertidas en teclas. La imagen funciona como una metáfora de lo que busca Barbitania: devolver a la literatura su condición sonora, sacarla un rato de las pantallas y reunir a cuerpos que escuchan y a voces que dicen, en un mismo espacio físico.
Programación inaugural y «Kilómetro cero»: la redolada también cuenta
La primera jornada de la V edición arranca en el salón de actos de la UNED Barbastro con la sección «Los libros de la redolada: Kilómetro cero». Esta propuesta selecciona y visibiliza novedades de proximidad, escritas y editadas en el entorno próximo a la ciudad, con la intención de reforzar el vínculo entre creación literaria y territorio.
En este marco, el periodista y escritor Mariano Gistaín conversa con Laura Latorre y José Luis Esteban sobre sus libros «Un martes cualquiera» y «Malaria». Después se suman Sol Otto, Agustín Faro y Marta Borraz para dialogar en torno a «La mujer de Marcos», «Parada 4.57. Última estación» y «Años de vida». Las charlas permiten descubrir proyectos nacidos muy cerca de Barbastro, demostrando que la literatura de la zona no es un simple complemento, sino parte central del ecosistema del festival.
La tarde continúa en el Museo Diocesano de Barbastro con la presentación de «Islandia», la novela más reciente de Manuel Vilas, en conversación con Carlos Marzal. Ambos autores comparten reflexiones sobre memoria, familia, duelo y creación literaria, en uno de los encuentros más esperados de la jornada inaugural.
El cierre del primer día llega en el Centro de Congresos de Barbastro con el espectáculo «Claves líricas en concierto», a cargo de Teo Cardalda y María Monsonis, integrantes del dúo Cómplices. Cardalda, que formó parte de la mítica banda Golpes Bajos, presenta aquí un proyecto donde musicaliza poemas de Ramón María del Valle-Inclán, construyendo una especie de «ópera pop» que mezcla baladas, rock y rap.
Sobre el escenario, Cardalda encarna a Valle-Inclán y Monsonis interpreta a Josefina Blanco, su esposa. Durante algo más de una hora, se desgranan una docena de poemas, acompañados por proyecciones de imágenes históricas cedidas por la familia del autor gallego. La propuesta subraya que la literatura puede habitar también el formato concierto, sin perder densidad ni hondura.
Premios literarios: novelistas y poetas en el centro
En paralelo a las actividades del festival, Barbastro acoge el fallo de los premios del Certamen Literario, que constituye uno de los momentos más esperados de la semana. El viernes 15 de mayo se dan a conocer los ganadores del Premio Internacional de Novela Ciudad de Barbastro (57.ª edición) y del Premio Internacional de Poesía Hermanos Argensola (58.ª edición), junto a otros galardones integrados en el CLB/Barbitania.
El jurado del Premio Internacional de Novela Ciudad de Barbastro, presidido por Ignacio Martínez de Pisón y formado por Lara Moreno, Juan Manuel de Prada, Inés Plana, Manuel Vilas, Joan Tarrida, Carlos Zanón y Elvira Navarro, selecciona en primer lugar 29 manuscritos de los 650 presentados, y de ahí reduce la lista a siete finalistas. La obra ganadora recibe 20.000 euros y se publica en la editorial Galaxia Gutenberg, lo que sitúa el premio entre los más relevantes en lengua española.
En el caso del Premio Internacional de Poesía Hermanos Argensola, el jurado está integrado por Aurora Luque (presidenta), Antonio Lucas, Gioconda Belli, Carlos Marzal, Benjamín Prado, María Ángeles Naval y Jesús García Sánchez. Tras una primera criba que deja 34 poemarios preseleccionados de un total de 700, se eligen seis finalistas. La obra premiada obtiene una dotación de 10.000 euros y su publicación en Visor Poesía, sello de referencia en el ámbito hispánico.
Además de estos grandes galardones, se anuncian los resultados del Certamen Internacional de Relato de Humor Hiperbreve Joaquín Coll-La Mueca del Pícaro, del XIV Premio de Novela en Aragonés Ziudá de Balbastro y del XXVII Premio Escolar de Narrativa. De este modo, el CLB/Barbitania cubre todo el arco de la creación, desde estudiantes que empiezan a escribir hasta autores con trayectoria internacional.
En esta ocasión, se ha reconocido también el trabajo de autores como Marina Perezagua, premiada con el galardón de Novela Ciudad de Barbastro, y del poeta Javier Vicedo, ganador del Hermanos Argensola, nombres que se suman a una lista donde figuran en ediciones anteriores Javier Tomeo, Eduardo Mendicutti, Carmen Kurtz, Jorge Carrión, Aleksandra Lun o Leonardo Cano. El historial refleja una línea de elección que apuesta con frecuencia por libros singulares, a veces difíciles de encasillar.
Jóvenes lectores, talleres y participación ciudadana
Otro de los pilares del festival es la atención a la formación de nuevos lectores y escritores. Barbitania programa talleres de escritura dirigidos a niños, adolescentes y adultos, donde se trabajan el microrrelato, la narrativa, la poesía y el periodismo literario. El objetivo es proporcionar herramientas narrativas y poéticas, pero también generar un espacio de juego, curiosidad y escucha.
Entre quienes imparten estas actividades figuran Care Santos, David Lozano, Aurora Luque, Inés Plana y Antonio Lucas, que adaptan sus propuestas a distintos niveles y edades. Se trata de sesiones prácticas en las que se escriben textos breves, se comparten lecturas y se comentan recursos para mejorar la expresión escrita, todo ello en un entorno distendido.
El festival incluye asimismo la entrega del Premio Escolar de Narrativa, cuyo fallo se comunica en un acto específico en el que intervienen jurados y escritores invitados. La sesión, conducida por Álvaro Alcaine, cuenta con la participación de figuras como David Lozano y Care Santos, que leen el acta, comentan los textos premiados y dialogan con los estudiantes.
La implicación de centros educativos como el IES Hermanos Argensola y la presencia de docentes y alumnos en mesas de radio en directo o en coloquios refuerzan la idea de que el festival no es un acontecimiento aislado, sino un proceso que se prepara durante meses en las aulas y en las bibliotecas escolares de la ciudad.
Este enfoque participativo contribuye a que la comunidad local sienta Barbitania como algo propio, no como un evento impuesto desde fuera. Los jóvenes lectores no solo ocupan las butacas, sino que se convierten en protagonistas de la programación, bien como autores en ciernes, bien como entrevistadores y moderadores.
Música, artes escénicas y librerías históricas
Barbitania concibe la literatura como una experiencia que desborda el libro y se expande hacia la música, el teatro y otras artes. Además del ya mencionado «Claves líricas en concierto», el programa incluye recitales poéticos acompañados de guitarra acústica, espectáculos híbridos y propuestas escénicas que mezclan interpretación teatral con lectura dramatizada.
El recital «Divinos y Diversos», por ejemplo, reúne a poetas y músicos en una celebración compartida de la palabra, donde la poesía abandona por un rato el formato académico y se vuelve cercana, casi de barra de bar o de sobremesa entre amigos. En estas sesiones, la oralidad se convierte en el centro y los versos se escuchan antes de ser leídos.
El festival también aprovecha para poner en valor el tejido librero de la ciudad. Librerías con una trayectoria de décadas, como Castillón —con más de un siglo de historia— o Moisés, abierta desde 1936 y trasladada posteriormente a Barbastro desde Binéfar, se convierten en escenarios de presentaciones y firmas.
En esta edición se rinde un homenaje especial a la librería Ibor, que durante 75 años ha formado parte de la vida cultural barbastrense. Su legado, construido «página a página», se recuerda tanto en gestos institucionales como en las palabras de quienes han sido clientes, amigos o colaboradores de sus libreros.
El alcalde Fernando Torres y la concejala Pilar Abad insisten en que la cultura debe ser también un motor de desarrollo económico y social para Barbastro, sumándose a otros atractivos y potencialidades de la ciudad. Entre los proyectos recientes se incluye la instalación en la Plaza del Mercado de esculturas dedicadas a los Hermanos Argensola, poetas que dan nombre al premio de poesía, y la próxima inauguración de la nueva Biblioteca municipal en el rehabilitado edificio centenario de los Almacenes de San Pedro.
Apoyo institucional y proyección para Aragón
La vicepresidenta y consejera de Presidencia, Justicia y Cultura del Gobierno de Aragón, Mar Vaquero, ha participado en el acto de inauguración oficial de la quinta edición, donde ha subrayado el impacto nacional e internacional del festival. En sus palabras, Barbitania se ha convertido en un referente para la comunidad autónoma y en un motor que dinamiza la economía local gracias a la llegada de visitantes, medios y profesionales del sector cultural.
Durante su visita, la vicepresidenta ha firmado en el Libro de Honor del Ayuntamiento y ha recorrido librerías como Ibor y Castillón, donde ha mantenido encuentros con familiares de los libreros recientemente fallecidos, Víctor Castillón padre y Beni Ibor. En sus intervenciones, Mar Vaquero ha recordado que ambos fueron figuras clave para la vida cultural de la ciudad, dedicando su trayectoria a orientar y acompañar a lectores de varias generaciones.
El Gobierno de Aragón ha reiterado su compromiso con el sector del libro y con proyectos que, como Barbitania, refuerzan el arraigo de la cultura en el territorio. A través de apoyos económicos, colaboración institucional y presencia en los actos, se busca consolidar un ecosistema en el que convivan editoriales, librerías, bibliotecas, festivales y autores.
El alcalde Fernando Torres, por su parte, ha defendido la apuesta del consistorio barbastrense por una política cultural sostenida en el tiempo, que no persiga solo el impacto puntual o el reclamo turístico, sino la construcción de un calendario estable de actividades. El Certamen Literario y Barbitania son, en esta estrategia, dos pilares fundamentales.
La participación de medios como Onda Cero Cinca, que ha realizado programas especiales desde el Centro de Congresos con entrevistas a María Ángeles Naval, Pilar Abad, docentes y alumnos del IES Hermanos Argensola, así como a escritores como David Lozano, Care Santos o José Luis Esteban, contribuye a amplificar el alcance del festival más allá de la ciudad.
Barbastro como tiempo literario compartido
A lo largo de cuatro días, Barbastro se consolida como un territorio literario donde confluyen tradición y experimentación, premios de larga trayectoria y formatos nuevos como los podcasts, la radio en directo o los espectáculos híbridos. Las librerías históricas, la nueva biblioteca en marcha, los premios internacionales y el festival Barbitania componen un ecosistema cohesionado que convierte a la ciudad en una referencia para lectores y escritores en España y en Europa.
Más que un simple evento, Barbitania actúa como una casa abierta a las palabras, donde la literatura se piensa, se discute y se celebra desde muchos ángulos: el de quienes escriben desde el exilio, el de quienes cambian de lengua, el de los jóvenes que empiezan a contar sus primeras historias o el de los libreros que han sostenido durante décadas el hábito de la lectura. Cada mayo, esa casa vuelve a levantarse en Barbastro y quienes la habitan durante unos días se marchan con la sensación de que, en algún punto del calendario, hay un lugar al que merece la pena regresar.
