Arturo Pérez-Reverte revela los videojuegos que más disfruta

  • Pérez-Reverte admite que juega a videojuegos desde joven, aunque no se considera fanático
  • Sus títulos preferidos son simuladores bélicos, estrategia y juegos de ambientación histórica
  • Destaca sagas como Silent Hunter, Call of Duty, Total War, Age of Empires, God of War y Super Mario Bros
  • Considera que los buenos videojuegos desarrollan habilidades útiles y acercan a la historia y la cultura clásica

Arturo Pérez-Reverte y sus videojuegos favoritos

Arturo Pérez-Reverte, uno de los novelistas españoles más leídos, ha dejado claro que además de libros y batallas históricas tiene otra gran afición: los videojuegos. A sus más de siete décadas de vida, el antiguo reportero de guerra sigue encontrando en la pantalla una forma de entretenimiento que combina estrategia, historia y adrenalina.

Esta faceta más lúdica salió a la luz en su amplia charla en el pódcast The Wild Project, conducido por Jordi Wild, donde el escritor habló sin tapujos de su relación con el ocio digital. Allí confesó que lleva años jugando a videojuegos de todo tipo, aunque siente debilidad por los títulos de guerra, simulación y estrategia, géneros que encajan con su experiencia personal y sus intereses literarios.

De los juegos de mesa al campo de batalla digital

Videojuegos preferidos de Arturo Pérez-Reverte

Durante la conversación, Pérez-Reverte recordó que su afición comenzó mucho antes de la era digital. Relató que empezó con juegos de mesa tácticos, como el mítico Squad Leader, donde se recreaban combates con fichas y tableros. Ese contacto temprano con la táctica y la simulación bélica dejó una huella clara en sus gustos posteriores.

Tras esa etapa llegó el salto natural al ordenador. El escritor explicó que uno de los primeros videojuegos que le atrapó fue Close Combat, un título de estrategia en tiempo real ambientado en la Segunda Guerra Mundial. Asegura que todavía hoy, de vez en cuando, se concede alguna partida, siempre contra la máquina y nunca contra otros jugadores.

Otro juego que menciona de forma reiterada es Silent Hunter, una serie de simuladores de submarinos en la que se pone al mando de un navío sumergible. Pérez-Reverte confiesa que se ha pasado horas hundiendo “barcos aliados despiadadamente”, y en otras intervenciones ha llegado a definir esta saga como uno de sus grandes favoritos, algo lógico si se tiene en cuenta su reconocida pasión por el mar.

El autor también alude a su biblioteca digital en PC, donde accede a sus juegos a través de plataformas como Steam. Según reconoce, prefiere jugar en solitario, sin interacción en línea, disfrutando de la partida como quien se encierra con una novela: a su ritmo y sin distracciones externas.

Call of Duty, Total War y la estrategia como campo de juego

Entre los títulos que más se repiten en su lista destacan los juegos bélicos. Pérez-Reverte admite que ha jugado prácticamente a todas las entregas de la saga Call of Duty, centrándose en las campañas con un enfoque más realista y dejando a un lado modos como el de zombis. Para él, estos escenarios de guerra no son solo un pasatiempo: apuntó que sabe cómo moverse “en una ciudad en guerra” y que le resulta curioso aplicar en el juego los conocimientos adquiridos en sus años como corresponsal.

Dentro de la estrategia, el escritor citó también la saga Total War, a la que recurre de forma excepcional en modo online. La define como un juego “muy napoleónico”, por su énfasis en grandes ejércitos, campañas históricas y maniobras militares a gran escala. Es, según contó, la única licencia por la que hace una excepción a su costumbre de evitar las partidas multijugador.

En esa misma línea estratégica mencionó Age of Empires, clásico de la estrategia en tiempo real que permite levantar imperios, organizar ejércitos y gestionar recursos a lo largo de diferentes épocas. Este tipo de juegos encajan bien con su interés por los procesos históricos y por la evolución de las civilizaciones, un tema recurrente en su obra literaria.

De Mario a Lara Croft: personajes y sagas que le divierten

Más allá de la guerra y los mapas tácticos, Pérez-Reverte tampoco ha dejado de lado los títulos más populares y accesibles. Durante la entrevista, reconoció que también ha pasado horas con Super Mario Bros, la famosa saga de plataformas de Nintendo. Con tono jocoso, aseguró que la princesa Peach y él son “muy buenos amigos”, una forma de admitir que, pese a su imagen seria, también disfruta con propuestas más desenfadadas.

Al hablar de personajes, se inclinó claramente por las heroínas de acción. Señaló que le atraen figuras como Lara Croft, de Tomb Raider, o Jill Valentine, de Resident Evil, personajes habituales en eventos como el salón del cómic de Huelva, y a las que considera más cercanas a los perfiles femeninos que aparecen en sus novelas: mujeres con carácter, iniciativa y un papel activo en la trama, lejos del estereotipo de “dama en apuros”.

En cuanto a otros títulos, comentó que ha probado juegos como Assassin’s Creed o Metal Gear Solid, aunque en estos casos más como un acercamiento puntual que como afición continuada. Le llaman la atención por su ambientación histórica o por sus personajes icónicos, pero no forman parte central de su rutina de juego.

God of War y la puerta de entrada a la cultura clásica

Uno de los momentos más llamativos de la conversación fue cuando Pérez-Reverte habló de su aprecio por la saga God of War. Explicó que le interesa especialmente por su vínculo con la mitología y la historia antigua, y que le parece una manera muy efectiva de acercar la cultura clásica a los jugadores actuales, primero en el marco grecorromano y, en sus últimas entregas, en escenarios de inspiración nórdica.

El escritor subrayó que los buenos videojuegos pueden servir de puerta de entrada a la lectura y al conocimiento. En su opinión, títulos como God of War animan a quien juega a buscar información adicional, leer sobre mitos, consultar libros de historia o contextualizar lo que aparece en pantalla. Para él, esa combinación de entretenimiento y curiosidad intelectual es uno de los mayores valores del medio.

Ventajas y riesgos de jugar según Pérez-Reverte

Lejos de idealizar el fenómeno, Pérez-Reverte también señaló la otra cara de la moneda. Reconoció que un uso abusivo de los videojuegos puede acarrear problemas físicos y psicológicos: dolores de espalda, falta de sueño, aislamiento, frustración o incluso conflictos derivados de comportamientos tóxicos en comunidades competitivas, como ha ocurrido en entornos asociados a juegos tipo League of Legends.

Al mismo tiempo, matizó que, usado con cabeza, el juego interactivo puede ser una herramienta valiosa. Afirmó que un jugador sereno, que no convierte el videojuego en una obsesión, puede desarrollar habilidades que quizá no entrenaría de la misma forma en la vida real. Mencionó, por ejemplo, la agilidad ojo-mano y los reflejos que adquieren muchos adolescentes con los juegos de disparos en primera persona.

También destacó el componente de gestión y planificación de títulos como Los Sims u otros juegos de construcción y administración, donde hay que organizar recursos, administrar tiempo y dinero o levantar ciudades enteras. Para el autor, este tipo de dinámicas sirven como entrenamiento práctico de ciertas capacidades estratégicas y de toma de decisiones.

Con honestidad, admitió que no todos los juegos están a su alcance, y que hay propuestas que requieren una velocidad de reacción que ya no tiene. Aun así, considera que el medio ofrece tantas variantes y géneros que cada persona puede encontrar una forma de jugar acorde con su edad, sus gustos y su manera de entender el ocio.

Las confesiones de Arturo Pérez-Reverte dibujan a un escritor que ha trasladado su interés por la historia, la guerra y la aventura al terreno digital, con una lista de favoritos en la que brillan simuladores navales como Silent Hunter, sagas bélicas como Call of Duty y títulos de estrategia como Age of Empires o Total War, sin dejar de lado iconos tan populares como Super Mario Bros o el universo mitológico de God of War. Para él, los videojuegos, usados con moderación y criterio, pueden ser tanto un pasatiempo estimulante como una forma de aprender, explorar otros mundos y seguir ejercitando la mente.

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