La literatura infantil y juvenil en español vive un momento dulce. Esta semana, el Ministerio de Cultura ha querido poner en valor el trabajo de dos creadores que llevan décadas dedicándose a los más pequeños, pero también a los no tan pequeños que saben apreciar un buen juego de palabras. Antonio Rubio y Carmen Queralt han sido galardonados con el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil 2026 por su obra ‘Divertimentos: juegos poéticos’, publicada por Kalandraka. El premio, que está dotado con 30.000 euros, reconoce una propuesta que convierte la poesía en un terreno de experimentación y disfrute, algo que no siempre es fácil de conseguir.
El jurado, reunido este jueves, ha elegido este libro entre las obras publicadas en 2025 por autores españoles en cualquiera de las lenguas oficiales del Estado. No ha sido una decisión trivial, y es que el veredicto incide en la capacidad de Rubio y Queralt para transformar la palabra en un espacio de juego, descubrimiento y experimentación. Un planteamiento que ha convencido por completo a los miembros del tribunal, que también han subrayado la importancia de las ilustraciones de Queralt, capaces de multiplicar las resonancias de cada verso.
Un muestrario poético que lo abarca todo
Lo primero que llama la atención de ‘Divertimentos: juegos poéticos’ es su variedad. Antonio Rubio no se ha limitado a un solo estilo, sino que ha querido recorrer un amplio abanico de formas y recursos compositivos. El jurado destacaba que la propuesta abarca desde limericks y trabalenguas hasta caligramas, romancillos, haikus y poemas visuales donde la rima y la grafía se funden en una misma pieza. Y no solo eso: también hay coplas, palíndromos, versos de rima partida y hasta cuentos estructurados con naipes. Todo ello pensado para que el lector, sea cual sea su edad, encuentre un estímulo diferente en cada página.
No es un libro al uso, y eso se nota. Cada composición está concebida como un desafío ingenioso para el oído y para la imaginación. El jurado hablaba de que la obra celebra la creatividad verbal, la musicalidad y el humor. Y es que hay una intención clara de que la poesía no sea algo serio y distante, sino una experiencia vital y divertida. Los temas, además, giran en torno al universo cotidiano de la infancia: el abecedario, los números, las estaciones o la naturaleza aparecen retratados a través de personas y animales que se mueven entre lo real y lo fantástico.

El arte de Carmen Queralt, un universo visual
Si las palabras de Rubio ya son de por sí sugerentes, el trabajo de Carmen Queralt las eleva a otro nivel. La ilustradora madrileña ha creado un universo gráfico que el jurado ha definido como una «variopinta comparsa de animales, vegetales y seres fantásticos» que potencia la dimensión lúdica de los poemas. Su técnica, basada en el collage con tonalidades intensas y trazados sencillos, aporta un dinamismo que invita a perderse entre las páginas. No es de extraño que el veredicto hable de que las ilustraciones «multiplican las resonancias de cada verso».
Queralt comenzó su trayectoria profesional en los años 90, tras formarse en la Escuela BAT, donde estudió dibujo clásico, ilustración y diseño. Desde entonces ha colaborado con numerosas editoriales y publicaciones especializadas, como la revista ‘Cavall Fort’. Entre sus trabajos más conocidos se encuentran títulos como ‘El mundo al que vienes’, ‘El monstruo y la biblioteca’ y ‘Mira, mira’. Su estilo, reconocible y personal, ha sido clave para que obras como esta trasciendan el formato de libro convencional y se conviertan en piezas de coleccionista.
Antonio Rubio, medio siglo dedicado a la poesía
Por su parte, Antonio Rubio (El Puente del Arzobispo, Toledo, 1953) ha ejercido como maestro durante cuatro décadas, una experiencia que sin duda ha influido en su manera de entender la literatura para niños. El jurado señalaba en el fallo que «con su capacidad personal de mirar el mundo con un espíritu siempre nuevo, Antonio Rubio logra una comunión perfecta con el lector más joven», y añadía algo que define muy bien su forma de trabajar: «él, como ellos, es un niño entre niños».
Su bibliografía es extensa. Es autor de la célebre colección ‘De la cuna a la luna’, así como de títulos como ‘Aurelio’, ‘Colores’, ‘Números’, ‘La mierlita’, ‘El pollito de la avellaneda’, ‘Almanaque musical’, ‘Las alas del AVEcedario’ y ‘7 Llaves de cuento’. Además, dirige la colección de poesía ‘Trece Lunas’ de Faktoría K, un sello que ha servido de escaparate para numerosos autores del género. Su labor como dinamizador de bibliotecas escolares y su compromiso con la difusión de la poesía han hecho de él una figura imprescindible en el panorama literario español.

Un premio con solera que reconoce lo mejor del año
El Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil se ha convertido, con los años, en un referente indispensable para saber qué se está haciendo bien en este género. Se concede a una obra creada por autores españoles, escrita en cualquiera de las lenguas oficiales y publicada en España durante el año anterior. En esta edición, el relevo lo toma la escritora vasca Leire Bilbao, que fue la ganadora en 2025. Con este nuevo galardón, Rubio y Queralt se suman a una nómina de autores ilustres entre los que se encuentran Rafael Salmerón, Beatriz Giménez de Ory, Raimon Portell i Rifà, Juan Kruz Igerabide o Ledicia Costas.
La decisión del jurado, dada a conocer este jueves, ha sido recibida con satisfacción en el sector editorial, que ve en esta obra un ejemplo de cómo la poesía puede acercarse a los más pequeños sin perder un ápice de calidad. Y es que ‘Divertimentos: juegos poéticos’ no solo es un libro para niños, sino también un objeto literario que invita a ser descubierto una y otra vez. Tanto por la riqueza de sus textos como por la belleza de sus ilustraciones, esta obra se convierte en una herramienta perfecta para que las nuevas generaciones se enamoren de la poesía desde edades tempranas.
Con este reconocimiento, el Ministerio de Cultura subraya la importancia de la literatura infantil y juvenil como pilar del desarrollo cultural. Rubio y Queralt han demostrado que es posible innovar dentro del género y que la poesía puede ser un territorio de juego y experimentación. En definitiva, este premio no solo reconoce una obra excelente, sino también toda una trayectoria dedicada a la creación y a la educación. Un ejemplo de que el trabajo bien hecho, hecho con pasión y con una mirada limpia, acaba teniendo su recompensa.