Anáfora

Frase de Andrés Eloy Blanco.

Frase de Andrés Eloy Blanco.

La anáfora es una figura retórica muy empleada entre poetas y escritores líricos. Consiste en la repetición constante de una palabra o una frase, generalmente, al principio de un verso o un enunciado. Aunque, eventualmente puede aparecer en medio. Esto se observa en la siguiente frase de Amado Nervo: “Aquí todo se sabe, aquí nada es secreto”.

Se recurre a ella con el propósito de dotar al texto de una intencionalidad clara e inequívoca, lo mismo que de una sonoridad específica. Del mismo modo, se emplea al momento de construir poemas en prosa, independientemente son repeticiones de frases exactas o grupos sintácticos similares. Por ejemplo:

“Caminante no hay camino, se hace camino al andar”. (Intertexto apuntado por Joan Manuel Serrat, del poema «Cantares» de Antonio Machado).

Retóricas intencionales

Además de dotar a los escritos de un ritmos y sonoridades particulares, es una figura retórica esencial al momento de remarcar un concepto, una idea o al mismo objeto lírico protagonista de unos versos. A continuación, se ejemplifica la retórica intencional con un fragmento de Andrés Eloy Blanco:

“Pintor nacido en mi tierra con pincel extranjero // pintor que sigues el rumbo de tantos pintores viejos // aunque la Virgen sea blanca, píntame angelitos negros”. («Píntame angelitos negros», Andrés Eloy Blanco).

Adicionalmente, la anáfora cumple un papel preponderante en la dicción. Por ende, hace de la poesía una manifestación artística —la cual, para ser apreciada en su totalidad— necesita ser leída en voz alta. Ya sea cantada, recitada o declamada a viva voz. Resulta indistinto si el lector se encuentra ante una audiencia que le escucha con atención o en la soledad de una habitación.

Orígenes de las anáforas

El término anáfora proviene de la combinación de dos vocablos de origen griego. En primer lugar, ana, cuyo significado es “repetición” o “similitud”; complementado con pherein, que quiere decir “trasladar”. Por otra parte, han existido desde mucho antes de que se inventara la escritura.

Frase de Antonio Machado.

Frase de Antonio Machado.

Los académicos sostienen que el uso de las anáforas se remonta a tiempos en los cuales la oralidad era el único medio para transmitir conocimientos. Por lo tanto, este recurso se utilizaba para no dejar lugar a dudas con respecto a las ideas expresadas en las oraciones o pudiese prestarse a malas interpretaciones.

Tipos de anáforas gramaticales

Dentro del campo de la lingüística y los análisis gramaticales, «anáfora» es un término dueño de tres significados distintos. Ello —aparte de su empleo como figura retórica— constituye una de esas peculiaridades que hacen del español un idioma difícil de asimilar para quienes no es su lengua nativa. Incluso, en ocasiones para los hispanoparlantes de nacimiento también genera dificultades.

Usos

  • La anáfora se emplea como punto de referencia o deíctico en forma de pronombre, cuyo significado va condicionado al contexto del discurso. Nótese en la siguiente frase de Filippo Neviani “Nek”: … «Laura se escapa de mi vida, y tú que sí estás, preguntas porqué la amo a pesar de las heridas»…
  • Igualmente, la anáfora puede ser una expresión cuya interpretación queda sujeta a otra frase que complementa el discurso.
  • Por último, su significado está supeditado a conceptos que al momento de la repetición (de la palabra o de la frase) ya están presentes en el texto. Por ejemplo: “Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón”. (Albalucía Ángel).

Anáfora y catáfora

Anáfora y catáfora son términos cuyos significados muchas veces se prestan a confusión. Sin embargo, hay una única diferencia entre ambos, la cual es bastante sencilla de entender. Por una parte, las catáforas son empleadas dentro de la gramática castellana como recursos de cohesión estructural en los escritos, evitando la repetición de palabras.

En una anáfora, el pronombre se emplea después que el sujeto ya ha sido presentado dentro de un enunciado. En cambio, en una catáfora primero se recurre al “término sustituto” y más adelante hace aparición el protagonista de la acción.

Por ejemplo: “ella no esperó mucho tiempo, es que Patricia no tiene paciencia”.

Las elipsis y la anáfora

Hay una tercera “herramienta” gramatical empleada para dotar de cohesión a los textos sin recurrir a la repetición constante de palabras. Se trata de las elipsis. Aquí no se emplea un pronombre “sustituto”. Simplemente se omite el sujeto, cuya ausencia queda plenamente justificada en el texto y no se producen confusiones respecto al personaje o el objeto de quién se habla.

La ausencia (la elipsis) puede darse como una “especie” de anáfora. Es decir, la omisión se da una vez el sujeto ya ha sido presentado: Marina y Roberto son una pareja especial, de verdad se quieren mucho. Del mismo modo, puede funcionar como una catáfora “silente”. Nótese en la siguiente oración: “No vino, Eduardo es un irresponsable”.

Características generales de las anáforas como figuras retóricas

Si bien por momentos las anáforas retóricas y las lingüísticas pueden lucir semejantes, repasar algunas de las características generales de las primeras sirve para clarificar las diferencias entre unas y otras.

De entrada

Su aparición suele darse al principio de cada frase. Por lo general, desde la apertura misma del enunciado y en lo sucesivo, seguido al cierre de cada oración. Por consiguiente, en este caso la anáfora aparece a continuación de un punto y seguido o un punto y aparte. Por ejemplo: “Bendito serás en la ciudad o en el campo. Bendito será el fruto de tus entrañas y el fruto de tu tierra”. (Deuteronomio 28).

Frase de Miguel Hernández.

Frase de Miguel Hernández.

Asimismo, las anáforas de entrada pueden encontrarse después de una coma o un punto y coma. Esto se observa en el siguiente fragmento: “Dale al aspa, molino, hasta nevar el trigo. // Dale a la piedra, agua, hasta perderla mansa. // Dale al molino, aire, hasta lo inalcanzable”. (Miguel Hernández).

Una palabra, una frase

En este tipo de anáforas, el recurso abarca más de un solo vocablo, tal y como se observa en el siguiente fragmento de Silvio Rodríguez: “Hay quien precisa una canción de amor; hay quien precisa un canto de amistad; hay quien precisa remontarse al sol para cantar la mayor libertad”.

Con cambio de género

Una de las formas en las cuales la anáfora puede encontrarse dentro de un enunciado es con poliptoton. Entonces, el término a repetir cambia de género durante el transcurso del texto. Por ejemplo: “¿Cómo quieres que te quiera si el que quiero que me quiera no me quiere como quiero que me quiera?”.


Un comentario, deja el tuyo

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

*

  1. Responsable de los datos: Miguel Ángel Gatón
  2. Finalidad de los datos: Controlar el SPAM, gestión de comentarios.
  3. Legitimación: Tu consentimiento
  4. Comunicación de los datos: No se comunicarán los datos a terceros salvo por obligación legal.
  5. Almacenamiento de los datos: Base de datos alojada en Occentus Networks (UE)
  6. Derechos: En cualquier momento puedes limitar, recuperar y borrar tu información.

  1.   Gustavo Woltmann dijo

    Interesante recurso linguistico y literario, pero hay que tener cuidado con su aplicación, hacerlo muchas veces puede congestionar la lectura o dar la impresión de estar redundando en abundancia. Excelente artículo
    -Gustavo Woltmann.