Almudena de Arteaga. Entrevista con la autora de La virreina criolla

Hablamos con Almudena de Arteaga sobre su última obra.

Fotografía: Almudena de Arteaga. Cortesía de Ingenio de comunicaciones.

Almudena de Arteaga es escritora, conferenciante y articulista. Nacida en Madrid y licenciada en Derecho por la UCM, en 1997 publicó su primera novela, La princesa de Éboli, cuyo éxito la llevó a dedicarse exclusivamente a la escritura. Después han seguido otras 20 obras más. La crítica la considera una de las más destacadas escritoras de novela histórica actuales. Su última novela es La virreina criollaLe agradezco muchísimo su tiempo y amabilidad para esta entrevista donde nos habla de ella y de muchas cosas más.

Almudena de Arteaga — Entrevista

  • ACTUALIDAD LITERATURA: Tu última novela lleva por título La virreina criolla. ¿Qué nos cuentas en ella y de dónde surgió la idea?

ALMUDENA DE ARTEAGA: Felicitas, nacida en Nueva Orleans (Luisiana) y fallecida en Aranjuez (España), es el claro ejemplo de una mujer independiente, valiente y avezada. Conoce de primera mano dos momentos importantes de la historia del mundo, la independencia de los Estados Unidos y la Revolución Francesa, y en los dos se implica directa o indirectamente. Además de que una vez viuda no teme seguir progresando y en un mundo donde muchas mujeres viajan del antiguo al nuevo continente buscando una vida mejor, ella decide hacer el tornaviaje para educar a sus hijos según la promesa que le hizo a su marido en el lecho de muerte. 

A finales del siglo XVIII no se puede entender la vida de una mujer sin que camine junto a su marido. Bernardo es el único español reconocido como héroe de la Revolución americana y su cuadro pende de las paredes del Capitolio. Liberó del acoso ingles una ribera entera del Misisipi, tomó la Florida y Pensacola, ayudó a George Washington cuando estaba a punto de perder la guerra, fue gobernador de la Luisiana y Virrey de la Nueva España y no sigo porque haría un espóiler que no deseo con mi novela. Su historia es una historia de historias de comercio de mercancías Misisipi arriba, mestizaje, piratas en el Caribe, virreinatos en México, tertulias literarias en la corte madrileña y destierros. 

  • AL: ¿Te puedes remontar a ese primer libro que leíste? ¿Y la primera historia que escribiste?

ADA: Los primeros fueron cuentos infantiles y tebeos y ya cuando fui capaz de leer sin problemas la colección de Los Cinco y Los Hollister, que vivían aventuras con las que todos los niños que estudiamos en la EGB soñábamos.

  • AL: ¿Un escritor de cabecera? Puedes escoger más de uno y de todas las épocas. 

ADA: Una pregunta difícil, ya que he leído novelas de casi todos los géneros de joven mucha literatura inglesa, todas las de Agatha Christie, que me inició en la novela negra hasta los grandes cómicos como Woodhouse a Tom Sharpe para terminar la sátira inigualable de Quevedo o nuestro contemporáneo Eduardo Mendoza

La novela histórica siempre intercalada con otras de ficción pura. 

En el colegio comencé, como es menester, con Don Quijote de la Mancha de don Miguel de Cervantes, aunque la primera vez que pasó por mis manos quizá era demasiado joven para valorarla debidamente. Después, desde sus Novelas Ejemplares a nuestros Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós pasando por Los reyes malditos, de Maurice Drouon, las Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar a En busca del Unicornio, de Juan Eslava Galán. 

Y así podría seguir sin fin, pues he tenido la inmensa suerte de topar con cientos de historias apasionantes que han saciado con creces mi sed de lectora.

  • AL: ¿Qué personaje de un libro te hubiera gustado conocer y crear? 

ADA: El principal de cualquier novela que me esté seduciendo en el momento en que pasa por mis manos. Tengo un archivo informático llamado el cajón de mis ideas, repleto de mujeres históricas sumidas en el ostracismo u olvido más absoluto con vidas dignas de recuperar que esperan su oportunidad para que algún día, si Dios me da vida, puedan ver la luz. Tan solo espero cumplir con ellas como se merecen, ya que escribir sobre alguien conlleva una gran responsabilidad, aunque lleven siglos enterrados.

  • AL: ¿Alguna manía o costumbre especial a la hora de escribir o leer? 

ADA: Ninguna. Al ser hija de una familia numerosa y una madre muy joven aún estudiando en la universidad, aprendí a concentrarme en los lugares más insospechados y quizá eso me ayudó a no ser una tiquismiquis. 

  • AL: ¿Y tu sitio y momento preferido para hacerlo? 

ADA: Mi casa, un aeropuerto, el tren, la playa, la montaña… Cualquier lugar donde una se pueda sentar es bueno para leer. Para escribir, casi siempre mi casa a no ser que los plazos de entrega de una novela me agobien. 

  • AL: ¿Hay otros géneros que te gusten? 

ADA: Todos siempre que la obra sea buena y digna de elogio. Aunque siempre me inclino por la novela histórica

  • AL: ¿Qué estás leyendo ahora? ¿Y escribiendo?

ADA: Leyendo un montón de legajos provenientes de diferentes archivos históricos nacionales. En este momento es difícil seguirme la pista.

Estoy documentando la vida de una guipuzcoana en el siglo XVII que apenas nadie conoce, casada con un gran marino y ejemplo de la cultura y superación en soledad. Más no digo que luego por sorpresa y gran casualidad aparecen otros escritores recordándola a un mismo tiempo. No sería la primera vez que me ocurre.  

  • AL: ¿Cómo crees que está el panorama editorial y qué te decidió a ti para intentar publicar?

ADA: Las buenas editoriales tienen un trabajo titánico por delante porque ahora, además de buscar un verdadero y novedoso éxito editorial, para vender tienen que luchar con la competencia de la oferta que brindan a la juventud las nuevas tecnologías en el campo del entretenimiento. 

Desde el éxito de La princesa de Éboli, que fue mi primera novela de las veintidós que tengo publicadas, nunca he escrito sin publicar. 

  • AL: ¿Te está siendo difícil el momento de crisis que estamos viviendo o podrás quedarte con algo positivo para historias futuras?

ADA: Los momentos difíciles para mí son tremendamente edificantes para estimular el talento. Tan solo hay que sentarse a trabajar y crear y las ideas suelen manar mucho más fácilmente que en los tiempos más calmos. 


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