Retrato de la autora
Con una voz cada vez más reconocible en la narrativa romántica, Alice Kellen recupera una de sus historias más personales y abre una nueva etapa en su trayectoria: el regreso de Sigue lloviendo llega acompañado de proyectos audiovisuales y de una reflexión sobre el género que la ha situado entre las autoras más leídas.
No se trata de un simple rescate del catálogo: la escritora valenciana revisita su segunda obra autopublicada con una reescritura que pule sin desvirtuar aquello que conectó con miles de lectoras y lectores. Y lo hace reivindicando una romántica que dialoga con el presente, con personajes más reales, matizados y con conflictos contemporáneos.
Una reedición que mira al presente

Reedición de ‘Sigue lloviendo’
Sigue lloviendo vuelve a librerías de la mano de Planeta como parte de esa línea de novelas breves e íntimas que Kellen ha cultivado junto a títulos como El chico que dibujaba constelaciones o La teoría de los archipiélagos. La autora ha intervenido el texto con sutileza, «hilvanando aquí y allá», para mantener la esencia y afinar la técnica que hoy la define.
La historia sigue a Víctor y Sara, una pareja que se divorcia y que, a medida que avanza el relato, muestra las fisuras de su pasado y el punto exacto en el que todo se quebró. No es una narración luminosa, sobrevuela el dolor, pero abre espacio a la esperanza y a la posibilidad de entenderse desde otro lugar.
La autora admite que reencontrarse con aquella versión más joven fue «duro, pero necesario«: una suerte de reforma en casa ajena en la que no puedes tirar muros de carga, sólo mejorar lo que ya existía. Entre los retoques, se amplía el pasado de la pareja, cómo se conocen y qué les sostiene, para darle más profundidad.
El libro está ambientado en València y su entorno y transita por lugares reconocibles como El Saler, l’Albufera, la Malva-rosa, el Carmen, Russafa o Patraix. Para Kellen, elegir su ciudad no es un gesto premeditado: surge de forma orgánica, porque es el territorio emocional desde el que escribe.
Romántica actualizada: matices y contexto

Género romántico hoy
Kellen defiende que las novelas son un espejo de la realidad social de su tiempo. Quien se acerca hoy al género no busca sólo el flechazo: quiere protagonistas con aristas, coherentes con cómo entendemos las relaciones y el mundo, y tramas donde aparecen identidad, amistad, familia, duelo, trabajo o la maternidad (o su ausencia).
De ahí que muchas etiquetas heredadas hayan quedado viejas: lo que funcionaba en los ochenta hoy chirría, dice la autora, porque han cambiado los códigos. Su narrativa sigue centrada en el amor, sí, pero abre el foco a otros vínculos y al paso del tiempo, un interés cada vez más presente en sus libros.
En el taller de escritura, Kellen combina mapa e intuición: necesita una arquitectura clara para no acartonar la historia, y a la vez margen para que los personajes respiren. Los bloqueos se resuelven con horas de silla, lectura y constancia; si una idea no tira, a veces la mejor decisión es dejarla reposar.
Sobre la forma de contar, reconoce que es más fácil escribir el desamor: ahí está el conflicto, las aristas y el reto. Pero no hay recetas: las segundas oportunidades dependen del contexto; no siempre hay que darlas, sólo cuando realmente queda algo que salvar.
Del libro al set de rodaje
El universo Kellen empieza a traducirse a imágenes. El mapa de los anhelos será miniserie en Netflix y Todo lo que nunca fuimos dará el salto al cine con un reparto que encabezan Maxi Iglesias y Margarida Corceiro. La autora ha leído los guiones, ha hecho comentarios y ha pasado por los rodajes, aprendiendo el código del audiovisual.
Asume con naturalidad que una adaptación nunca será un calco del libro: cuando cedes derechos, cambian las reglas. No existe la versión perfecta para todo el mundo y, si se busca ese espejo exacto, la opción es no adaptarse. Ella, en cambio, abraza el proceso y su mirada específica.
València y la escritura de lo íntimo
Aunque su popularidad despega con el público juvenil, Sigue lloviendo es plenamente adulta y se inscribe en un ciclo de historias cortas, de tono recogido, con pocos personajes y mucha introspección. Su lectura invita a acompañar a Víctor y Sara casi del tirón, para sentir esa levedad asfixiante que los envuelve.
La voz que narra despliega una sensibilidad que sus lectores reconocen: atención a lo mínimo, interés por habitar otra piel y un pulso emocional contenido. Capítulos como el que enumera lo que a Sara le gusta de la lluvia, y que cierra con una línea de Víctor, condensan el tono de la novela y su manera de mirar.
Trayectoria, comunidad y lo que viene
Nacida en 1989 en València, Alice Kellen es el seudónimo de Silvia Hervás. Debutó con Llévame a cualquier lugar y suma ya dieciséis novelas, entre ellas Nosotros en la luna, El mapa de los anhelos, Donde todo brilla o Quedará el amor, con más de tres millones de lectores.
En redes, la autora cultiva una comunidad serena en Instagram, donde comparte lecturas, reflexiones y el día a día de los libros. El contacto directo con su público es una suerte, admite, aunque también implica presión: no se puede gustar a todo el mundo y hay que negociar con la autoexigencia.
Mirando al futuro, Kellen trabaja en una nueva novela prevista con cinco protagonistas —cuatro amigos de siempre a los que se suma una mujer— y una estructura que recorre un año completo. Un proyecto coral que promete explorar otras voces y ritmos.
En lo creativo, su ética se mantiene: escenas eróticas sin morbo gratuito (una escena más entre personajes), dudas inevitables sobre creer o no en lo que viene después de la muerte, y la convicción de que la ficción es también un juego donde el realismo emocional pesa más que caer bien.
Entre el pulso íntimo de Sigue lloviendo, su defensa de una romántica pegada a la realidad y el salto a las pantallas, Alice Kellen reafirma su sitio en el panorama literario: historias cortas que laten, personajes con aristas y una hoja de ruta que combina librerías y rodajes sin perder su sello.