Alfonsina Storni, icono del posmodernismo argentino. 3 poemas

Fotografía de El Independiente.

Alfonsina Storni fue una poeta argentina nacida en Suiza que falleció de forma trágica un día como hoy de 1938. Es considerada uno de los iconos de la literatura posmodernista en su país. Su obra contiene lucha, valentía, amor y reivindicación de la mujer. Estos son 3 de sus poemas que escojo para recordarla o presentarla a quienes no la conocían.

Alfonsina Storni

Nacida en Suiza, se trasladó muy pronto con su familia a Argentina. Su niñez estuvo marcada por la penuria económica y en cuanto pudo se puso a trabajar como camarera, costurera y obrera. Fue también maestra rural y profesora de arte dramático y colaboró con varios grupos de teatro juvenil.

En 1911 se trasladó a Buenos Aires y al año siguiente tuvo un hijo, Alejandro, de padre desconocido. Su carrera literaria comenzó en 1916 con La inquietud del rosal, y continuó con El dulce daño, Irremediablemente y Languidez, que la llevó a ganar el Primer Premio Municipal de Poesía y el Segundo Premio Nacional de Literatura.

Más tarde su obra Ocre la alejó del Modernismo por su contenido más realista. Después publicó Poemas de amor, un par de obras de teatro como El amor del mundo y Dos farsas pirotécnicas. Y siguió con la poesía en Mundo de siete pozos o Antología poética.

Aquejada de un cáncer y afectada por una profunda soledad, se suicidaba en Mar del Plata en 1938.

3 poemas

Adiós

Las cosas que mueren jamás resucitan,
las cosas que mueren no tornan jamás.
¡Se quiebran los vasos y el vidrio que queda
es polvo por siempre y por siempre será!

Cuando los capullos caen de la rama
dos veces seguidas no florecerán…
¡Las flores tronchadas por el viento impío
se agotan por siempre, por siempre jamás!

¡Los días que fueron, los días perdidos,
los días inertes ya no volverán!
¡Qué tristes las horas que se desgranaron
bajo el aletazo de la soledad!

¡Qué tristes las sombras, las sombras nefastas,
las sombras creadas por nuestra maldad!
¡Oh, las cosas idas, las cosas marchitas,
las cosas celestes que así se nos van!

¡Corazón… silencia!… ¡Cúbrete de llagas!…
-de llagas infectas- ¡cúbrete de mal!…
¡Que todo el que llegue se muera al tocarte,
corazón maldito que inquietas mi afán!

¡Adiós para siempre mis dulzuras todas!
¡Adiós mi alegría llena de bondad!
¡Oh, las cosas muertas, las cosas marchitas,
las cosas celestes que no vuelven más! …

***

Tu dulzura

Camino lentamente por la senda de acacias,
me perfuman las manos sus pétalos de nieve,
mis cabellos se inquietan bajo céfiro leve
y el alma es como espuma de las aristocracias.

Genio bueno: este día conmigo te congracias,
apenas un suspiro me torna eterna y breve…
¿Voy a volar acaso ya que el alma se mueve?
En mis pies cobran alas y danzan las tres Gracias.

Es que anoche tus manos, en mis manos de fuego,
dieron tantas dulzuras a mi sangre, que luego,
llenóseme la boca de mieles perfumadas.

Tan frescas que en la limpia madrugada de Estío
mucho temo volverme corriendo al caserío
prendidas en mis labios mariposas doradas.

***

Dolor

Quisiera esta tarde divina de octubre
pasear por la orilla lejana del mar;
que la arena de oro, y las aguas verdes,
y los cielos puros me vieran pasar.

Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,
como una romana, para concordar
con las grandes olas, y las rocas muertas
y las anchas playas que ciñen el mar.

Con el paso lento, y los ojos fríos
y la boca muda, dejarme llevar;
ver cómo se rompen las olas azules
contra los granitos y no parpadear;
ver cómo las aves rapaces se comen
los peces pequeños y no despertar;
pensar que pudieran las frágiles barcas
hundirse en las aguas y no suspirar;
ver que se adelanta, la garganta al aire,
el hombre más bello, no desear amar…

Perder la mirada, distraídamente,
perderla y que nunca la vuelva a encontrar:
y, figura erguida, entre cielo y playa,
sentirme el olvido perenne del mar.

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  1.   Luciano Tanto dijo

    Durante mi adolescencia, camino al colegio secundario en ómnibus, pasaba todos los días delante del punto exacto a orilla del mar desde el cual Alfonsina buscó su muerte. Memento mori. Una marca indeleble de la fragilidad de la existencia.

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