
La figura de Agustín Alamán, un artista altoaragonés prácticamente borrado de la memoria colectiva, vuelve a ocupar un lugar visible gracias a la publicación de una biografía novelada que repasa su vida, su obra y el contexto histórico que le tocó vivir. Nacido en Tabernas de Isuela en 1921 y fallecido en Madrid en 1996, Alamán fue un creador inquieto, marcado por el exilio y por una trayectoria vital que atraviesa buena parte de la historia europea y latinoamericana del siglo XX.
La periodista e historiadora oscense Esther P. Nogarol (también citada como Esther Puisac Nogarol) firma el libro «Agustín Alamán: el artista de los tres exilios», editado por el Instituto de Estudios Altoaragoneses (IEA) dentro de su colección Altoaragoneses. La obra se presenta como un relato a caballo entre la biografía y la novela, construido a partir de una investigación de largo recorrido que busca no solo reconstruir la vida del artista, sino también explicar por qué su nombre cayó en el olvido tanto en España como en Uruguay.
Una biografía novelada para rescatar a un creador olvidado
El volumen forma parte de la colección Altoaragoneses del IEA, dedicada a figuras poco conocidas pero relevantes de la provincia de Huesca. En este caso, el instituto provincial ha apostado por recuperar a un artista que, pese a liderar la vanguardia cultural uruguaya en los años sesenta, apenas contaba con estudios específicos sobre su trayectoria. Esta es, de hecho, la primera biografía completa dedicada a su figura.
La presentación del libro se ha celebrado en el salón de actos de la Diputación Provincial de Huesca, en un acto que prácticamente llenó la sala. Junto a la autora participaron la directora del Área de Historia del IEA, Irene Abad Buil, y el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza, Alberto Sabio Alcutén, responsable del prólogo. La sesión se planteó como una mesa redonda en la que se abordaron tanto los aspectos biográficos como el trasfondo histórico y político del relato.
En la apertura del acto intervino la directora del Instituto de Estudios Altoaragoneses, Susana Villacampa, que subrayó el compromiso del centro con la cultura y la historia local del territorio. Recordó que la colección Altoaragoneses está concebida para investigar y difundir trayectorias personales muy concretas, a menudo sepultadas por el paso del tiempo, con un enfoque riguroso y un importante apoyo gráfico que facilite la cercanía del personaje al público general.
Desde la Diputación Provincial, el diputado Carlos Sampériz destacó la labor de investigación exhaustiva desarrollada por la autora y la voluntad institucional de poner en valor figuras clave que han aportado una perspectiva singular a la historia de la provincia. El apoyo del IEA se ha concretado, además, en una Ayuda de Investigación concedida en 2021, que permitió culminar el proyecto tras años de trabajo en archivos y entrevistas.
La publicación del libro coincide con una fecha muy simbólica: se ha cerrado la edición cuando se cumplen treinta años de la muerte de Agustín Alamán, fallecido el 17 de marzo de 1996. Esta efeméride refuerza el sentido de recuperación de una figura que, pese a su proyección internacional, permanecía prácticamente ausente del relato artístico español y apenas aparecía en Uruguay con la relevancia que tuvo en su momento.
El hallazgo casual de una fotografía y siete años de investigación
La génesis del proyecto tiene un origen casi doméstico. Según explicó la autora, todo comenzó con una fotografía familiar que llevaba años en su casa. En esa imagen aparecían su abuelo, su tía abuela, el marido de esta y un cuarto hombre cuyo rostro nadie era capaz de identificar con claridad. Aquella presencia anónima fue el detonante de una cadena de preguntas que acabaría derivando en una investigación de largo recorrido.
La cuestión sobre quién era aquel hombre y por qué había desaparecido de la memoria de la familia llevó a Nogarol a revisar documentos, testimonios y recuerdos dispersos. A finales de 2018 consiguió poner nombre a ese rostro: se trataba de Agustín Alamán, un artista nacido en Tabernas de Isuela que había desarrollado una intensa carrera creativa y vital entre Europa y América.
A partir de ese momento, la curiosidad inicial se transformó en un proyecto de investigación que se prolongó durante siete años. La autora consultó archivos en Francia y España, rastreó documentación en diferentes instituciones y mantuvo entrevistas tanto en Europa como en América, en busca de personas que hubieran conocido al artista o conservaran alguna huella de su paso.
Durante la presentación, Nogarol definió este trabajo como un ejercicio de “arqueología biográfica”. La expresión resume el esfuerzo por recomponer, pieza a pieza, la vida de alguien que había quedado fuera de los grandes relatos históricos y artísticos. El libro intenta responder a una serie de preguntas de fondo: quién decide qué historias se recuerdan, por qué determinadas figuras quedan relegadas y qué mecanismos intervienen en ese proceso de olvido.
Esta investigación no surgió de la nada. La autora recordó que el punto de arranque académico se situó en unas jornadas sobre el exilio en Aragón, organizadas por el IEA bajo el título «Aragón desgajado» en Huesca en 2019. Invitada a participar con una ponencia, Nogarol comenzó entonces a tirar del hilo de Alamán para preparar su intervención. A partir de aquel congreso, llegaron las ayudas a la investigación del IEA y el respaldo institucional necesario para convertir aquella primera aproximación en un libro de gran calado.
El artista de los tres exilios: Francia, Uruguay y el regreso a España
La vida de Agustín Alamán se articula en torno a tres grandes exilios que marcan su trayectoria personal y profesional. Nacido en 1921 en Tabernas de Isuela, abandonó su provincia con quince años y ya no volvió a vivir de forma estable en el Alto Aragón. El primer gran desplazamiento tuvo lugar en 1939, al término de la Guerra Civil española, cuando se vio obligado a exiliarse a Francia.
En territorio francés, Alamán pasó por campos de internamiento y trabajos forzados, experiencias que se prolongaron incluso en zonas bajo control alemán. Como otros muchos exiliados republicanos, se enfrentó a la dureza de una Europa convulsa que encadenaba la posguerra española con la Segunda Guerra Mundial, en un contexto marcado por la precariedad, la persecución política y la escasez de recursos.
El segundo gran exilio llegó en 1955, cuando decidió emigrar a Uruguay en busca de estabilidad y oportunidades. Fue en este país donde su carrera artística alcanzó mayor visibilidad. Se integró en la vanguardia cultural uruguaya de los años sesenta, formando parte de un grupo de pintores que impulsaron corrientes vinculadas al expresionismo abstracto y al informalismo, y que situaron Montevideo como un referente en el panorama artístico regional.
En Uruguay, Alamán desarrolló una actividad intensa como pintor, escultor, grabador y portadista, lo que le valió numerosos reconocimientos y presencia en importantes circuitos internacionales. Su nombre llegó a figurar en la primera línea de la escena cultural del momento, aunque con el paso del tiempo su huella fue difuminándose en los relatos institucionales y académicos.
El tercer exilio, al que alude el título de la biografía, se produce en la década de 1970, cuando el artista decide regresar a España ante el avance de la dictadura militar en Uruguay. La creciente inestabilidad política, unida a la preocupación por el futuro de su familia, lo llevaron a tomar la decisión de volver a un país que también le resultaba, en cierto modo, ajeno tras tantos años de ausencia. Ese retorno a España, lejos de suponer un cierre definitivo, se presenta en el libro como un nuevo desplazamiento, cargado de incertidumbres y ajustes personales.
Memoria familiar, militancia anarquista y contexto histórico
Más allá de los hitos vitales, la obra de Nogarol explora la historia de una familia marcada por una fuerte tradición anarquista. El relato incluye los pasos de Alamán por campos de internamiento en Francia y Alemania, pero también las estrategias de supervivencia de un núcleo familiar obligado a moverse constantemente para esquivar la pobreza, la represión y los cambios políticos.
El libro entrelaza la biografía del artista con los grandes procesos históricos que recorren Europa y América en el siglo XX: desde la Guerra Civil española hasta las dictaduras latinoamericanas, pasando por el exilio republicano y los movimientos culturales que surgieron en ese contexto. Cada etapa vital de Alamán se sitúa así en un marco más amplio, que ayuda a comprender sus decisiones y su producción artística.
La autora no se limita a seguir la pista del protagonista, sino que retrocede varias generaciones para recuperar episodios tan llamativos como el pasado bandolero de su bisabuelo, vinculado a la partida del conocido bandido Cucaracha. Estos elementos familiares, que rozan casi la leyenda, se integran en el texto como parte de una genealogía marcada por la disidencia, la marginalidad y la resistencia frente a las estructuras de poder.
Esta mezcla de historia personal, memoria familiar y contexto político convierte el libro en algo más que una simple biografía. La autora plantea una reflexión de fondo sobre los mecanismos del olvido y sobre la forma en que se construyen los relatos colectivos, interrogándose por qué algunas trayectorias quedan relegadas a un segundo plano mientras otras se consolidan como canónicas.
Desde esta perspectiva, la vida de Agustín Alamán se utiliza como hilo conductor para recorrer episodios clave de la historia europea y americana, subrayando cómo las biografías individuales pueden servir para iluminar procesos históricos más amplios. El resultado es un relato que, sin perder de vista el detalle humano, conecta con debates actuales sobre memoria histórica, exilio y reconocimiento de figuras invisibilizadas.
Un creador multidisciplinar y una memoria por reconstruir
En el plano estrictamente artístico, el libro recupera a un creador multidisciplinar que trabajó la pintura, la escultura, el grabado y el diseño de portadas. Alamán formó parte de un grupo de artistas que dinamizó la escena uruguaya en los años sesenta, en un momento de gran efervescencia cultural y apertura a las corrientes internacionales.
Aunque en su época logró reconocimientos y proyección fuera de sus fronteras, con presencia en exposiciones y circuitos internacionales, el paso del tiempo y la falta de estudios específicos provocaron que su nombre fuera desapareciendo de las historias del arte tanto en España como en Uruguay. La autora analiza en la obra esos mecanismos por los que una figura que estuvo en primera línea puede convertirse en un auténtico desconocido.
La nueva biografía novelada incide en esa tensión entre relevancia y olvido, recogiendo testimonios, críticas y documentos que ayudan a reconstruir su papel en la vanguardia uruguaya y su aportación a las artes plásticas del siglo XX. El aparato gráfico de la edición, cuidado por el IEA, contribuye a acercar al lector a la faceta visual del artista, aunque el foco principal del texto se sitúa en la narración de su trayectoria vital.
La autora insiste en que su intención no es solo ofrecer un relato para el gran público, sino sentar las bases para futuras investigaciones. Al tratarse de la primera biografía de Agustín Alamán, el libro aspira a convertirse en un punto de partida para estudios posteriores, tanto en el ámbito del arte como en el de la historia social y política del exilio.
En palabras de Nogarol, se trata de un trabajo colectivo, apoyado por instituciones como la Diputación de Huesca y el Instituto de Estudios Altoaragoneses, que busca poner de nuevo en circulación una figura que tiene mucho que decir sobre el siglo XX desde la mirada de un altoaragonés que vivió entre fronteras, cambios de país y transformaciones políticas profundas.
Con la publicación de «Agustín Alamán: el artista de los tres exilios», la memoria cultural del Alto Aragón incorpora una pieza que faltaba en su relato contemporáneo. El libro rescata la historia de un creador complejo, atravesado por el exilio y la militancia familiar, y la sitúa en diálogo con los grandes procesos históricos de Europa y América. Al mismo tiempo, plantea una invitación a seguir investigando y a revisar qué otras vidas quedaron ocultas, esperando a ser contadas con el mismo rigor y la misma curiosidad que han permitido devolver la voz a Agustín Alamán.