“After Dark.” Una novela perfecta para iniciarse en Haruki Murakami.

Murakami es de esos autores que causan cierto respeto entre los que no conocen su obra. Las novelas del escritor japonés tienen fama de confusas, pretenciosas, y extrañas. Después de todo, al habitual equívoco que es leer (durante el cual reinterpretamos de forma inexacta las palabras de otra persona) debemos añadir las evidentes diferencias culturales. Los japoneses ni piensan, ni sienten como los europeos. Esto se materializa en la necesidad de que existan notas en sus libros para explicar términos como hikikomori, otaku, o kokoro.

Sin embargo, introducirse en la narrativa de Haruki Murakami es mucho más fácil de lo que pueda parecer. Y en la mayoría de los casos una experiencia muy agradable. Para ello, recomiendo la novela corta After Dark (アフターダーク Afutā Dāku en japonés), llamada así por la canción de jazz Five Spot After Dark, de Curtis Fuller. Esta pieza impregna las poco más de 240 páginas de una novela que, con delicadeza pero firmemente, nos lleva de la mano por la noche llena de vida de Tokio. En el peor de los supuestos, nos servirá para saber si congeniamos o no con el autor. Aunque la mayoría se enamorará del mundo onírico de Murakami.

Jazz, gatos y oscuridad

Grandes salones recreativos atestados de jóvenes. Estridentes sonidos electrónicos. Grupos de universitarios que vuelven de una fiesta. Adolescentes con el pelo teñido de rubio y piernas robustas asomando por debajo de la minifalda. Oficinistas trajeados que cruzan corriendo la encrucijada a fin de no perder el último tren. Aún ahora, los reclamos del karaoke siguen invitando alegremente a entrar. […] Estamos a finales de otoño. No sopla el viento, pero el aire es frío. Dentro de muy poco comenzará un nuevo día.

Con estas frases Murakami nos conduce a través de las calles de Tokio. La novela se desarrolla durante una sola noche, en tercera persona, y con un lenguaje cinematográfico, como si viéramos la acción a través de una cámara. Por otra parte los capítulos, en vez de nombre, muestran un reloj que marca la hora en la que suceden los hechos.

La historia comienza cuando Mari Asai, una estudiante de diecinueve años, coincide con Takahashi Tetsuya, músico de jazz, mientras toma café en un Denny’s. Al poco descubren que ya se habían conocido antes, durante una cita doble en la que participó su hermana, Eri Asai. A raíz de este encuentro, Mari vivirá distintas experiencias con otras personas, en apariencia fortuitas, mientras su hermana permanece en un mundo más cercano a los sueños que a la realidad.

Portada de la edición de MaxiTusquets de After Dark en español.

Esta es la base argumental de la novela, que en realidad no importa mucho. Lo que hace a la historia memorable son sus largos y carismáticos diálogos, junto con su oscuro mundo de agridulce decadencia. Todo ello adornado con jazz (Murakami es un melómano declarado), chicas con el pelo teñido de colores, y gatos. Recomiendo no buscar más información sobre su argumento y dejar que el propio relato nos sorprenda.

Dos caras de una misma moneda

Para las personas, los recuerdos son el combustible que les permite continuar viviendo. Y para el mantenimiento de la vida no importa que esos recuerdos valgan la pena o no. Son simple combustible.

Leer After Dark es como leer dos libros de forma intercalada que al final guardan relación entre ellos. El primero muestra el costumbrismo de la vida nocturna de Tokio, las pequeñas miserias de las almas que se agitan en la capital nipona, junto con diálogos sobre cuál es el mejor plato de un restaurante que parecen sacados de películas como Pulp Fiction. Estas conversaciones, aunque en apariencia triviales, terminan por darnos a conocer poco a poco cómo son los personajes:

—Soy bajita, con poco pecho, el pelo lleno de remolinos, la boca demasiado grande y, encima, tengo miopía y astigmatismo.

Kaoru sonríe.

—A eso la gente lo llama «personalidad». Cada uno es como es.

El otro libro es mucho más complejo y oscuro. Los diálogos dan paso a precisas descripciones que nos muestran lo que hace, o tal vez sueña, Eri Asai. Estos pasajes turban al lector, pero logran despertar su curiosidad. Todos ellos se sustentan sobre la siguiente cita:

La máscara aúna, en dosis equivalentes, magia y funcionalidad. Nos la han legado desde la antigüedad junto con las tinieblas, nos ha sido enviada desde el futuro con la luz.

Lo que en el contexto de la novela simboliza el choque del individuo, que carga la herencia mitológica e histórica de su estirpe, con el mundo moderno. En nuestros días ya no existe la idea unitaria del yo, tan en boga antes del siglo XX. La autoconciencia del ser humano está dividida, y la máscara representa una de esas partes de nuestro yo, aquella que oculta todas las demás.

En resumen: cualquiera puede encontrar algo interesante en la novela, ya sea una de sus caras, la otra, o ambas. Por todo esto, y mucho más, recomiendo encarecidamente la lectura de After Dark de Haruki Murakami.

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