África Vázquez gana el Premio Minotauro con La sombra del loto negro

  • África Vázquez se alza con el Premio Minotauro con la novela de fantasía mitológica La sombra del loto negro, ambientada en un Egipto faraónico reinventado.
  • La obra, protagonizada por la embalsamadora Imet y marcada por la venganza, mezcla misterio, viajes al Inframundo y secretos del Nilo.
  • El jurado destaca la atmósfera oscura y meticulosa de la novela, así como su combinación de fantasía épica, investigación y reflexión sobre poder y justicia.
  • Con más de treinta libros publicados, la historiadora y escritora aragonesa consolida la pujanza de la fantasía en España y se convierte en la tercera mujer en ganar el galardón.

Premio de fantasía a autora española

La escritora aragonesa África Vázquez se ha convertido en la gran protagonista de la literatura fantástica en España al ser reconocida con el Premio Minotauro por su novela La sombra del loto negro. El fallo, dado a conocer en un acto celebrado en la barcelonesa Torre Urquinaona, supone un impulso notable para una autora que ya contaba con una amplia trayectoria en el género.

La obra, inicialmente presentada bajo el título La ira del chacal, propone una historia de fantasía mitológica y venganza en un Egipto faraónico reinventado, cargado de injusticias, dioses caprichosos y fuerzas que se agitan bajo las aguas del Nilo. Con este reconocimiento, Vázquez se consolida como una de las voces más visibles de la fantasía en español.

Un Premio Minotauro marcado por la fantasía y por una ganadora aragonesa

En esta vigésima edición, el Premio Minotauro, considerado uno de los galardones de referencia de la literatura fantástica en el ámbito hispanohablante, ha distinguido una novela que combina misterio, terror suave y épica sin perder de vista las preguntas más humanas. El certamen, dotado con 6.000 euros y con la publicación de la obra ganadora bajo el sello Minotauro (Grupo Planeta), ha reunido este año 216 manuscritos, mayoritariamente procedentes de España pero también de países como Argentina, México, Cuba, Colombia, Estados Unidos, Francia, Alemania o Arabia Saudí.

El premio llega, además, en una edición simbólica: se cumplen dos décadas desde la primera convocatoria y la fantasía ha superado por primera vez, aunque por un margen ajustado, a la ciencia ficción y al terror entre los originales presentados. El jurado subraya este cambio como un síntoma del momento dulce que vive el género fantástico en el mercado editorial en España, con una comunidad de lectores en expansión y una oferta cada vez más diversa.

Vázquez se convierte así en la tercera mujer en inscribir su nombre en el palmarés del Minotauro, tras Clara Tahoces (2007) y Montse de Paz (2011). Para la autora, este reconocimiento era cuestión de tiempo, en parte porque “hay muchas autoras escribiendo fantasía y ciencia ficción” y era previsible que esa realidad se reflejara en los grandes premios del género.

El acto de entrega, celebrado en lo alto de la Torre Urquinaona de Barcelona, contó con una nutrida representación de aficionados, libreros especializados y figuras vinculadas a la fantasía. Entre ellos se encontraban nombres conocidos del circuito como Antonio Torrubia, de la librería Gigamesh, y Alberto Plumed, de Cyberdark.net, lo que refuerza el peso simbólico del premio dentro del ecosistema fantástico español.

Una venganza en el Egipto reinventado de África Vázquez

El corazón de La sombra del loto negro late al ritmo de su protagonista, Imet, una joven que comienza su camino como novicia en el templo de Isis en Philae y termina navegando por los escalones más dispares de la sociedad egipcia. Desde los estratos más humildes hasta el prestigio de convertirse en embalsamadora de renombre, su periplo está atravesado por un juramento: cumplir una venganza ante los dioses, cueste lo que cueste.

La novela sitúa la acción en un Egipto mágico y atemporal, nombrado como el “reino de Ta-Mri”, una de las denominaciones históricas usadas por los propios egipcios para referirse a su tierra. En este marco ficticio, la autora crea un faraón inexistente, Nekht-en-sen, aunque reconoce que, a la hora de imaginar la corte, pensaba en figuras como Ramsés II y el periodo del Imperio Nuevo. Esta libertad creativa le permite mezclar elementos históricos con licencias fantásticas sin quedar atada a una cronología concreta.

La trama arranca con el hallazgo de un cadáver y del enigmático loto negro que da título a la novela, una planta asociada al Inframundo que brota allí donde la línea entre la vida y la muerte se difumina. Este descubrimiento arrastra a Imet hasta Abydos, donde se inicia como aprendiz de embalsamadora, dedicada a transformar cuerpos recién fallecidos en momias incorruptas. Desde ese mundo de ungüentos, vendas y rituales, la joven da el salto definitivo hacia la corte real en Tebas, infiltrándose entre las élites para llevar a cabo su plan de venganza.

No se trata, sin embargo, de una venganza plana o meramente sangrienta. Según ha explicado la propia autora, la novela explora cómo “la venganza llega allí donde no hay justicia” y hasta qué punto una sociedad gobernada por dioses, reyes y fuerzas ocultas deja margen a la decisión propia. En ese sentido, la historia de Imet se convierte también en una reflexión sobre el libre albedrío, el poder y la responsabilidad, y sobre lo que nos hace verdaderamente humanos frente a los engranajes del destino.

Junto al viaje personal de la protagonista, el libro despliega una segunda travesía: el intento de descifrar los secretos del Nilo, un río que en esta versión del Antiguo Egipto arrastra plagas, horrores y señales procedentes del Inframundo. La autora hilvana así dos desplazamientos paralelos, el físico y el espiritual, que se entrecruzan constantemente. Para Vázquez, la evolución de Imet y las convulsiones del reino funcionan como un espejo de la propia sociedad, en el que la historia individual acaba repercutiendo en quienes la rodean.

Un viaje al corazón del Inframundo entre plagas y cadáveres inquietos

El jurado del Premio Minotauro ha descrito La sombra del loto negro como una obra “meticulosa, devastadora e implacable”, y ha destacado su capacidad para sumergir al lector en una atmósfera oscura y envolvente. Entre los elementos más llamativos aparecen viajes al Inframundo, plagas que amenazan con arrasar el país, y cadáveres que vuelven a levantarse, poniendo en jaque el orden establecido.

Durante la lectura del fallo se subrayó que la novela ofrece un “viaje deslumbrante al corazón del Antiguo Egipto” con una protagonista que atrapa desde el primer capítulo. Otros miembros del jurado han resaltado su mezcla de fantasía épica, investigación criminal y relato de crecimiento personal, al estilo de las grandes historias de venganza que dejan huella en el lector.

Esta mirada al Egipto faraónico no se limita al decorado. Vázquez recurre a la meticulosidad de los rituales funerarios, a las técnicas de embalsamamiento y a la geografía sagrada del Nilo para construir un mundo lleno de capas. De fondo resuenan ecos de obras que juegan con mitos semejantes, aunque la autora insiste en que ha abordado el material con la mayor libertad posible, mezclando todo lo que le fascina de esa civilización.

La presencia del loto negro, vinculado al Inframundo, actúa como símbolo de esa oscuridad que se abre paso en la superficie: donde florece, el límite entre vivos y muertos se vuelve difuso y las consecuencias para el reino se vuelven imprevisibles. Este elemento fantástico, junto a las plagas y los cadáveres que se resisten a permanecer en sus tumbas, imprime al relato un tono inquietante que coquetea con el terror sin abandonar nunca el terreno de la fantasía.

El resultado, según el jurado, es una novela que “se lee con el corazón latiendo fuerte en el pecho y, en ocasiones, provoca escalofríos”. Esa capacidad de mantener la tensión, de hacer que el lector huela casi el ungüento de los embalsamadores y sienta la opresión de los pasillos de las necrópolis, ha sido uno de los factores decisivos a la hora de concederle el galardón.

Una autora de larga trayectoria enamorada del Antiguo Egipto

África Vázquez, nacida en Zaragoza en 1990, no llega a este premio como una recién llegada. Con más de treinta libros publicados entre España y Latinoamérica, la escritora ya había obtenido reconocimientos como el Premio Kelvin 505 del festival Celsius 232, el Búho, Inmortales, Ficción Express o CREAR, entre otros. Su relación con los galardones empezó pronto: con solo 17 años ganó el Premio Jordi Sierra i Fabra, un hito que ella misma recuerda como el arranque de su carrera literaria.

Formada como historiadora, Vázquez ha explicado en varias ocasiones que su paso por la universidad le enseñó a detectar “las bases de una civilización”, algo que ahora aplica a la construcción de mundos en la ficción. Gracias a ese bagaje, sostiene que puede levantar escenarios verosímiles aunque se muevan en el terreno de la fantasía, combinando datos históricos, intuiciones y una buena dosis de imaginación.

En el caso de La sombra del loto negro, su fascinación por el Antiguo Egipto no es una pose reciente: se remonta a un viaje que hizo con su familia cuando tenía 13 años, navegando por el Nilo y visitando templos y necrópolis que se le quedaron grabados. Años después, a los 27, regresó al país africano y, según ha contado, esa experiencia reavivó la chispa que acabaría desembocando en la novela galardonada.

Entre las influencias que reconoce se encuentran clásicos ambientados en el Egipto de los faraones, como El hijo de la luz de Christian Jacq o Sinuhé el egipcio, de Mika Waltari, donde el protagonista también se ve obligado a trabajar en la Casa del Rejuvenecimiento, rodeado de cuerpos y rituales de embalsamamiento. Aunque admite que no ha leído algunas referencias habituales del cruce entre fantasía y Egipto, como Las puertas de Anubis de Tim Powers, sí afirma que ha hecho suya esa tradición al filtrar todo por su propia mirada.

Actualmente, la autora se dedica en exclusiva a escribir desde su refugio favorito, a la sombra de la sierra de Algairén, en Zaragoza. De allí salen historias en las que predominan la fantasía y la ciencia ficción, muchas de ellas publicadas tanto en el mercado español como en Latinoamérica. En La sombra del loto negro, Vázquez ha decidido unir definitivamente sus dos grandes pasiones: el Egipto faraónico y la literatura fantástica, en una obra concebida como novela autoconclusiva, sin una continuación planificada por ahora.

Un jurado diverso y un premio que refleja la buena salud del género

El jurado que ha otorgado el Premio Minotauro a África Vázquez estaba integrado por perfiles muy distintos, lo que ha enriquecido la valoración de la obra ganadora. Entre sus miembros figuraban el ganador de la edición anterior, Sabino Cabeza; la divulgadora literaria y escritora Laura Díaz; el autor y profesor universitario Fernando Bonete; el doctor en Paleontología y divulgador cultural Francesc Gascó; y la periodista cultural Judit Bertran Fluvià.

Esta combinación de escritores, docentes, comunicadores y científicos ha permitido abordar La sombra del loto negro desde múltiples perspectivas, desde la solidez del mundo construido hasta el ritmo narrativo y el impacto emocional. Según han explicado, la deliberación fue “complicada y divertida”, señal de que el nivel medio de los manuscritos presentados este año era especialmente alto.

En palabras de la directora editorial de Minotauro, Vicky Hidalgo, el panorama de la fantasía, la ciencia ficción y el terror en España es ahora mismo “muy sano”. A su juicio, el género fantástico funciona, en tiempos convulsos, a la vez como refugio y laboratorio de futuros posibles, capaz de ofrecer tanto evasión como herramientas para pensar el presente desde otros ángulos.

Una de las singularidades de esta edición ha sido el ligero predominio de la fantasía frente a la ciencia ficción, tradicionalmente más representada en el certamen, mientras que el terror mantiene una presencia menor pero estable. También se han recibido algunas obras de romantasy, híbridos en los que la trama romántica cobra más peso dentro de universos fantásticos, muestra de la evolución y diversificación del gusto lector.

El hecho de que una novela como La sombra del loto negro se imponga en este contexto confirma, para muchos, la consolidación de la fantasía en el mercado español. Ya no se percibe solo como un nicho para unos pocos devotos, sino como un espacio en expansión que atrae a lectores de edades y perfiles muy distintos, a menudo procedentes de otros géneros.

Fantasía como amor al mundo real y ecos de heroínas míticas

En su discurso tras conocerse el fallo, África Vázquez quiso desmontar la idea de que la fantasía es únicamente una vía de escape. Según explicó, es “el amor por este mundo” lo que la impulsa a volver una y otra vez al género fantástico, recurriendo a mundos inventados para iluminar aspectos de la realidad que a veces pasan desapercibidos.

Su protagonista, Imet, se inscribe en la estela de grandes heroínas de la fantasía, como las creadas por Ursula K. Le Guin en Las Tumbas de Atuan o por Madeleine Miller en Circe, figuras que navegan entre lo humano y lo mítico y que suelen cargar sobre sus espaldas decisiones que tienen consecuencias colectivas. En este sentido, Vázquez construye una joven capaz de adaptarse a cualquier situación, sin miedo al cambio, movida por una promesa que la obliga a atravesar todas las capas de su sociedad.

La autora insiste en que, pese a la oscuridad que impregna buena parte de la trama —plagas, cadáveres que regresan, dioses que exigen sacrificios—, en su historia siempre hay “una luz y una vida que se resisten a apagarse”. Esa chispa de esperanza es, para ella, uno de los motores del género fantástico, capaz de ofrecer consuelo sin dejar de mostrar la crudeza del dolor y la injusticia.

Más allá de la venganza que articula el argumento, la novela indaga en preguntas sobre poder, justicia y destino. En un mundo gobernado por fuerzas que parecen inamovibles, Imet se rebela contra el papel que se le ha asignado y trata de forjar su propia senda, aunque eso implique enfrentarse a los dioses, a los faraones y a los fantasmas del pasado.

Tras el acto, en declaraciones a distintos medios, Vázquez señaló que este reconocimiento no supone solo un triunfo profesional, sino también una confirmación de que “merece la pena seguir contando historias” que ayuden a mantener viva la esperanza. Parafraseando a Tolkien, recordó que a menudo son “los pequeños actos cotidianos de la gente común” los que mantienen a raya la oscuridad, una idea que también late en el trasfondo de su novela egipcia.

Con La sombra del loto negro, el Premio Minotauro suma una nueva voz a su palmarés justo cuando cumple veinte años de historia, y lo hace apostando por una fantasía que mira hacia el pasado para hablar del presente. Entre momias, ritos funerarios, conspiraciones palaciegas y flores que brotan desde el Inframundo, la obra de África Vázquez refuerza la impresión de que el género fantástico en España atraviesa una etapa especialmente fértil y que las autoras tienen, cada vez más, un papel protagonista en ese proceso.

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