Abrapalabra, el gran festival de literatura infantil y juvenil en Madrid

  • Segunda edición del festival Abrapalabra en Madrid, con sede principal en La Casa Encendida y expansión a otros espacios de la ciudad.
  • Más de 50 autores de varios países, talleres, espectáculos, instalaciones y encuentros para todas las edades.
  • Programación marcada por el lema "Escrito está en el cielo", que conecta literatura, cosmos e imaginación.
  • Iniciativas sociales e intergeneracionales como "Un autor en la maleta" y actividades en centros educativos, bibliotecas y colectivos vulnerables.

Festival Abrapalabra 2025 en Madrid

Abrapalabra vuelve a Madrid como uno de los encuentros más potentes dedicados a la literatura infantil y juvenil, con una segunda edición que consolida al festival como cita de referencia para familias, profesionales del libro y amantes de las historias. Durante diez días, la capital se transforma en un gran escenario lector donde palabra, imagen y música se dan la mano.

Bajo el lema «Escrito está en el cielo», la propuesta de este año gira en torno a la relación entre los relatos y el firmamento, recuperando esa mirada antigua en la que el cielo funcionaba casi como un libro abierto. La directora artística, Ana Cristina Herreros, insiste en esa idea de que la primera forma de lectura tuvo que ver con las estrellas, las nubes, el viento o el canto de los pájaros, y el festival se articula precisamente para invitar a leer lo visible y también lo que no se ve a simple vista.

El proyecto está impulsado por la Fundación Montemadrid y La Fábrica, con el respaldo del Ministerio de Cultura, la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento, además de diversas embajadas e institutos culturales europeos. La Casa Encendida es el epicentro de la programación, aunque este año el festival se despliega también hacia otros espacios de la ciudad, como Conde Duque, centros educativos, bibliotecas y sedes culturales en distintos barrios.

La cita se celebra a lo largo de diez días intensos, combinando actividades en La Casa Encendida con propuestas repartidas por Madrid. En los primeros días, el foco está sobre todo en las familias y la primera infancia, mientras que en la recta final se refuerza el bloque juvenil y los encuentros profesionales. Con más de un centenar de actividades entre talleres, espectáculos, recorridos guiados, narraciones orales y laboratorios creativos, el programa está pensado para que cada franja de edad encuentre su hueco.

Otro de los rasgos distintivos de Abrapalabra es la dimensión social del proyecto. Más allá de las salas habituales, el festival viaja a colegios, centros de mayores, bibliotecas de barrio, un centro penitenciario y recursos de acogida municipal, generando cruces entre lectores muy distintos. En esos espacios, la literatura se convierte en una excusa para conversar, dibujar, escribir cartas o replantear mitos clásicos desde la experiencia cotidiana.

Autores invitados y referentes internacionales de la literatura infantil y juvenil

Entre los nombres más reconocidos figuran la ilustradora Violeta Lópiz, Premio Nacional de Ilustración 2025 y autora de la imagen gráfica de esta edición, o la escritora Beatriz Giménez de Ory, Premio Nacional de Literatura Infantil 2021. El festival también cuenta con la participación de Juan Gómez-Jurado y Bárbara Montes, responsables de la popular saga «Amanda Black», que ofrecerán un taller específico dirigido a jóvenes lectores interesados en conocer cómo se construye una historia de aventuras.

La presencia internacional se refuerza con creadoras como la artista holandesa Karina Schaapman, conocida por el universo de «Sam & Julia – La Casa de los Ratones», que se ha convertido en un referente dentro del álbum ilustrado. A ella se suman autoras como la estonia Ulla Saar, la belga Kitty Crowther (premiada con el Astrid Lindgren Memorial Award), la noruega Kristin Roskifte o la ilustradora y escritora Bea Lema, Premio Nacional de Cómic 2024, entre otros nombres destacados del ámbito europeo.

En el plano nacional, el cartel se completa con voces como Mónica Rodríguez, Gustavo Martín Garzo (Premio Nacional de Literatura Infantil 2004), Gabriel Pacheco y una nutrida representación de ilustradores y narradores orales que trabajan con públicos muy diversos. La idea no es solo firmar libros, sino propiciar un diálogo real entre creadores, lectores y mediadores (profesorado, bibliotecarios, libreros, familias), con conversaciones abiertas y talleres participativos.

Además de los encuentros de carácter más divulgativo, Abrapalabra incluye un bloque de actividades para profesionales del sector del libro infantil y juvenil. Se han previsto charlas, mesas de trabajo y un taller específico sobre álbum ilustrado, coordinado por la ilustradora Beatriz Martín Vidal, donde se abordarán tanto cuestiones narrativas como aspectos de edición, ilustración y circulación internacional de la obra.

La neurocientífica Nazareth Castellanos también se suma al programa con un taller dirigido a niños en el que explora la relación entre ritmo, respiración y cerebro, mostrando de forma accesible cómo el cuerpo funciona como una especie de orquesta interior que conviene aprender a afinar. Este cruce entre ciencia, juego y relato encaja con la voluntad del festival de mezclar disciplinas sin perder de vista al público infantil.

Un lema que mira al cielo: literatura, cosmos e imaginación compartida

El eje «Escrito está en el cielo» funciona como hilo conductor de todo el festival. No se limita a un eslogan, sino que se materializa en actividades que toman el firmamento como punto de partida para investigar la fragilidad, los deseos, el paso del tiempo o los miedos compartidos. En palabras de Ana Cristina Herreros, lo primero que aprendimos a leer quizá no fueron las letras, sino los movimientos de las estrellas y las formas cambiantes de las nubes.

Con esa idea en mente, buena parte de la programación propone ejercicios de lectura de lo visible y de lo invisible. Se recuperan mitos celestes y figuras legendarias para dialogar con la realidad actual, se improvisan cielos inventados en talleres para niñas y niños y se plantean actividades donde la observación, el dibujo y la narración se mezclan sin demasiadas fronteras. La consigna es sencilla: animar a mirar hacia arriba, pero también hacia dentro, con la ayuda de los libros.

El festival se abre oficialmente en el patio de La Casa Encendida con el espectáculo «Lo que el cielo cuenta», una propuesta donde se combinan relatos orales, música en directo e ilustración en vivo. En escena estarán el narrador Héctor Urién, el músico Lisandro Mansilla y la ilustradora María Pascual de la Torre, encargados de dar forma a una sesión en la que mitos estelares, constelaciones imaginarias y personajes legendarios van encajando sobre la marcha.

Otra de las piezas clave de este hilo temático es la instalación «Rumbos imaginarios», firmada por Elena Val. Surge a partir del taller «El cielo lo hacemos entre todas», en el que cada participante diseña un planeta propio, su nave y las herramientas necesarias para alcanzar sus metas. Todo ese material acaba configurando una intervención expositiva que funciona como mapa colectivo de deseos y trayectorias vitales.

En el exterior del edificio, el proyecto participativo «El cielo siempre es azul», de la ilustradora noruega Kristin Roskifte, se va construyendo día a día con los dibujos y aportaciones del público sobre diversidad, convivencia y futuros posibles. No se trata solo de decorar un muro, sino de dejar constancia gráfica de cómo imaginan el mundo quienes se acercan al festival.

Instalaciones, exposiciones y espacios inmersivos en La Casa Encendida

Uno de los grandes atractivos de Abrapalabra es la apuesta por instalaciones artísticas que convierten la lectura en experiencia física y sensorial. La más comentada es «Microcosmos», creada por Violeta Lópiz junto al estudio Gheada, con el apoyo del Institut d’Estudis Baleàrics. En esta propuesta, una sala expositiva de La Casa Encendida se transforma en un entorno inmersivo de luz, sonido y observación de lo diminuto, que invita a pasear, detenerse y mirar los detalles.

La propia Lópiz dirige también el taller familiar «La respuesta está en el viento», pensado para niñas y niños a partir de tres años. En él, los participantes crean pájaros de papel y otros materiales ligeros que acaban formando una bandada colectiva, casi como si el aire fuera otro lienzo donde seguir escribiendo historias. Es una actividad sencilla pero cargada de simbolismo, que conecta con las reflexiones del festival sobre el cielo, el movimiento y lo efímero.

La artista holandesa Karina Schaapman presenta una de sus miniaturas de «La Casa de los Ratones», traída al festival con el apoyo de la Embajada de los Países Bajos y el Nederlands Letterenfonds. La pieza permite asomarse al trabajo minucioso que hay detrás de sus libros, con habitaciones diminutas llenas de objetos que cuentan historias por sí solos. Además, Schaapman ofrece una visita guiada para familias en la que explica el proceso artesanal y narrativo de su obra.

Junto a estas propuestas, Abrapalabra incluye un rincón de lectura inclusivo donde se han seleccionado títulos accesibles, una zona de mesas de firmas y un programa de visitas guiadas a las distintas exposiciones. Parte de las narraciones incluye interpretación en lengua de signos, de modo que más personas puedan seguir los relatos sin barreras comunicativas.

El patio, las salas y los pasillos del edificio se llenan además de intervenciones colectivas y pequeños dispositivos creativos que obligan a cambiar el paso: desde composiciones de collage hasta murales colaborativos, pasando por estaciones donde el público puede dejar mensajes, dibujos o fragmentos de historias. El edificio se convierte, durante esos días, en una suerte de libro tridimensional en constante reescritura.

Propuestas para todas las edades: de bebés a lectores juveniles y adultos

Uno de los objetivos declarados de Abrapalabra es que nadie se quede fuera por cuestión de edad. La programación se ha diseñado con franjas específicas, pero también con actividades pensadas para disfrutar en familia sin necesidad de separar a pequeños y mayores. De ahí que convivan espectáculos para bebés, talleres para adolescentes y encuentros para adultos interesados en la literatura infantil y juvenil.

Para la primera infancia, se han programado espectáculos dirigidos a bebés de 0 a 3 años, con aforos reducidos y una atención especial al ritmo, la luz y el sonido. Son propuestas delicadas, pensadas para que los más pequeños se aproximen a la palabra y la música de forma suave, y para que las familias tengan un espacio compartido sin prisa ni ruido excesivo.

A medida que sube la edad, surgen laboratorios de lectura, talleres de creación de fanzines, espacios de narración oral en vivo y podcasts grabados ante el público. En estos formatos, los chicos y chicas pueden experimentar con la escritura, la ilustración y la puesta en voz de sus propios relatos, acompañados por profesionales que les ayudan a afinar las ideas y darles forma narrativa.

Para el público juvenil, destaca un bloque centrado en el proceso creativo de la narrativa de género, con la presencia de autores como Juan Gómez-Jurado y Bárbara Montes, que comparten con lectores jóvenes cómo se construyen personajes, tramas y mundos de ficción. También se organizan talleres específicos de ilustración, como el que lidera la estonia Ulla Saar, en el que se invita a diseñar llaves imaginarias y objetos simbólicos que funcionan como puerta de entrada a distintas historias.

El público adulto cuenta con un programa de encuentros, charlas y mesas redondas con autores, editores, libreros y otros profesionales. Estos espacios sirven para reflexionar sobre el estado actual del libro infantil y juvenil en España y Europa, los retos de la mediación lectora o las tendencias en el terreno de la ilustración contemporánea. Para quienes trabajan con niños y jóvenes en escuelas, bibliotecas o proyectos sociales, el festival se convierte también en un laboratorio de ideas y recursos.

«Un autor en la maleta» y la dimensión social del festival

Más allá de La Casa Encendida, Abrapalabra despliega un programa que conecta barrios, escuelas y colectivos vulnerables. Una de las iniciativas más significativas es «Un autor en la maleta», que comenzó a rodar semanas antes del arranque oficial del festival y que sigue activo durante estos días.

El proyecto consiste en una maleta que viaja por colegios de primaria y secundaria, cargada con una selección de siete libros. Esa misma maleta se hace llegar también a centros de mayores y otros recursos comunitarios del mismo distrito, de modo que personas de distintas edades y realidades puedan leer los mismos títulos casi en paralelo.

Entre los libros que forman parte del recorrido aparecen obras como «Pájaro», de Beatriz Martín Vidal, que sirve de base para un intercambio entre internos del centro penitenciario de Soto del Real (Madrid V) y estudiantes de 4º de la ESO del instituto del municipio. A partir de la lectura, se organiza una actividad conjunta para conversar sobre las imágenes, los silencios del libro y las interpretaciones personales que surgen en cada grupo.

También se trabaja con «Ícaro», de Irene Zottola, en un encuentro entre alumnado del Instituto Lope de Vega y personas mayores del club de lectura de Chamberí, con cita en la biblioteca Pérez Galdós del Conde Duque. En este caso, los jóvenes han preparado poemas y reescrituras del mito, mientras que los mayores han elaborado sus propias versiones del relato de Ícaro, generando un diálogo intergeneracional en torno a la caída, el límite y el deseo de ir más allá.

Otro de los títulos que viaja en la maleta es «El hijo del astronauta», de Elena Val, una historia que aborda la ausencia, la separación familiar y la imaginación de un niño que se inventa que su padre es astronauta para darle sentido a lo que no entiende. Esa mezcla de realidad y fantasía encaja perfectamente con el enfoque del festival, que no elude los temas complejos, pero los trabaja desde la delicadeza.

El dispositivo de «Un autor en la maleta» se completa con cartas, dibujos y pequeñas piezas artísticas que se cruzan entre los distintos grupos participantes. El objetivo es que los lectores no se limiten a consumir historias, sino que respondan, dialoguen y se reconozcan en las miradas de otros. Para muchas personas que no suelen acercarse a festivales literarios, esta puede ser la puerta de entrada a la experiencia Abrapalabra.

Talleres, laboratorios y experiencias creativas en colaboración con otras sedes

La segunda edición de Abrapalabra no se queda solo en La Casa Encendida. El festival se amplía a otros espacios culturales de Madrid, como Conde Duque —bajo el paraguas de Contemporánea Condeduque— y Casa San Cristóbal, además de colaborar con iniciativas de ámbito comercial y social que se suman al proyecto.

En Casa San Cristóbal, dependiente también de la Fundación Montemadrid, la ilustradora Elena Hormiga imparte el laboratorio «Todo empieza con una línea», un Mini Lab de creatividad desarrollado con tecnología BIC Kids. La propuesta anima a explorar el trazo, el gesto y la narración visual desde lo más sencillo, partiendo de la idea de que cualquier dibujo, por complejo que parezca, nace de una línea.

En el ámbito de la ilustración, la artista Kitty Crowther propone un taller dedicado a inventar cielos y paisajes imaginarios con niñas y niños, mientras que Marta Conejo se centra en el diseño de dragones inspirados en personajes literarios. Por su parte, el ilustrador y terapeuta polaco Marcin Minor guía una sesión para crear mundos imaginarios a partir de manchas y salpicaduras de color, poniendo el acento en la libertad del gesto y la interpretación.

El festival da también espacio a jóvenes ilustradores de la Escuela Artediez, que organizan minitalleres continuos de collage, plegado y diseño abiertos a todo tipo de públicos. Son actividades pensadas para quienes se acercan sin una idea clara de qué hacer y descubren, casi por casualidad, que pueden construir pequeñas historias con papel, tijeras y pegamento.

Además, Abrapalabra incorpora una serie de experiencias donde palabra, música y cine se entrelazan. Se programa una verbena literaria con música en directo para toda la familia, una sesión musical pensada para niños y niñas y un ciclo de cine dedicado a la animación contemporánea portuguesa, que permite conocer otras formas de contar desde la imagen en movimiento.

En paralelo, se han previsto varios podcasts en vivo que se grabarán con público y se distribuirán posteriormente en plataformas digitales, ampliando así el alcance del festival más allá de quienes pueden asistir en persona. En estos registros en directo participan autores invitados, mediadores de lectura y especialistas en literatura infantil y juvenil, con conversaciones sobre cómo se construyen los catálogos, qué temas preocupan a los jóvenes lectores y cómo se cruzan hoy la oralidad y lo digital.

Participación de librerías y encuentros con autores en otros espacios

Durante los días que dura el festival, La Casa Encendida alberga una librería efímera coordinada por El Corte Inglés, donde se pueden encontrar los títulos de los autores participantes y una cuidada selección de obras infantiles y juveniles. No se trata solo de un punto de venta, sino también de un lugar donde se celebran encuentros con autores, sesiones de narración y pequeños talleres, acercando todavía más los libros a los asistentes.

En este espacio de lectura y compra, las familias pueden hojear los catálogos, pedir recomendaciones y descubrir álbumes ilustrados, cómics, narrativa juvenil y propuestas híbridas que mezclan texto e imagen. Algunas de las actividades están dirigidas a lectores ya habituales, pero otras se centran en quienes están empezando a engancharse a la lectura, con dinámicas sencillas que reducen barreras y miedos.

La colaboración con El Corte Inglés se extiende también a la sala de Ámbito Cultural del centro de Castellana, donde se organiza un taller de creación de personajes con la ilustradora Helena Bonastre. Tomando como referencia su novela ilustrada «Caperucita en Manhattan», la autora propone a chicos y chicas de entre 10 y 12 años inventar personajes propios, trabajar sus rasgos y pensar cómo encajarían en distintas historias. Para asistir es necesario inscribirse previamente, y la sesión combina explicaciones técnicas con momentos de dibujo libre y asesoramiento personalizado.

En conjunto, estas actividades complementarias refuerzan la idea de que el ecosistema del libro infantil y juvenil abarca bibliotecas, escuelas, editoriales, espacios culturales y también comercios. Abrapalabra aprovecha esta red para multiplicar los puntos de encuentro entre creadores y lectores, de manera que el festival se perciba en distintos rincones de la ciudad, no solo en su sede central.

Al cierre de esta segunda edición, Madrid se convierte por unos días en un mapa lleno de libros, talleres, exposiciones y voces que conviven en torno a la infancia y la juventud. Abrapalabra 2025 apuesta por una literatura que se escucha, se mira y se toca, que entra en los colegios y en las cárceles, en las bibliotecas de barrio y en los patios de los centros culturales. El cielo, los mitos, las miniaturas y los laboratorios de lectura funcionan como excusas para hablar de compañía, imaginación y cuidado, reforzando una idea sencilla pero poderosa: cuando las historias se comparten, los territorios que habitamos se vuelven un poco más habitables para todos.

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