Voltaire y la receta mágica contra los chismes

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Como todo el mundo intuye, Voltaire era una persona que frecuentaba compañías de alta alcurnia, y como a nadie se le escapa, en dichos círculos las lenguas de muchos tienen veneno y los chismorreos y las críticas por la espalda eran el pan de cada día para los integrantes de dicha clase social.

Es por ello que a Voltaire le sorprendió (valga la redundancia) la sorpresa del Duque de Roquelaure ante las puyas que se escuchaban en las reuniones acerca de las personas que no estaban presentes y le expresó a su amigo su malestar por ello temiendo que él mismo fuera objeto de burlas cuando no se hallaba presente.

Esto fue lo que dijo el Duque, resignado a tener que saberse el centro de habladurías cuando se ausentaba de los actos sociales:

-Creo que no existe remedio contra esta serie de calumnias que tan a menudo se generan en reuniones y tertulias y a las cuales nadie escapa.

Con toda naturalidad, lleno de lógica y ciertamente con bastante razón, Voltaire dio el remedio perfecto a su amigo para que no recayesen sobre su persona las maledicencias del resto:

-Claro que hay remedio -Le dijo-. En toda reunión sea usted el primero en llegar y el último en marcharse.

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