Ventanas a lo insólito

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Hace dos semanas encontré en el mercado de mi pueblo, apilada como si fuera una vulgar patata, una recopilación de los “caprichos” de Ramón Gómez de la Serna editada por Vergara a principios de los 60. El ejemplar no está demasiado bien conservado: el pobre tiene parte de la cubierta comida por la humedad y algunos túneles de polillas horadan sus páginas, lo cual no hace más que añadir encanto al hallazgo.

Los caprichos son pequeñas narraciones cuya extensión oscila entre las cinco líneas y la página y media, aunque la longitud normal anda en torno a la media página. Es un tipo de texto literario que, desde una perspectiva actual, diríamos que pertenece al género de los microrrelatos. La mayoría tienen su origen en una asociación de ideas ingeniosa y sorprendente que da lugar a un pequeño relato fantástico, maravilloso o insólito, en ocasiones con un toque de humor y/o de absurdo surrealista. Muchas veces tienen cierto aire de gregueria narrativa extensa.

Son “cuadros de fantasía que tienen la particularidad de proyectarse en nosotros en momentos lúcidos, grandes arañas que bajan del cielo claro de las tardes claras, situaciones que se resuelven sin resolverse”, nos explica don Ramón en el prólogo del libro. “Tienen que ser cosas que se le aparezcan a uno, no que uno las haga aparecer”. 

Gómez de la Serna escribió estos caprichos a lo largo de toda su vida literaria, publicándolos en medios diversos. La edición que tengo en mi poder contiene decenas, decenas y decenas de estos relatos, y el balance global post-lectura es bastante bueno. Si bien es cierto que en algunos la idea inesperada que los origina no llega a germinar, la mayor parte de ellos resultan imaginativos e interesantes y hay un gran número que, desde luego, son absolutamente geniales, sorpendentes y sugestivos.

Lo caprichos no son lo más reeditado de la obra de Gómez de la Serna, quien quiera hacerse con ellos puede buscar una edición de la editorial Óptima de 1998 u otra de la editorial Menoscuarto, bajo el título de Disparates y otros caprichos, de 2005. Si no, le queda recurrir a los portales de Internet sobre libros de segunda mano o encomendarse al azar de los mercados y las librerías de viejo.   


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