Sturgeon, Heinlein y el folio en blanco

Sturgeon

En cierta ocasión Theodore Sturgeon dio una conferencia y contó que los autores reconocidos como él también sufrían de vez en cuando, sobre todo en los inicios, el síndrome del miedo al folio en blanco: es decir, bloqueos creativos que impiden comenzar una obra y por tanto desarrollarla.

En dicha conferencia, Sturgeon contó cómo otro grande como Heinlein le ayudó. Esto fue lo que relató el propio Sturgeon en su día:

“Una vez tuve una racha horrible de sequía creativa. Fue una sequía desesperada, y había muchas cosas que dependían de que yo volviera a escribir. Finalmente, le escribí a Bob Heinlein. Le conté mis problemas; que no podía escribir (tal vez porque no tenía ideas en mi cabeza con las que contar una historia). Y no sé cómo lo hizo, pero en su carta de vuelta me envió 26 ideas para una historia. Algunas tenían una página y media de extensión; otras solo eran un renglón o dos. Quiero decir que eran ideas para historias por las que algunos escritores habrían dado su oreja izquierda. Algunas eran simplemente sugerencias; solo pequeñas pistas, cosas que inspirarían a un escritor, como “el fantasma de un gatito recorriendo la eternidad, buscando un regazo familiar donde sentarse”.

Este Heinlein mecánico, recubierto de cromo, tiene un gran corazón. Le había hablado de mis problemas para escribir, pero no le había dicho nada de mis demás contrariedades, sin embargo, junto a la pila de ideas para historias había un cheque por cien dólares, con una nota escrita a mano que decía tengo la sospecha de que tu crédito anda torcido.

Es muy difícil que palabras como gracias puedan servir para un hombre capaz de hacer una cosa así”.

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