Reseña: “La urraca en la nieve”, de F. Javier Plaza

Reseña: "La urraca en la nieve", de F. Javier Plaza

Hace un par de meses os hablé de La urraca en la nieve, la primera novela de  F. Javier Plaza, publicada por Editorial Hades. Hace ya un par de semanas que terminé de leerlo. Y si no me he animado a hacer antes la reseña es porque todavía no me he repuesto del todo de la impresión que ha dejado en mí esta historia.

La urraca en la nieve trascurre a lo largo de 7 días, en el París más artístico de finales del siglo XIX. En esos días conocemos a fondo a Camille, su protagonista, un joven de buena familia que desea convertirse en pintor por encima de todo, pero cuyas obligaciones familiares no se lo ponen fácil. Descubrimos quién es, toda su historia y la de los que le rodean, sus sueños, sus anhelos, sus ambiciones. Pero también sus frustraciones, sus ataduras, sus dudas, sus temores. Plaza se adentra en la mente Camille como pintor, como hombre, como hijo, como amante, como artista, como joven que desea combatir su destino para labrarse el suyo propio, pero que solo lo consigue en parte.

Yo diría que La urraca en la nieve es una novela narrada a modo de memorias. En primera persona, Camille cuenta sus últimos días en París, antes de regresar al hogar familiar, donde tendrá que cumplir con sus obligaciones de hijo mayor, entre ellas, desposar a su prometida.

Sin embargo, lo que al principio parece un diario, poco a poco va adquiriendo esa forma de memorias, cuando se empieza a percibir que se escribe desde el futuro. Y a medida que se toma conciencia de esto, el lector se puede percatar que todos los sueños de Camille pueden quedarse solo en eso, en sueños, entre ellos, regresar de nuevo a París en primavera para exponer junto a los impresionistas en una importante cita pictórica.

Para mí esa duda, esa sensación, se convirtió en pura agonía. Tanto que hice algo que no había hecho en la vida. Dejé de leer el libro a un capítulo del final durante varios días porque no soportaba la pena de descubrir que el final que llevaba anticipándose desde tantas páginas atrás pudiera ocurrir.

Plaza consigue crear un personaje con el que es muy fácil empatizar. A pesar de ser un mujeriego e incluso hipócrita -a la manera que retrata a los hombres de la época, nada raro, por otra parte-, Camille tiene un sueño y lucha por él. Es un producto de su tiempo que quiere salirse del molde, pero sus creencias son consistentes y tiene que luchar contra sí mismo. El deber hacia otros y deberse a sí mismo desencadena en él una lucha mental de la que salen interesantes ideas y reflexiones.

Inspiración parisina

Javier Plaza es un amante de la pintura. El impresionismo es su movimiento pictórico favorito. Y se nota. Es tanta la pasión que se desprende de las páginas de La urraca en la nieve cuando se describe algún cuadro o alguna escena que alguno de los personajes piensa en pintar que incluso llegué a preguntarle al autor del libro si realmente esas pinturas existían.

Pero no. Salvo el cuadro La urraca en la nieve de Monet, pocos son los cuadros reales que se mencionan en la novela. Javier me dijo que él habla de esos hipotéticos cuadros pensando en lo que “podría encontrar interesante para su trabajo un pintor”, y que trataba de meterse en su cabe como le ocurre a él cuando  le ocurre algo o ve algo y piensa “que podría dar para un texto escrito”.

Me gustó un detalle que me comentó respecto al personaje de Camille que, aunque no está inspirado en ningún personaje real, Plaza le dio ese nombre en homenaje a Camille Pisarro, uno de sus pintores favoritos. De hecho, el lienzo favorito de Plaza es precisamente de Pissarro, Boulevard de Montmartre al atardecer. Y es precisamente en Montmartre donde se desarrolla la historia principal.

Otra curiosidad digna de mención es la inspiración de otros de los personajes del libro, Yves y Victor, pintores importantes de los que se hace amigo Camille y que le descubren el impresionismo. Plaza que contó que Yves está inspirado en Toulousse Lautrec, aunque la vida del pintor, especialmente en sus últimos años fue bastante degradada y dramática, y le quitó cualquier rastro de tragedia del personaje de Yves para que fuera alegre. Victor tiene rasgos de Pisarro.

Estos dos personajes acompañan a Camille para representar las dos personalidades antagónicas del artista.  Yves es el artista bohemio y ausente de su tiempo que vive tan solo para la pintura y la noche. Y Víctor es el artista sereno, familiar y con preocupaciones sociales.

El cuerpo pasa y la gloria queda

Esta frase se la dice Yves a Camille. La duda sobre si Camille logrará a o no hacer realidad su sueño ya es más que evidente cuando Yves pronuncia estas palabras. Aunque la frase la suelta el pintor como el que no quiere la cosa, entre bromas y burlas, la verdad es que la idea es realmente profunda.

Cuando me encontré esta frase es cuando realmente tomé conciencia de la tragedia que se avecinaba: la diferencia entre pasar por la vida y morir, o vivir y permanecer en el recuerdo para siempre. Recordaré este libro por muchas cosas, pero sé que esta idea me acompañará siempre.

Hay mucho motivos por los que merece la pena leer La urraca en la nieve, pero si tuviera que elegir solo uno, sin duda sería vivir esta frase.

 


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