Reseña: El dios de las pequeñas cosas, de Arundhati Roy

El dios de las pequeñas cosas-Frontal

Si tuviera que elegir un libro me quedaría con este, el cual he releído en más de una ocasión y siempre consigue hacerme sentir cosas diferentes. ¿Los motivos? La India, unas metáforas que nunca sobran, una historia sencilla pero llena de matices y unos personajes trágicos, atormentados en mitad del paraíso. Hoy traigo la reseña de El dios de las pequeñas cosas de Arundathi Roy, el particular 100 años de soledad de la India.

 

En un pueblo de la India. . .

Kerala, estado de la India donde se ambienta la novela.

Kerala, estado de la India donde se ambienta la novela.

El dios de las pequeñas cosas se ambienta en el pueblo de Ayemenem, no lejos de la ciudad de Kottayam, en el estado de Kerala, al sur de la India. Un lugar al que podemos contar como un protagonista más de la historia ya que, como bien reza el título de la novela, esas pequeñas cosas que nacen en este lugar conforman el modo de pensar, la evolución e incluso el destino de sus protagonistas.

La novela arranca en el año 1993, momento en el que Rahel, de 31 años, regresa al pueblo para reencontrarse con su hermana gemela, Estha. A partir de entonces, la historia se remonta a 1969, año en que su vida cambió para siempre, y también la de su familia, una saga sirio-ortodoxa alojada en Kerala. La novela viaja constantemente en el tiempo para narrarnos la vida de Pappachi y Mammachi, los dos abuelos, él entomólogo y ella motor principal de la empresa Coservas y Encurtidos Paraíso.

Poco después asistimos a la historia de sus hijos, Ammu, mujer maltratada que regresa a casa de sus padres con sus dos hijos – Rahel y Estha -, y Chacko, hermano que tras estudiar en Oxford se casó con una mujer inglesa, Margaret, con quien tuvo a su hija Sophie Moll.

Moll es el personaje clave de la novela, ya que será durante su visita a la tierra de su padre cuando su relación con Rahel y Estha desemboque en un dramático episodio junto al que parecen fundirse los asuntos pendientes, desgracias y anhelos del resto de la familia.

 

Crónicas de un paraíso convulso

El dios de las pequeñas cosas se alimenta de un cierto realismo mágico que la autora siempre ha rechazado pero cuya presencia es obvia a lo largo de la novela. Sus descripciones y metáforas perfilan nuevas sensaciones que tan sólo la contemplación puede captar, y con ella, la fantasía de un mundo que no parece consciente de esas pequeñas cosas.

Aunque las metáforas suelan frenar el ritmo de la historia, en esta novela lo propulsan, acompañan el tratamiento de los personajes y lo vuelven único, pudiendo adentrarnos aún más en sus vivencias, en esa Ammu que vive con un hombre oscuro en sus entrañas, en ese Pappachi en cuyo corazón aún aletea una mariposa. . . todos y cada uno de los personajes parecen danzar con ese poder narrativo que no sólo se adentra en los personajes, sino también en el entorno de un paraíso convulso como es Kerala, cuyas marismas han sido conquistadas por el turismo, donde la noche se apoya en los codos y es testigo de los amores furtivos los cuervos negros que se dan atracones de lustrosos mangos. Todo se convierte en una delicia no apta, eso sí, para todos los paladares.

A medida que la novela avanza, especialmente durante el último tercio del libro, todas “esas pequeñas cosas” se vuelven más importantes, y lo que comenzó siendo una contemplación se convierte en una experiencia diferente, en un suspense que, al igual que a esos niños, nos arrastra por las marismas hacia una resolución final cuyas consecuencias no serán agradables para todos.

 

Una autora concienciada

La autora de El dios de las pequeñas cosas, Arundhati Roy, concibió esta novela tras cuatro años de trabajo, si bien aseguró en alguna otra ocasión que había tardado toda su vida en escribirla. La autora, nacida en Kerala y perteneciente a una familia sirio-cristiana, creció en ese paraíso surcado por marismas y observado por ojos de cocotero, el mismo que se vería perturbado por el comunismo o el sistema de castas, división social que condiciona a uno u otros habitantes de la India en función a su descendencia y, por ende, su papel en la sociedad.

Finalizada en 1996 y publicada en 1997, El dios de las pequeñas cosas fue todo un éxito de ventas, especialmente tras serle otorgado a la escritora el Premio Bookers en el mismo año. Esta es la única novela de Roy, guionista, escritora y activista de un subcontinente indio cuyas injusticias lleva defendiendo durante las últimas décadas.

 

Esta reseña de El dios de las pequeñas cosas de Arundhati Roy trata de resumir la esencia de uno de los libros más recomendables de la literatura india contemporánea. Influenciada por James Joyce, Salman Rushdie o incluso diríamos que algunos autores latinoamericanos como Gabriel García Márquez, Roy  nos transporta a través de ese sur de la India en el que viejos rencores, nuevos cambios y un destino irreversible se únen bajo esas noches claras y apáticas para ofrecernos todo un festín para los sentidos.


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Alberto Piernas

Amante de la literatura exótica (Arundhati Roy, Thiong'o, Gabo) y escritor de viajes y literatura. Como autor de ficción he publicado Cuentos de... Ver perfil ›

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