Relato Tardío

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Nunca me ha gustado combinar mis relatos con otros contenidos, lo admito. Aún así, siempre queda el gusanillo de saber qué tal luce una de tus pequeñas creaciones entre todos vosotros, esos lectores que nos acompañáis día tras días en Actualidad Literatura.

Es por ello que, finalmente, me he decido, y aunque no creo que esto sirva de precedente sí me gustaría compartir con vosotros uno de mis relatos, en este caso, escrito hace una semanas y titulado Tardío, como mi tendencia a mostrar cierto material en lugares apropiados.

Relato “Tardío”

Tardío

Santiago Pinto no sabía cómo había terminado allí. Recordaba haber dejado a su enferma madre encamada, junto al bastón que siempre se negó a abandonar como aliado tras la huida de su marido. Volvía a intentar recordar. Había llegado un viejo compañero de infancia que le empujó al exterior con la excusa de rememorar los tiempos de la escuela. “Tu madre duerme, no se enterará”. Después vinieron los tequilas, muchas miradas, un perfume.

Frente a él, la mujer que llegó de la República Papaya extendía su piernas sobre la cama de una habitación del barrio pescador. Su piel compartía el color de las arenas movedizas que atraían el sur dormido de Santiago, quien, inevitablemente, se veía empujado hacia los páramos andinos y la almohada formada por la negra melena en la que debía vivir un guacamayo. Todo le daba vueltas, aunque el huracán imprevisto le había vuelto decidido por primera vez en treinta y tres años. Se incorporó hacia el volcán sin vacilar, impulsado por el alcohol que buscaba nuevos sabores; Así debía ser la incursión de Santiago en el mundo tras tantos años de cautiverio. La prostituta nunca revelaba su nombre, pues prefería hacerles pensar que ellos tenían el control y ella era un mero instrumento, cuando en realidad actuaba como una maestra demasiado distante como para ser reconocida, curtida por la savia y la selva, acrecentada por los placeres negados de aquellos hombres tristes.

Para cuando alcanzó sus entrañas, la memoria de Santiago escupió un recuerdo en el que su madre le golpeaba con un bastón, haciéndole pagar por el abandono del único hombre amado. Un maltrato que se vería perpetuado por una esclavitud inevitable por parte del hijo. De repente, el recuerdo de Santiago se desvaneció, dando paso a un cielo azul que nunca antes había sobrevolado los oscuros manglares de su mente. Luego sintió frutas tropicales estrujadas sobre su nuca y las olas de un mar esculpido en zafiros devorando la cama, el recuerdo de personas que nunca conoció, el placer como una nube elástica que podía ser estirada durante mucho más tiempo. Sus pupilas golpeaban el techo de los ojos, eclipsados por el drenaje de los pesares contenidos.

Cuanto tiempo había tardado en salir al mundo, pensó Santiago minutos después, arrodillado sobre una cama mojada de lágrimas y sudor, con la espalda salpicada por la fruta que una ninfa del trópico devoraba satisfecha.

El relato Tardío fue escrito hace unas semanas y trata de contar la historia de un hombre reprimido durante gran parte de su vida. Espero que, al menos, ninguno de nosotros tengamos que llegar a aguardar tanto para ser algo más libres.

Espero que os haya gustado este relato y gracias por leer.

¡Feliz viernes!

¿Os animáis también a compartir alguna de vuestras creaciones?


4 comentarios

  1.   Antonio Julio Rosselló. dijo

    Me gustó mucho el cuento. Pobre Santigo que alcanzó tan tarde la libertd, prisioneo de una madre abandonada,
    La libertad, es el don más preciado que puede tener el ser humano. Asi piensa un cubano que vive en el exilio. En los cuentos que escribo siempre esta implícita.

    1.    Alberto Piernas dijo

      Muchas gracias Antonio! Sería genial poder leer alguno de esos relatos o incluso que pudieras compartirlos con nosotros 🙂 Amo Cuba y quiero ir el año que viene.

  2.   Willy dijo

    Excelente relato, muy sintetizado y atado a una realidad existencial. Un abrazo desde la más pequeña de las Antillas Mayores.

    1.    Alberto Piernas dijo

      Muchas gracias por tu comentario Willy. ¡Un saludo!

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