Autobiografía de Phil Collins: “Aún no estoy muerto”

Phil Collins. Autobiografía

Phil Collins. Autobiografía

«Tal vez seas un admirador o tal vez te pique la curiosidad sobre ese pesado que no dejaba de salir en las listas de grandes éxitos hace unos treinta años. En cualquier caso, te doy la bienvenida». Eso pone en la contraportada de esta autobiografía de 452 páginas que Phil Collins, el mítico batería y cantante británico (1951), acaba de publicar. Está a la venta desde el pasado 20 de octubre.

Así que sus admiradores más incondicionales (entre los que me cuento desde hace esos treinta años) estamos de enhorabuena. Quienes podemos dar fe de la emoción de su arte en directo -inolvidable concierto el que vi en Las Ventas en 1994-, siempre pondremos esa música por encima de cualquier claroscuro en su vida. Todos los tenemos. Y este artículo quisiera dedicárselo a una amiga, quizás de esas fans más devotas. Va por ti, Marijose.

El mercado está repleto de biografía y autobiografías de músicos. Ahora lo rompe Bruce Springsteen y atención a los que van a inundar las estanterías con el óbito de Leonard Cohen. Pero el que aún sigue vivo, y así lo quiere recalcar en el título, es Phil Collins. Que sea por muchos años.

Aún no estoy muerto se describe como una crónica donde el músico pone las cartas sobre la mesa y habla sin pelos en la lengua de canciones, conciertos, éxitos y fracasos. También de su vida personal: sus tres matrimonios, sus hijos, sus divorcios, sus problemas de salud y con el alcohol en estos últimos años… En fin, todo lo que ha rodeado a una vida tan llena de éxitos y reconocimiento como posiblemente alejada de una verdadera existencia.

Lo curioso de aquella mi adolescencia de escuchar y adorar, con las hormonas disparadas, a Duran Duran o Spandau Ballet, es que se coló sin reparos este músico pequeñete, poquilla cosa en general y de voz peculiar. Garbancito lo llama ahora una amiga… Nada que ver con el ángel rubio que era Simon Le Bon o la elegantísima voz y planta de Tony Hadley. Además, tocaba también la batería, con lo escondidos que andan siempre los pobres entre tantos dioses guitarreros y divos al micrófono.

Así que algo debió -y debe- de tener Collins para que entonces y ahora ya se haya convertido en uno de los artistas más sobresalientes del siglo XX. Es uno de los pocos músicos que ha vendido más de cien millones de discos. Lo ha hecho tanto como integrante de un grupo como en una carrera en solitario. Ha ganado Grammys, Globos de Oro y un Oscar en 1999 a Mejor Canción, de la banda sonora de Tarzan con todos los temas suyos. Pero son incontables sus aportaciones a más bandas sonoras, colaboraciones con los mejores músicos del mundo (Eric Clapton, Sting, Mark Knophler, David Crosby…).

Empezó a tocar la batería desde que le regalaron un tambor casi antes de saber andar. Admiraba profundamente a Ringo Starr y el Londres de explosión cultural de los 60 era el mejor sitio para aprender el oficio. Y lo hizo bien porque a los 19 años consiguió llegar hasta él a través de un George Harrison que lo puso al mando de la percusión para un recopilatorio de temas de los Beatles.

Después, un anuncio donde buscaban a “un batería sensible a la música acústica” y se le abrían las puertas para ponerle el corazón del ritmo a Genesis. Le tomó el relevo al cantante Peter Gabriel cuando este dejó la también ya mítica formación y simplemente nadie echó de menos a Gabriel. Y después todo el éxito del mundo.

Por el camino se ha dejado esos tres matrimonios y casi la vida. Las cosas se le empezaron a torcer cuando cambió la batería por el micrófono. Abandonó Genesis en 1996, pero ya no volvió a ser lo mismo. Con los años, el uso de esteroides, problemas en las vértebras, los codos con los nervios triturados y, mucho más tarde, el 60 % de la audición perdida. Y es que más de medio siglo tocando la batería se pagan. Para colmo, y también a última hora, el alcohol.

Pero alguien que ha conseguido tanto y casi lo ha perdido no puede dejarse vencer. Y para eso lo mejor es contarlo, anunciar nuevo trabajo y volver a los escenarios. Además, ha pasado las baquetas a quien mejor podía: su hijo adolescente Nicholas, de 16 años, que sin duda lleva la sangre de su padre. Sus conciertos del próximo verano ya están vendidos, pero tal vez estéis a tiempo para verlo. Y si no, ahí está esta autobiografía. Yo pienso disfrutarla y no dejar de escuchar esta canción de canciones.


2 comentarios

  1.   Nurilau dijo

    Mariola has hablado de músicos muy grandes en este maravilloso artículo. Gracias por ese recorrido por la senda de Mr. Collins, desconocía tantas vivencias, y gracias por hacer mención a uno de los más grandes cantantes de los 80, desde mi modesta opinión, que hoy en día me sigue enamorando : Tony Hadley. Ay,esos divino SPANDAU.

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