Perfección comprimida

Pensar que García Marquez pudo ocupar espacios y rincones en los que a tú has podido pasar momentos de quieta soledad, cuando la relación esta entre el yo y el espacio sin diálogos que despinten la anécdota es para un fiel del autor como para un adolescente pasar una noche con su ídolo de la tele.

Comparativas aparte, quiero centrarme en esta pequeña obra de relatos o cuentos que una vez leidos palpas que son muchos más extensos en lo que no se dice y en lo que queda en silencio que en lo relatado como casi siempre pasa con el creador de Macondo, las historias estan llenas de tintes autobiográficos y alusiones a rincones descubiertos por él como las Ramblas de Barcelona ( de ahí mi efusividad del inicio)o mencione a personajes tan increíbles como Pablo Neruda.

Estos “Doce cuentos peregrinos” ( Disponoble en edición de bolsillo por Plaza y Janés) rezuman magía casi infantil, retratos oníricos y aunque no haya una relación directa en lo que se cuenta en cada uno de ellos se imagina ese fino hilo invisible con el que García Marzquez los enlaza para que compartan misticismo y estilo único.El mismo los vende así de bien:

” Reescribí todos los cuentos otra vez desde el principio en ocho meses febriles en los que no necesité preguntarme dónde terminaba la vida y dónde empezaba la imaginación, porque me ayudaba la sospecha de que quizás no fuera cierto nada de lo vivido veinte años antes en Europa. La escritura se me hizo entonces tan fluida que a ratos me sentía escribiendo por el puro placer de narrar (….).Creo haber logrado así el libro de cuentos más próximo al que siempre quise escribir.”


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